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Teorema

Operación La Línea
Fecha de Publicación: 23/04/2015
Tema: Gobierno
Todavía el jueves 16 en la madrugada, antes de conocer lo que sucedería sólo horas más tarde, Prensa Libre exponía en su portada Contrabando pasa de Q13 mil millones. No estaba diciendo nada nuevo, aquello no era noticia para nadie. El contrabando había sucedido en nuestro país desde siempre. Creo que ni siquiera se puede asegurar que este año fuera más alto que otros.
 
Horas más tarde un cambio de la mayor importancia sucedía. Personas involucradas en la Operación La Línea, posiblemente la mayor red de contrabando, eran detenidas por la policía. Los allanamientos iniciaron a las seis de la mañana. Antes del mediodía, los detenidos llegaban a los tribunales de justicia. Ahora, el nombre de los contrabandistas era público e incluía a altos funcionarios de Estado. Aún más grave fue que había fuertes implicaciones sobre la Vicepresidente y aún sobre el Presidente de la República.
 
Entre un sentimiento de vergüenza ajena por la calidad de nuestros gobernantes (posibles vulgares contrabandistas), surgía una luz, la esperanza de que este pudiera ser el inicio de un proceso que terminara con el crimen impune en Guatemala. Que no fuera solo un disparo en la noche sino el inicio de un proceso que pudiera terminar con las compras sobrevaloradas, sobornos, mordidas, chantajes, tráfico de influencias, nepotismo, plazas fantasma y otros crímenes históricamente cometidos por los funcionarios públicos.
 
La principal consecuencia del desmantelamiento de La Línea fue una enorme indignación popular que se instaló en todos los estratos. No solo la prensa sino también las cámaras, los sindicatos, las universidades, los partidos, los políticos… Todos denunciaban, hasta los culpables. Es difícil entender la vehemencia del enojo contra la presidencia porque ya mucho de su saqueo era conocido. Tal vez se trate de la gota que rebalsó el vaso, un vaso que se empezó a llenar incluso antes del gobierno de Cerezo.
 
La población pide la renuncia de la Vicepresidente y convoca a manifestar públicamente su rechazo a los gobernantes para este fin de semana. Un memorial solicitándolo tiene ya más de 30 mil firmas. La vehemencia del enfado que sufre la población permitiría recolectar más que cien veces ese número. La motivación que provoca la indignación es muy alta y llega, incluso, a pedir la renuncia de ambos mandatarios.
 
La CICIG condujo un proceso en el cual se advierte, además de una investigación diligente, un fuerte liderazgo que se manifiesta en la capacidad para mantener el secreto. El más sorprendido parecía ser el mismo presidente de la República, quien se habrá quejado de que sus servicios de inteligencia fracasaron en informarle lo que sucedía. Casi se entera por la TV. En sus primeras declaraciones el Presidente Pérez se vio aturdido, preocupado, incapaz de asimilar el tsunami que se le venía encima. Era la caída de su gobierno, la muerte de su partido y lo poco que quedaba de su prestigio personal, todo estaba por los suelos.
 
Una de las implicaciones de la Operación La Línea, es el fortalecimiento de la CICIG. Al momento de escribir estas líneas, el presidente aún no se ha manifestado públicamente al respecto. Pero nadie duda que lo hará a favor de la ampliación del plazo de CICIG. El presidente está debilitado hasta condiciones de miseria mientras que la CICIG jamás tuvo tanta popularidad. La CICIG se queda, no por decisión del mandatario (incapacitado para oponerse) sino por casi un clamor popular.
 
En lo político, otra derivación de los acontecimientos de la Operación La Línea, sucede dentro del partido de gobierno.El domingo 19, Sinibaldi anunció que renunciaba a su candidatura presidencial con el PP. Intentaba así alejarse del partido del cual es fundador. Él entiende que cuando the shit hits the fan, como dicen los gringos, hay que alejarse tan pronto como sea posible. Con traje de “primera comunión”, el precandidato del PP se victimizó haciendo de la Vicepresidente su verdugo. Pero él tiene un pasado difícil de ocultar y la prensa, se ha encargado de recordárselo. Así que en el mejor de los casos, ahora que ha dejado de tener un futuro político, solo evitará nuevas manchas.
 
