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Papiroflexia

Hágase tu voluntad, de Benegas
Fecha de Publicación: 01/05/2015
Tema: Filosofía
Este artículo de Alberto Garín, llegó con una nota que consideramos conveniente compartir: He aprovechado estas lluviosas tardes de París para escribir. Anoche estuve cenando con un matrimonio amigo (él es francés, ella rusa) y me hicieron un encargo especial, que dedicara uno de estos artículos de Pi al libro del director de estudios de ella, Pierre Caye, un filósofo metido a historiador de la arquitectura. La editorial me va a hacer llegr el libro. Alberto
 
José Benegas, abogado, ensayista y periodista bonaerense, acaba de publicar un nuevo libro con Unión Editorial, Hágase tu voluntad. Bajar del cielo para conseguir un cargador de iPhone.
 
Para los que conozcan Unión Editorial, sabrán que es una casa de edición especializada en literatura liberal, mayoritariamente cercana a la Escuela Austriaca de Economía. Con este punto de partida, podríamos esperar que el ensayo de José Benegas fuera otro libro más que viene a defender la causa individualista, el derecho de propiedad y la libertad absoluta de mercado.
 
Sin embargo, si lo viéramos así, desaprovecharíamos un texto tan provocativo, como inquietante.
 
Porque si bien es cierto que hay algún capítulo intermedio que vuelve a andar los términos muy trillados en la literatura de la escuela austriaca sobre propiedad, intervención del estado, mercado y demás, el núcleo del trabajo de Benegas es una larga reflexión sobre las religiones (del cristianismo al marxismo) y la espesa trama de contradicciones en las que caen los que quieren vivir de acuerdo con esas religiones.
 
Pudiera parecer que atizar las espiritualidades tradicionales tampoco es algo novedoso. Sin embargo, Benegas traza un viaje muy personal. El de quien habiendo vivido en un contexto en el que la religión tiene peso clave, va descubriendo progresivamente, a veces de forma inocente, y otras tras una larga reflexión, por qué no hay que obsesionarse con el lejano paraíso, pero sí con el futuro mediato al que en realidad aspiramos todos los seres humanos.
 
Esa contradicción que se da entre el empeño por parecer que sólo vamos a vivir el hoy, pero pensando siempre en guardar para mañana, al tiempo que tratamos de justificar el pasado mañana de la “otra vida”.
 
José Benegas no llega a plantearlo de forma tan abrupta, aunque de la lectura de su libro sí se desprende esta pregunta: si el principal objetivo de los seres humanos es vivir de la forma más feliz su vida terrena, ¿se puede compaginar ese deseo tan material (esa necesidad de terminar el día con un cargador para el iPhone) con una aspiración religiosa que tiende a abogar por la contención, el sacrificio, la entrega a los otros?
 
Lo inquietante de esta pregunta (porque unos párrafos arriba hablábamos de la inquietud que provoca el ensayo de Benegas) es que en realidad, la mayoría deseamos ese cargador de iPhone al final del día (o agua caliente para la ducha, o una cerveza fresca, o una cama confortable, o una cena saludable…), aunque muchos quieran disimularlo y, en ese empeño, arrastren a demasiados hacia la infelicidad.
 
A la larga, lo que Benegas propone es renunciar al Paraíso a cambio de ser feliz en la Tierra. Sin embargo, el autor es consciente que buena parte de esa felicidad se logra, tal como decíamos, cuando se evita que los demás se empeñen en hacerte infeliz. Los dos últimos capítulos de Hágase tu voluntad reflexionan sobre este punto. Cómo organizarnos socialmente para que el otro no incomode. Y aquí Benegas se presenta bastante iconoclasta respecto a muchos teóricos liberales contemporáneos, pues apuesta claramente por la democracia, no entendida como el mero reflejo de un sistema electoral mayoritario, sino como la capacidad de los individuos (de cada individuo) de ponerse de acuerdo con los demás, sin la imposición de una autoridad ajena a esos individuos.
 
En un tiempo en el que el término democracia ha ido perdiendo afectos, está bien que Benegas nos recuerde el valor real que tiene. Uno que va más allá de las prostituciones que se han podido dar en determinados regímenes totalitarios o el empeño por cargar a la democracia de valores semánticos que no tiene.
 
Quiero terminar con una frase que prácticamente cierra el libro y que refleja bien la idea general del mismo. “El problema para mí (dice Benegas) está en la idea de perfección y sobre todo en el engaño maléfico de que la hemos perdido porque somos malos, estamos mal hechos y hasta nacemos con deudas. Esa es nuestra carga más pesada. El yugo teórico a disposición de cualquier tirano. Si puede haber una creencia trascendente sin abonar este engaño, no lo sé”.
 
Dejarnos esa duda es el mejor valor de este libro.
 
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