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Brújula

Anatomía de un estado desintegrado
Fecha de Publicación: 14/06/2015
Tema: Guatemala

El estado crítico por el que atraviesa la institucionalidad de nuestro país, y que hoy afecta a la totalidad del organismo gubernamental, vino a ser el brusco e inesperado despertar que por fin logró sacudir la apatía ciudadana.
 
Guatemala viene siendo minada desde adentro, y desde años atrás, por los órganos mismos cuya función primordial y sagrado deber, es darle vitalidad, mantenerla saludable, oxigenada. Ahora, que ya tenemos el “diagnóstico”, los ciudadanos conocemos el estado de gravedad en que se encuentra nuestra nación. Pero también sabemos que la ciudadanía cobró plena conciencia del dulce sabor que su voz aunada puede tener.
 
Sabemos que de no involucrarnos en su recuperación Guatemala perdería la partida y sus hijos no seríamos más que parias; seres privados de derechos en nuestro propio territorio. Sabemos que se llegó al punto de inflexión y que no hay marcha atrás.
 
El estado crítico que vivimos acá, trae a la memoria el libro Anatomy of an Illness (As Perceived by the Patient) en el cual, Norman Cousins, desde su íntimo punto de vista como paciente, dejara testimonio de su experiencia.
 
 

Cousins, de nacionalidad estadounidense, fue un connotado periodista político, así como un reconocido autor y profesor, que abogó por la paz mundial. Fue un hombre muy influyente. http://medhum.med.nyu.edu/view/1700

 

 
En dicho libro, el autor relata el temible encuentro con una enfermedad, nada frecuente, en la que el tejido conectivo de su organismo se estaba desmoronando. Los órganos de su cuerpo se desligaban unos de otros y su organismo se desintegraba. Sus probabilidades de sobrevivir eran casi nulas.
 
Ante la gravedad del pronóstico, Cousins, razonó que, frente a tan escasas posibilidades de sobrevivir, nadie estaría más interesado que él mismo en salvar su vida. Decidió tomar el control del mando y hacerse cargo de su propio tratamiento. Utilizando un protocolo totalmente fuera de lo convencional, piloteado por él mismo, logró recuperar la salud y salvar su vida.
 
Encuentro gran parecido entre la afección mortal que atacara el organismo de Cousins y el mal que hoy carcome las debilitadas entrañas del Estado de Guatemala. Todos los órganos de los tres poderes perdieronsu tejido adhesivo. Todas sus institucionesse desintegraron, se aislaron unas de otras; ninguna quiere cercanía de tipo alguno con las demás. Aunque la inmensamente descomunal mayoría esté más sucia y contaminada que las aguas del lago de Amatitlán, todas quieren presumir de transparencia, de ser inmaculadas, impolutas e incorruptibles.
 
Los guatemaltecos estamos conscientes de que ninguno de los tres poderes del estado funciona dentro de parámetros medianamente normales de legalidad. Ni el Ejecutivo ni el Judicial ni el Legislativo. Todos han sucumbido a las “tentaciones” de los “bisnes” y han sido cooptados por estructuras que se manejan bajo la sombra siniestra de poderes ocultos. Y aún bajo estas circunstancias, de manera inexplicable el país, tambaleante, funciona como por inercia.
 
Muy a pesar de que esas estructuras criminales, cual alimañas, vienen arrastrándose y trepando espacios de poder desde muchos años atrás. No obstante que también figuraron y cogobernaron con gobiernos anteriores. Sin embargo, quienes podemos ver hacia atrás en el tiempo coincidimos con que, hasta donde alcanza la memoria para recordar, el actual resquebrajamiento institucional no tiene precedente en la historia nuestro país.
 
Pareciera ser que ninguno se salva, excepto por unos pocos nombres honestos que siguen sosteniendo la peña, a sabiendas que ellos mismos, sin ser "hombres del presidente", sin participar de los beneficios de la corrupción, por el simple hecho de estar allí, ante la opinión pública quedan salpicados. A sabiendas que el organismo ya no puede sostenerse de pie; que no va a parte alguna, que dejó de funcionar; que no tiene aliento, siguen allí en ejemplar conducta.
 
En los tres Organismos del Estado y aún en los gobiernos municipales hay una enorme pérdida de credibilidad. Después de lo revelado por la CICIG y el MP, la ciudadanía tomó la sartén por el mango. Nadie pudo prever la reacción iracunda de los guatemaltecos. Ningún pronóstico supo medir la furia contenida que, como olla de presión, venía bullendo en los ánimos reprimidos de una nación burlada, pisoteada, abusada y herida al extremo por gobernantes inescrupulosos, amorales, viles y ruines. Traidores y estafadores de la fe pública que les fuera conferida en los votos.
 
Si bien Norman Cousins logró salvar su vida, el gobierno actual no correrá con la misma suerte. Al PP no lo salva ni “San” Tío Sam. Hoy, Otto Pérez ha sido reducido al penoso papel de títere cuyos hilos son movidos desde Washington y el edificio de la CIG, donde se reúne el CACIF. ¿A petición de quién resulta el Embajador Robins encaramado en el podio presidencial?
 
Y los guatemaltecos ¿Qué? ¿En dónde queda nuestra soberanía? ¿Nuestra dignidad? ¿En dónde quedan refundidas nuestras voces de protesta? ¿Nuestros legítimos derechos a exigir cuentas cabales de nuestros gobernantes? Guatemala es cosa nuestra, únicamente de los guatemaltecos, de nadie más. Pertenece a los ciudadanos guatemaltecos que no cesaremos de velar por el saneamiento de nuestras instituciones.
 
Guatemala, tal como Norman Cousins, podrá sanarse sí y solo si, los ciudadanos guatemaltecos, en lo individual, no como grupos que representan intereses gremiales particulares, sin intromisión foránea alguna, con amplio sentido de patriotismo, asumimos la responsabilidad de conducir la recuperación de las instituciones del país.
 
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