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Lectura Recomendada

Tina Rosenberg: La TV en América Latina
Fecha de Publicación: 18/05/2015
Tema: Prensa


El 7 de mayo de 2001, Tina Rosenberg publicó en el New York Times un artículo que tituló The Monochromatic Media of Latin America. El artículo se basa en la situación de los medios televisados de Guatemala de aquel momento, mismos que hoy, 14 años después, nada han cambiado en cuanto a los canales VHF respecta. El monopolio del señor Ángel Remigio González se mantiene incólume. Siglo Veintiuno hizo una traducción libre del artículo y lo publicó al día siguiente. Entonces, el Alfonso Portillo presidía el Gobierno y Luis Rabbé, actual y vergonzoso presidente del Congreso, era el Ministro de Comunicaciones. Su nombramiento había sido el pago a González por el tiempo y otros servicios prestados durante la campaña política de 1999. Stella Dorion localizó aquel documento, revisó la traducción de Siglo Veintiuno introduciendo algunas mejoras para ofrecerlo a los lectores de Pi, Plaza de Opinión.

Los medios monocromáticos de América Latina

Encienda la televisión en Guatemala y seguramente estará viendo un canal cuyo propietario es Ángel González. El señor. González, originario de México, quién ahora vive en Miami, es dueño de cuatro de las principales cadenas de televisión de banda ancha en ese país (Guatemala NdT) y por lo menos de otras 20 en Latinoamérica. Él ha utilizado estos canales para jugar un papel preponderante en determinar el resultado de las elecciones, silenciar la crítica hacia el gobierno y, más aún, velar por los intereses de los políticos con quienes congenia.
 
El monopolio que el señor González ejerce en la radiodifusión de Guatemala no es el clásico mal del control gubernamental del gobierno sobre la prensa. Sino es, más bien, un ejemplo extremo del problema observado en varios países de Latinoamérica, donde propietarios individuales o con un solo punto de vista político, dominan los medios de comunicación. En El Salvador, tan solo un propietario de estaciones televisivas controla el 90 por ciento del mercado de televisión, y los periódicos con una circulación significativa hablan para una minúscula parte de la nación, la cual es la clase alta. En Chile, en tanto que los principales diarios y estaciones televisivas sí pertenecen a diferentes propietarios, casi todos son conservadores. La concentración de propietarios de medios de comunicación también es un problema en los Estados Unidos, pero es mucho peor en América Latina. Allí, los países regularmente carecen o no refuerzan normas de radiodifusión que promuevan la diversidad de propiedad. Aún las mejores agencias proveedoras de noticias tienden a ser abiertamente ideológicas y no hay separación tipo americano, entre noticias y opinión, de manera que los puntos de vista de los propietarios pueden permear hacia el trabajo de los reporteros. Varias publicaciones únicamente ofrecen noticias diseñadas para profundizar en la agenda personal o política de los dueños.
 
Esta es una situación muy grata para quienes ostentan el poder y en el caso de Guatemala muestra que, lo que aparentemente es una distorsión del sector privado, cuenta con el respaldo del gobierno. El señor González no respondió a llamadas telefónicas efectuadas a su oficina en Miami, pero en 1999, dijo a la revista América Economía, que era propietario de 25 estaciones televisivas en Latinoamérica, habiéndolas adquirido, primordialmente, a través de parientes locales para brincarse las prohibiciones de propiedad extranjera.
 
El Sr. González tiene monopolio de los medios únicamente en Guatemala. Su poder allí, que ha sido severamente criticado por el relator especial sobre libertad de expresión de la Organización de Estados Americanos (OEA) y por el Comité de Protección de Periodistas, lo ha convertido en un hacedor de reyes. Provee espacios publicitarios gratis a varios candidatos presidenciales, pero reserva los mejores programas y las horas de mayor audiencia para su favorito, quién en las elecciones pasadas fue Alfonso Portillo, actualmente Presidente de la República. Luego el presidente Portillo nombró al cuñado del señor González, Luis Rabbé, quién anteriormente había sido un ejecutivo en la organización de González. Así, Rabbé asumió el poderoso cargo de ministro de comunicaciones, infraestructura y vivienda. El Sr. Rabbé es ampliamente visto como un candidato presidencial en las próximas elecciones.
 
Recientemente el Sr. González canceló un popular programa de televisión, el cual, con frecuencia, era crítico del gobierno de Guatemala. Sus estaciones también han tomado parte en campañas de ataques personales y de amenazas veladas contra dos diarios guatemaltecos que acusaron al Sr. Rabbé de irregularidades en contratos de concesión de obra pública.
 
Como en Guatemala se prohíben los monopolios de radio y televisión, el control del Sr. González sobre la televisión es completamente ilegal. Aunque el Presidente Portillo admitió a la Organización de Estados Americanos que él estaba preocupado por ese monopolio, hasta ahora, no ha hecho nada al respecto. El gobierno de Guatemala también es propietario de dos estaciones de televisión, pero no están operando. Esta falta de competencia es ciertamente una ventaja para el señor González.
 
Guatemala debería reforzar sus propias leyes contra los monopolios. Esta y otras naciones podrían ayudar a promover la diversidad política y considerar alianzas de partidos políticos o ideológicos proporcionándoles licencias de difusión. Pero a diferencia con el número de periódicos que puedan publicarse, en la televisión no hay un límite comparable, por lo tanto, los gobiernos no deben regular tales casos.

 

Chile muestra que el avance de la tecnología puede incrementar la información con voces frescas. El diario más atrevido e innovador en Chile es El Mostrador, publicado íntegramente en Internet. Mientras que su circulación es pequeña, el periódico ha tenido una abundancia de primicias que la prensa tradicional luego emula. Puede ser que el libre mercado en Chile llegue a crear un periodismo asertivo e independiente. Pero, lamentablemente en ese país como en cualquier otro de Latinoamérica, el mercado, con mayor frecuencia, ha producido más medios de comunicación que indiscutiblemente apoyan a los poderosos de la sociedad, fallando al público que supuestamente deberían servir.