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Teorema

Carta al Embajador
Fecha de Publicación: 06/06/2015
Tema: Guatemala


Carta abierta, dirigida a Todd D. Robinson, Embajador de los Estados Unidos en Guatemala.

 
Señor Embajador,
 
Como es de su conocimiento, los anteriores días sábado, 25 de abril, 16 y 30 de mayo hubo sendas manifestaciones masivas en el Parque Centenario y también en varias ciudades del interior. A lo largo y ancho del país, los guatemaltecos expresaron su repudio hacia la corrupción dentro de la administración pública. Un rechazo contenido muchos años. El añejo problema de la podredumbre dentro del Estado, esta vez hizo a funcionarios y políticos merecer el desprecio popular.
 
Las manifestaciones, se desarrollaron dentro de un marco de civismo con la mayor altura. Posiblemente fuimos nosotros, los guatemaltecos, los principales sorprendidos. En la primera de ellas algunos ciudadanos se dieron a la tarea, incluso de limpiar parte de la poca basura generada por esa enorme cantidad de personas. Nos sentimos muy orgullosos de nosotros mismos, de ser los guatemaltecos que siempre quisimos ser.
 
Me permito un relato: El mes pasado, una pareja, ya mayor, viajó por varias ciudades de Europa. Estando en un pequeño restaurante de Viena, una persona de la mesa vecina los escuchó hablar y les preguntó en buen castellano, si venían de Guatemala. Un poco intimidados, respondieron que sí. Este lo anunció y varias personas se acercaron a preguntar por lo que había sucedido aquí. Recibieron felicitaciones.
 
También supe que en las redes sociales de Honduras y El Salvador circularon mensajes diciendo que debían importar huevos de Guatemala. Y no se referían a la industria avícola, precisamente. Cosas pequeñas, aisladas posiblemente, pero que causan un sentimiento de orgullo, contrario a lo que hemos tenido que vivir. Ha sido causa de vergüenza nacional las veces cuando el país que usted representa, emitió un Travel Warning en contra del nuestro. ¿Comprende usted ahora la importancia de esas manifestaciones, Embajador?
 
Algunos periodistas de opinión y presentadores de televisión necesariamente cercanos a su Embajada, parecen disfrutar quitándonos el dulce sabor de sentir que hemos hecho algo bien y triunfante. Nos aseguran que la renuncia de la señora Baldetti no fue consecuencia de las manifestaciones sino de presiones ejercidas por usted y algunos empresarios. Han dicho que nuestro manifiesto fervor cívico no ha servido de nada.
 
Ahora, cuando algunos ciudadanos exigimos la renuncia del Presidente Pérez, sonrientes nos informan que ese contubernio diplomático empresarial ha decidido en contrario: que Pérez debe concluir su mandato. Que la expresa y manifiesta expresión popular no vale, que no cuenta para nada. Que las decisiones de Estado se toman en La Embajada.
 
Algunos entendemos la doble posición de los empresarios. Por un lado, como guatemaltecos, muchos de ellos apoyan las manifestaciones y participan en ellas. Pero como empresarios temen que la convulsión social pueda conducir a un gobierno revolucionario indeseado, uno capaz de poner en riesgo sus inversiones o sus mercados. Lo que no logramos entender es la posición de su gobierno. ¿Cuál es el afán de intervenir en nuestro país? ¿Acaso no le basta con la antipatía que ya despierta en la inmensa mayoría de naciones?
 
Usted, Embajador, aprovechando la quejumbrosa situación de nuestro gobernante, lo ha humillado frente al pueblo que en mal momento lo elegimos. Es muy cierto que si lo ha hecho es porque él lo ha permitido. Pero debiera comprender que si nosotros, los guatemaltecos, pedimos a Otto Pérez Molina que renuncie a su cargo y sea sometido a la justicia, si razonamos tal exigencia acusándolo de crímenes contra la nación y el Estado, eso es cosa nuestra.
 
Son actos internos de los ciudadanos de este país, que de ninguna manera lo facultan a usted, Embajador, para avasallar a nuestro indigno presidente, porque al hacerlo nos ultraja a todos. ¿Cómo explicar la dualidad de humillarlo y simultáneamente apoyar su permanencia en el cargo? Pareciera un juego sádico, de esos que se tornan peligrosos.
 
Ahora, las manifestaciones posiblemente dejen de ser lo que fueron. El bloqueo de carreteras de ayer fue un acto violento, antisocial e ilícito... Uno que nos lleva de regreso a ese pasado ignominioso del que quisimos salir, uno que da la pauta de lo que podría venir.
 
La consecuencia inmediata posiblemente sea que muchos de aquellos ciudadanos que enfrentaron la lluvia para solicitar la renuncia del presidente ya no lo hagan el sábado 13. Acaso, al advertir que las manifestaciones son menos numerosas usted considere que su mediación para mantener a Pérez en el poder fue exitosa. Pero la realidad es otra, la conducta de los asistentes muy probablemente ya no será lo respetuosa que fue. En las primeras se trataba de individuos que asistían a título personal, en representación de sí y de un pueblo que es noble.
 
Las que siguen podrían ser diferentes. Ahora existirá la posibilidad de daños a la propiedad privada y a los edificios e instalaciones públicas. Podría haber heridos… Los reclamantes dejarían de ser personas indignadas por la corrupción para convertirse en grupos que hacen llegar sus propias agendas y antiguas consignas. Las manifestaciones se convertirán en una expresión de frases trilladas, doquier habrá fotografías del Che, camisas y banderas rojas…
 
Los guatemaltecos que manifestaron el mes pasado, posiblemente no olviden su ofensiva participación, ni la imperdonable intromisión de su país en algo que era muy nuestro. No, no olvidaremos ni podremos perdonar que el gobierno de los Estados Unidos de Norteamérica haya destrozado nuestro anhelo de ser mejores y emerger hacia el desarrollo, nuestra posibilidad de contar con gobiernos dignos y honrados.
 
Posiblemente usted piense que ganó, pero no es así, se equivoca. Allí estarán, como premio, los manifestantes de junio, muchos de los cuales serán tan violentos como sus dirigentes. No se sorprenda si terminan llevando su manifestación a La Reforma y ya frente a su embajada ellos quemen la bandera de su país.
 
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SOBRE EL AUTOR
J, Fernando García Molina
      José Fernando García Molina Guatemalteco, 67 años, casado, dos hijos, ingeniero, economista. Tiene una licenciatura en ingeniería eléct
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