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Brújula

Danza con Schaller
Fecha de Publicación: 22/05/2015
Tema: Legislación

 

El pasado lunes 11 de mayo, François Schaller publicó en el diario L’AGEF de Ginebra un artículo que tituló El caso Sperisen sentará un precedente. Lo traduje al castellano y fue publicado en Pi cuatro días después. De su escrito se desprende la incomodidad que algunos suizos, tan solo un día antes de que fuera confirmada la condena de Erwin Sperisen, empezaban a sentir en torno al juicio.
 
Schaller, con genuino candor, confiesa que en Suiza no están familiarizados con la forma como se estaba aplicando la justicia en el caso Sperisen. Dice que esa forma pareciera estar alejada de lo usual. 
 
Y es que el autor, además de plantear serias reflexiones sobre la forma poco convencional y peculiar como fue llevado el juicio, plantea interrogantes que no debieran quedar simplemente flotando en el aire; sin respuesta.
 
En otras palabras, las mías, él plantea: ¿A cuenta de qué resulta un tribunal suizo tratando de visualizar y contextualizar lo ocurrido, nueve años atrás, en una prisión controlada por sus propios reclusos en Guatemala? ¿Cómo podían los suizos, que poco o nada saben de nosotros, meterse en los zapatos de una población acosada por crímenes que diariamente y desde la cárcel, cometían los “privados de libertad”?
 
¿Cómo puede un jurado suizo comprender la angustia y la zozobra que la totalidad de una población intimidada estaba obligada a padecer día a día?  ¿Cómo podría hacerse una imagen de la ingobernabilidad y la criminalidad que reinaba en el país?
 
Los suizos, el Tribunal de Ginebra ¿Acaso saben que toda la ciudadanía honrada celebró con júbilo el rescate de Pavón? ¿Son capaces de entender que los guatemaltecos, nueve años después, aún recordamos el alivio general compartido al saber que el tenebroso territorio del crimen, que por años mantuviera hincada a la población, estuviera nuevamente bajo el control de las autoridades del estado,  ¡Como lo está en todas partes del mundo y como debió haberlo estado siempre acá!
 
Los suizos, el Tribunal de Ginebra ¿Acaso saben que toda la ciudadanía honrada celebró con júbilo el rescate de Pavón? ¿Son capaces de entender que los guatemaltecos, nueve años después, aún recordamos el alivio general saboreado aquella mañana? Conocimos por medio de la prensa que el tenebroso territorio del crimen, que por años mantuviera hincada a la población, estaba nuevamente bajo el control de las autoridades del estado. Aquello nos hizo aplaudir a los funcionarios que lo habían llevado a término. Entendimos que a partir de ese momento Guatemala tenía un reclusorio bajo su control. ¡Tal como sucede en todas las partes civilizadas del mundo y como debió ser siempre en nuestro país!
 
¿Saben los jueces suizos que a raíz de esa exitosa operación el gobierno de Guatemala recibió múltiples felicitaciones de misiones diplomáticas?  ¿Están enterados de que, desde un principio y a solicitud del vicepresidente Stein, el rescate de Pavón fue planificado con el pleno conocimiento y aval de la Organización de las Naciones Unidas ––ONU?
 
Si, como se insistiera en esta vergonzosa versión de “juicio”, las autoridades de entonces hubiesen tenido la menor intención de ejecutar a los reos ¿Por qué habrían consultado con la ONU previo a la operación de rescate? ¿Por qué habrían invitado a la prensa nacional e internacional a estar presente?
 
Los juzgadores suizos ¿acaso conocen las credenciales de honradez y de honestidad que respaldaba el honor de las autoridades que entonces estaban a cargo del Ministerio de Gobernación, de la Policía Nacional, de la Dirección del Sistema Penitenciario? ¿Se han tomado el trabajo de leer sus intachables hojas de vida? ¡No se trata de ni de asesinos ni de delincuentes! ¡Se trata de personas dignas y honorables!
 
Afirma el señor Schaller que Guatemala “es uno de los Estados más violentos de la América Latina y que ha sido minado por el bandolerismo y las mafias”. Lamentablemente para nosotros, se queda corto, porque omite mencionar el azote del narcotráfico, y la corrupción manejada desde los más altos niveles del Estado. Siendo así ¿por qué el tribunal suizo desestimó el estado paupérrimo en que estaban la justicia y la seguridad a la salida del gobierno de Alfonso Portillo?
 
¿Olvidaron, acaso, que fue el gobierno dirigido por Oscar Berger y Eduardo Stein el que abriera las puertas de nuestro país y diera la bienvenida a la Comisión de Naciones Unidas, CICIG? Un gobierno que, dicho sea de paso, estaba ansioso por recuperar el orden y por restaurar las instituciones de justicia en Guatemala. Repito: ¡de Justicia!
 
Acierta, Schaller, al decir que: “Erwin Sperisen fue juzgado en Ginebra por hechos imposibles de establecer directamente e imposibles de interpretar correctamente. La justicia ginebrina no puede investigar ni ponerse en su lugar” Y aún va más lejos al aseverar que “en circunstancias normales, los dos testimonios de cargo habrían sido invalidados de inmediato”.
 
“El juicio Sperisen, sobre todo, da una idea del rumbo que llevan las iniciativas populares. El (rumbo) lanzado por las oenegés a las multinacionales “responsables”, en un ámbito que es totalmente distinto del legal. En el que la recolección de firmas es práctica que ya estará por comenzar en estos días”
 
De estas palabras de Schaller, interpreto que, adicionalmente a que este juicio se condujera dentro de un ámbito distinto al legal, la presión de las oenegés acostumbradas a promover la agitación social, logró que un caso netamente jurídico, fuera politizado.
 
Erwin Sperisen, lejos de haber sido juzgado con imparcialidad en un país que se vanagloria de su sistema de justicia, más parece haber sido linchado, atado de pies y manos, por consignas de turbas ideologizadas internacionales. Sin que se le permitiera ejercer el derecho a la legítima defensa que corresponde a todo ser humano.
 
Agradezco al señor Schaller haber escrito este artículo que motivó mi comentario a sus serios cuestionamientos. Ojalá que muchos otros conciudadanos suizos, que como él son celosos de su sistema de justicia, reconozcan públicamente en los medios de comunicación, los innumerables vicios que plagaron este proceso.
 

 

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