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Reminiscencias

El legado de don Hilario
Fecha de Publicación: 08/04/2015
Tema: Piel adentro

 No conocí personalmente  a Don Hilario pero a Lucía la conozco casi desde que nació. Siendo ella y sus hermanos Ricardo y Diego  muy pequeños, iniciamos una buena amistad con sus papás.

 
Estando de visita en casa de sus progenitores, vi la estatua de un jugador de golf; la primera vez que la vi no pregunté sobre ella porque supuse, que siendo jugador de golf Marco, la tenía por admiración al deporte. Sin embargo, un día sí pregunté y me contaron que el jugador plasmado en la escultura, es Don Hilario Polo Sánchez, abuelo de Lucía.
 
Hasta ese momento, mi conocimiento y contacto con el golf, era ver jugar a Tiger Woods sin entender lo que sucede en un campo de golf. Confieso que hasta que un día acompañados, Raymundo y yo,  a Lucía y a Diego a jugar unos cuantos hoyos, tuve una aproximación más a lo que es este deporte.
 
Poco a poco he ido entendiéndolo más; cómo se juega y el apasionamiento que lleva al golfista a competir y a ganar.
 
Con relatos, plasmados de admiración por su padre y contados por Marco Ricardo Polo Cossich, hijo de Don Hilario, he llegado a conocer al hombre cabal que fue Don Hilario Polo Sánchez. Llegué así a saber que el papá de Don Hilario, Don Zacarías Polo fue Administrador del Campo de Golf del Guatemala Country Club en la década de los años 1930. En 1945, Don Hilario, “Polito”, ingresó al Club como Gerente y es así como inicia su carrera en el golf.
 
Conocer a ese hombre es conocer no solamente al deportista  que cosechó medallas de oro para Guatemala, su segunda patria; es conocer al hombre que llegó niño a este país, que llevó los colores nacionales  a competencias locales  e internacionales y que cosechó triunfos para el país en el que creció, se casó y formó una familia. Es también la tierra que guarda sus restos mortales.
 
Existen, porque he revisado un compendio de publicaciones periodísticas de la época, que dan el record diario de su juego y de sus éxitos en las justas deportivas celebradas en Guatemala y en otros países (El Imparcial y Nuestro Diario, 1,950). El titular de El Imparcial del sábado 4 de marzo de 1,950 dice “Hilario Polo ganó el campeonato de golf”. Ese mismo año, el 23 de febrero se inauguraba la Ciudad Olímpica en esta Capital.
 
Marco, nuestro amigo, jugó golf por un tiempo pero son sus hijos, Ricardo, Diego y Lucía quienes siguieron el ejemplo de su abuelo. Los tres han estudiado carreras universitarias apoyados por una beca como miembros del equipo universitario de golf, no sólo por su alto rendimiento deportivo sino también por sus excelentes resultados académicos.
 
Hoy es Lucía quien lleva la batuta en el campo, en el 2,013 ganó para Guatemala, los Juegos Bolivarianos en  Perú. Ha viajado a distintos países de  América, Europa y Asia compitiendo representando los colores de Guatemala y también por su equipo universitario.  Esta semana, su equipo ganó una  competencia universitaria celebrada en San Diego California y pronto representará a Guatemala en otros eventos.
 
Más que celebrar los triunfos golfistas de Lucía, quiero destacar su liderazgo juvenil. Lucía mantiene un “grade point average” de cuatro puntos, máxima calificación académica, a la vez que compite como miembro del equipo universitario de golf.
 
La vida de Lucía no es suave; largas jornadas de estudio y más largas todavía, las de preparación y competencia. Una sólida formación en valores, obra de Claudia y Marco, la lleva a una disciplina y exigencia, impuestas por ella misma. Es una chica sana de mente, cuerpo y alma. Ella fortalece su cuerpo, su mente y su alma.
 
Lucía es, como su abuelo fue; él un hombre cabal y ella una mujer completa. Es ejemplo de juventud; es una muchacha   de su tiempo, que valora lo que la vida le ha dado, que se esfuerza por prepararse para el futuro que y no se pierde en lujos o festines sin sentido.
 

Don Hilario debe estar muy orgulloso de lo que Marco y Claudia han inculcado a sus hijos pero más orgulloso está de Lucía. Orgulloso porque sus genes de campeón deportivo están dando fruto en otra campeona pero sobre todo está orgulloso porque su hombría de bien vive en Lucía como un legado que pasará  a sus hijos y a los hijos de sus hijos hasta la quinta generación.

 

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