Un acontecimiento que podría ser vinculado a La Línea sucedió el pasado lunes 20. La Policía Nacional desmanteló el bloqueo de la carretera CA2, cerca de Cuyotenango utilizando gases lacrimógenos y gases de pimienta. Aunque dejó como saldo varios agentes heridos y manifestantes con síntomas de intoxicación, el operativo fue exitoso. Aun cuando las razones de los manifestantes para bloquear la carretera fueran legítimas, la forma de hacerlo no lo es y la policía cumplió con su deber.
 
Sin embargo, en repetidas acciones anteriores al haber sido requerida la policía como esta vez, no había actuado. Esto hace pensar que el desalojo buscaba desviar la atención de la prensa, alejarla de los asuntos de La Línea y hacerla enfocarse en el desalojo. De haber sido así, no lo logró. La mayor parte de los periódicos no cubrió la noticia. Quien lo hizo, fue con una nota interior corta.
 
Otra implicación importante de la Operación La Línea sucede dentro de la clase política. Los partidos que aguardan la señal de salida y los que ya salieron y corren solos sin que el árbitro los saque de la carrera, se habrán percatado de que se les puede aguar la fiesta. Puede llover y la celebración es a campo abierto, así que hay algún riesgo de que se cancele la actividad. Ya a Guevara le sucedió en 1982...
 
Una gran parte de la atención de la prensa se ha centrado en Juan Carlos Monzón, acusado de ser el jefe supremo de La Línea. Sin embargo, analistas más minuciosos consideran que esa organización criminal podría ser la misma que en 1996 capitaneaba Alfredo Moreno. Monzón no sería sino el sucesor de Moreno, el principal implicado; igual que como sucedió en 1996, la plana mayor se mantiene en el anonimato.
 
Entonces el contrabando era tan intenso que el mismo Vicepresidente Luis Flores Asturias, comprendiendo la magnitud del problema y asumiendo una actitud de alto compromiso con el Estado que dirigía, se puso al frente de las aduanas. Mucho se logró entonces. Empero, tres años después, con Portillo y Reyes López en la presidencia hubo nuevos brotes de contrabando que crecieron y se fortalecieron (Moreno había sido financista y amigo cercano de Portillo). Quizá el origen de La Línea se remonte a esa época.
 
Como sea, pienso que Juan Carlos Monzón nunca se entregará a lo justicia. Eso requeriría de cierto grado de decencia que el secretario de la Vicepresidente no parece tener. La única forma de encarcelarlo sucedería si la policía internacional consigue atraparlo. Pero es muy posible que no solo la policía esté tras él. A los jefes ocultos de La Línea les conviene que no aparezca. No es aventurado considerar que cazadores experimentados (sicarios internacionales hábiles y desalmados) también podrían estar tras sus huellas.
 
Posiblemente, lo más destacado de la Operación La Línea sea la formidable demanda popular que busca que la vicepresidente renuncie a la inmunidad que le otorga su alto cargo. Otra versión pide que renuncie al cargo. Un tercer planteamiento, el más radical, exige la renuncia del Presidente y de la Vicepresidente. Empero, la Constitución Política ordena que en caso de falta absoluta de la Vicepresidente o si renunciara, será sustituida por una persona seleccionada por el Congreso a partir de una terna propuesta por el Presidente (¿Rivera, Monzón y López?). Además, dadas sus componendas con LIDER, sería el mismo Pérez quien eligiera. En caso de falta permanente o renuncia de ambos, la selección del sustituto corresponde al Congreso (¿Sería uno de los diputados? ¿Acaso Rabbé?)
 
Woody Allen diría que nos debe interesar el futuro porque es el sitio donde vamos a pasar el resto de nuestra vida. Yo expresaría, como André el personaje de los Halcones Negros (un comic de los 50’s): ¡Mon Dieu!
 
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SOBRE EL AUTOR
J, Fernando García Molina
      José Fernando García Molina Guatemalteco, 67 años, casado, dos hijos, ingeniero, economista. Tiene una licenciatura en ingeniería eléct
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