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Teorema

La enciclopedia de la ignominia
Fecha de Publicación: 13/04/2015
Tema: Ficción
Para los políticos, la palabra “sacrificio” significa que los ciudadanos deben tributar una porción mayor de sus ingresos para que la clase política no tengan que sacrificar el placer de gastarlo
 
Un grupo de formadores de opinión, principalmente columnistas y entrevistadores decidió escribir La historia de la ignominia. Inicialmente la iniciativa obedeció al interés por registrar las acciones de Mauricio López cometidas durante su gestión como Ministro de Gobernación.
 
La obra sería el resultado de una amplia investigación sobre: posibles compras sobrevaloradas; probables ingresos a través de la red de Byron Lima; presumibles exacciones ilegales hechas por los policías; presuntos chantajes a empresarios; eventuales transferencias a sus amigos y socios en el extranjero; supuesto tráfico de influencias y sus beneficios económicos y políticos; hipotéticas plazas fantasmas; nepotismo y otros asuntos que pudieran surgir.
 
Desde la segunda reunión sostenida para planificar, se decidió que también debían incluir a Villavicencio, a Baldetti, a Pérez Molina y a casi todos los ministros y secretarios que hubieran realizado o apañado algún delito. El sistema penitenciario, Fonapaz, las aduanas... Prácticamente a todos. Más de 200 funcionarios posiblemente implicados terminaron integrando el listado preliminar.
 
Sobre el Congreso pensaron que sería indispensable investigar a Rivera, Crespo, Taracena, Villate, Back, Baldizón, Barquín, Blanco, Boussinot, García, Mazariegos, Martínez, los tránsfugas… Develarían los secretos, que han dejado de serlo, de los sobres bajo la mesa, los entretelones de la infame reforma tributaria de 2012, la oscura aprobación de los préstamos, la perversa elección de magistrados… Habría que investigar a todos los diputados implicados en tan siniestros actos. Abrirían un folder sobre cerca de 140 diputados, sus asesores y algunos empleados administrativos.
 
Un libro separado se ocuparía de los alcaldes. Desde luego empezarían por los más emblemáticos como Medrano, Pérez, Arzú, Solares, Coro, Pocasangre, Vivar, Beltetón, Barrientos, Lemus…
 
El trabajo en ciernes debería incluir también al Organismo Judicial, se listarían los magistrados, los jueces, los secretarios de los juzgados. Después de una larga discusión decidieron no investigar a los abogados particulares. La investigación incluiría únicamente a los funcionarios públicos, tanto por elección como por nombramiento y sus asesores.
 
¿Cuántos libros tendrían qué escribir? ¿Cuántos cerros de papel formarían? ¿Dónde guardarían los archivos? Una a una las dificultades fueron encontrando solución.
 
En la quinta sesión de planificación, se consideró que esos trabajos quedarían incompletos si no se incluía a otros regímenes. Debían escudriñar de la misma manera el gobierno de Colom, el de Berger, Portillo, Arzú, De León, Serrano, y Cerezo. Decidieron parar allí al considerar que otras constituciones podían crear confusión. Decidieron que habría cuando menos un tomo por cada poder del Estado en un período de gobierno. Pasaron a renombrar la obra como La enciclopedia de la ignominia.
 
Ante lo monumental de ese trabajo, también coincidieron con que debían invitar a otros personajes distinguidos del país. Los programas de entrevistas por radio y por televisión tienen un récord importantísimo de invitados, quienes asisten a expresar sus opiniones abierta y desinteresadamente. Opinar sobre el narcotráfico, los políticos, el ejército, la policía, las maras, los sindicatos, los gobernantes, los diputados… conlleva riesgos que pueden ser mortales. Esas personas, al cumplir con su deber cívico de explicar lo que sucede, al analizar los hechos respondiendo las incisivas preguntas de los entrevistadores, asumen un riesgo tan grande como el de quien conduce la entrevista.
 
Se formó una comisión para explicarles el proyecto y solicitar su colaboración. De unos cincuenta nombres, once no pudieron ser localizados y cuatro rehusaron participar aduciendo dificultades de salud o de trabajo. Los demás se prestaron gustosos a colaborar desinteresadamente con el proyecto. Hubo varias mujeres quienes quizá fueron, junto con las periodistas y entrevistadoras, las más entusiastas.
 
En la quinta reunión, sin embargo, hubo consenso general para ya no llevar a cabo la iniciativa. Pero no fue por la cantidad de trabajo implicada. Tampoco los amedrentó los riesgos que habrían de correr. El tiempo que debían invertir no fue obstáculo. Lo que los desanimó, fue darse cuenta de que lo peor aún parecía estar por llegar. Este año, de elecciones generales, arribará un nuevo equipo de gobierno. El mismo, parece destinado a imponer un nuevo récord de corrupción.
 
Igual que con los anteriores, el nuevo gobierno supera en sus aspectos más negativos, oscuros, perversos… a su predecesor. Asqueados por ese presente, lastimados por las heridas infringidas a nuestra Guatemala, observamos que nuestro futuro, como una maldición, no deja lugar para una perspectiva mejor. Dentro de 4 o dentro de 5 años, lo más probable es que tengamos que lamentar penas mayores. Aquel que asuma en enero de 1920, muy probablemente será tan corrupto o más que quien sea electo este año.
 
A menos que…
 
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SOBRE EL AUTOR
J, Fernando García Molina
      José Fernando García Molina Guatemalteco, 67 años, casado, dos hijos, ingeniero, economista. Tiene una licenciatura en ingeniería eléct
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