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Brújula

La condena
Fecha de Publicación: 15/05/2013
Tema: Gobierno

La condena

 

 Si bien causó profundo desaliento en las esperanzas de quienes aún conservábamos un grano de fe en la Justicia, la condena no fue del todo sorpresiva. ¿Cómo no haberse dado cuenta que la sentencia estaba predeterminada luego de haber presenciado la absoluta parcialidad de Jazmín Barrios en acción? Cualquiera que haya dado seguimiento al espectáculo montado en la cuasi corte internacional encargada del "juicio del siglo" por genocidio tendría que haber anticipado el desenlace.

 

Aún así es difícil sacudir la indignación, el malestar y el profundo desagrado causados ante el cobarde e ilegal atropello que golpea nuestra soberanía. El absoluto desprecio hacia la dignidad nacional. Las manifiestas presiones foráneas aunadas a descaradas manipulaciones de organismos internacionales que conllevaron a dictaminar sentencia en una de "nuestras cortes" a uno de nuestros ciudadanos y en nuestro propio territorio mueven a llorar de humillación. ¡Un Guatemalteco a quién le fueron conculcados sus derechos de justa defensa y  debido proceso judicial, fue sentenciado a 50 años de cárcel por un crimen que acá nunca tuvo lugar! 

 

¡Qué vergüenza! Las agravantes gesticulaciones triunfales de la "juez" celebrando su dictamen con la privilegiada concurrencia, que para este grand finale había seleccionado, tendrían que bastar para descalificar las resoluciones de esta comprometida e incompetente funcionaria de "justicia" y servir de enmienda a los innumerables vicios que desde el inicio plagaron el susodicho “remedo” de juicio.

 

¿Puede usted imaginar que este mismo escenario de “justicia y legalidad” fuera permitido en una corte de Estados Unidos o cualquier país de Europa, Asia o América misma? Embajadores, peritos y cámaras guatemaltecas inmiscuyéndose en juicios de otras naciones ¿Impensable? Si, ¡Inaudito! ¡Inadmisible! Pero en nuestro país los connacionales que en otras oportunidades han hecho gala de su odio al imperialismo tan solo mostraron, una vez más, el doble estándar que manejan cuando les conviene. Claro, la mayoría de estos “adalides” manejan jugosos fondos provenientes de los mismos países que hoy se sienten dueños del nuestro.

 

Para muestra extraigo algunos de los comentarios que Victoria Sanford hiciera en su artículo del New York Times y que El Periódico “casualmente” publicó hoy:

 

“ La administración de Obama debiera pedir la renuncia de Pérez Molina y conseguir apoyo entre otros miembros de la Organización de Estados Americanos (OEA) para que se adhieran a esta solicitud.”

“Lo que hizo posible la condena de Ríos Montt no fue solo la presión de la comunidad internacional, que ha ayudado a aumentar la posibilidad de un tribunal independiente, acompañando a los jueces de crímenes de guerra como en Ruanda y en la ex Yugoslavia, sino el ascenso de una nueva generación de guatemaltecos comprometidos con el Estado de Derecho”. 

“En un punto, cuando el juicio estaba entrampado, Stephen J. Rapp, el embajador del Gobierno de Estados Unidos en  Asuntos de Crímenes de Guerra, confirmó el apoyo de ese Gobierno al juicio, mediante su cuenta de Twitter: “La identificación de los responsables permitirá la paz”.

 

¿Qué tal? ¿Cuál Estado de Derecho? ¿Cuál tribunal independiente?

 

Total que Rios Montt luchó contra inocentes campesinos de pueblos del triángulo Ixil porque quiso acabar con ellos. Los guerrilleros y pueblos armados en resistencia resultan tan solo haber sido fantasmas imaginarios contra quienes este general, cual quijote descargó su delirio contra molinos gigantes del mal que atormentaban su mente. Este juicio es una vergüenza.

 

Ya tendríamos que saber que uno de los trucos más viejos de la izquierda es el descaro y la mentira para tergiversar los hechos y luego acomodarlos a la talla y hechura que ajuste sus intereses. Lo hicieron Stalin, Mao, Castro ¿qué decir de Chávez? y de cuanto tirano dictador ha podido darse el lujo de cometer los crímenes más atroces a sabiendas de contar con el silencio cómplice de sus pares ideológicos.

 

Anoche oí la voz de Guatemala susurrarme al oído: "Me siento mancillada, ultrajada, violada, sucia y cobarde; Impotente ante los tentáculos del pulpo asfixiante que, con apoyos foráneos disfrazados de “países amigos”, me deshonra. Entre simbólicos claveles rojos, euros, dólares e incoherentes consignas, se ciernen sobre mi para abatirme. Hoy más que nunca necesito que tu voz no tiemble al proclamar la verdad, pueblo mío. Que tus manos me ayuden a ponerme de pie y que tu mente despeje las oscuridades que nublan el azul de mis cielos limpios; Que tus hombros de hijo carguen mi cansancio. Que tu aliento anime este apabullamiento interno que causa llanto. Restaña mis heridas con lienzos de lealtad y con valentía defiende mi dignidad. Siembra nuevamente mi tierra con tu canto: "Si mañana a tu suelo sagrado…” 

 

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