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Carnets

La infame producción de pobreza
Fecha de Publicación: 29/03/2015
Tema: Gobierno

 

 

En un país bien gobernado, la pobreza es algo que avergüenza.
En un país mal gobernado, la riqueza es lo que avergüenza.
Confucio
 
Nada me ha resultado más ilustrativo para comprender por qué unos países han producido riqueza, mientras otros han producido pobreza, que la lectura del libro “Por qué fracasan los países” (Why Countries Fail) de Daron Acemoglu y James A. Robinson. Lectura recomendable, especialmente para los políticos.
 
Para quienes vivimos en este mundo confuso, sumergidos en violencia, corrupción y miseria, que no somos expertos ni en política en ni economía, resulta difícil comprender por qué unos países han logrado el éxito y otros, como el nuestro, lo único que logran es fracasar prácticamente en cualquier cosa que se proponen. Pareciera que darle vuelta a la misma montaña, sin encontrar el sendero hacia la cumbre, se ha convertido en lo único que sabemos hacer. Años, décadas y hasta siglos, caminando en círculos, sin ver que  quizá podríamos encontrarnos cerca de la cima, de la tierra prometida. ¡Si tan solo pudiéramos entender los obstáculos y tener la voluntad de suprimirlos!
 
Cuántas veces hemos escuchado, o dicho: “lástima que no fueron los ingleses los que llegaron a este lado del mundo, en lugar de los españoles. No solamente estaríamos hablando inglés, sino seríamos ricos y canchitos”. Existe algo significativo en esas palabras. Es el hecho de saber, que en aquellas latitudes, donde llegaron los ingleses a nuestro continente, el desarrollo económico y como consecuencia el desarrollo social, han sido permanentemente superiores a los producidos por el que implantaron en nuestra sociedad los españoles.
 
Las instituciones establecidas en Estados Unidos y Canadá por la corona inglesa, fueron instituciones inclusivas. Eso significa que la institucionalidad veló  por el bienestar de sus colonos. Tomaron en cuenta, no solamente las necesidades de sus habitantes, sino también dieron respaldo a la innovación y al talento de  la población. Esto condujo a un incremento en el desarrollo de las ideas, beneficiando directamente a la economía, impulsando muy fuertemente a la prosperidad de la sociedad, hasta lograr convertirse en los países altamente desarrollados que el día de hoy son.
 
Nosotros, sin embargo, después de cinco siglos sufriendo, inmersos en un sistema inoperante, debimos haber reaccionado, haberlo analizado, tomado otro camino, haberlo cambiado. Pero nunca lo hicimos. Nos seguimos revolcando en el mismo fango, enlodados cada vez más, frustrados porque nuestros sueños no se realizan. Haber mantenido las condiciones establecidas durante la colonia no puede ser responsabilidad de los españoles, ni de ningún otro, sino nuestra, solo nuestra.
 
La reforma significa revertir lo caminado, se centra revisar en los objetivos y métodos operativos de nuestras instituciones y establecer nuevos. Otros países lo han logrado. ¿Por qué no nosotros?
 
Acemoglu y Robinson tiran por tierra las teorías más frecuentes del fracaso de los países:
 
La hipótesis de la situación geográfica. Los países del norte son más productivos que los del sur. Los países pobres, como Guatemala, se encuentran entre los trópicos de Cáncer y Capricornio. Su gente disfruta haciendo la siesta, no la pospone por ninguna razón. Los sureños son más haraganes que los norteños por razones climáticas. ¡Hipótesis Falsa!
 
Los autores proponen una comparación entre Nogales Arizona y Nogales México, una ciudad dividida en dos por un ignominioso muro. No es el clima ni su situación geográfica lo que determina la riqueza y la pobreza. También en Asia, los pueblos del sur eran más prósperos que los del norte. Y qué decir sobre la diferencia entre Corea del Norte y Corea del Sur.
 
La hipótesis de la cultura. Los latinoamericanos son pobres porque son derrochadores y desorganizados, los africanos porque carecen de ética de trabajo y creen en brujerías. ¡Hipótesis Falsa!
 
Acemoglu y Robinson afirman que muchas normas sociales como religión, ética, confianza y otras semejantes, ofrecen sustento a condiciones institucionales erradas. Son difíciles de modificar y pueden influir en los resultados. Empero, afirman, no son una causa independiente.
 
Volviendo a Nogales, muchos aspectos de la cultura son similares al norte y al sur del muro que ahora los separa. Sin embargo, las diferencias son marcadas en cuanto a valores y prácticas. En el sur, los mexicanos carecen de confianza en su gobierno, mientras que al lado norte del muro, los habitantes confían en sus instituciones, las respetan y obedecen.
 
La hipótesis de la ignorancia. Este supuesto afirma que los gobernantes y sus funcionarios, en los países fracasados, no saben cómo hacer para convertir un país pobre en un país rico. Entre muchos ejemplos, Acemoglu y Robinson aseguran que no fueron divergencias de conocimiento o de intenciones entre John Smith y Hernán Cortés lo que sentó las bases de la desigualdad durante la colonia. Tampoco fueron diferencias de conocimiento entre Teodoro Roosevelt y Porfirio Díaz las que hicieron que México adoptara las deficientes instituciones económicas que aún conserva. Los autores afirman que la ineptitud explica solamente una pequeña parte de la desigualdad entre riqueza y pobreza.
 
En resumidas cuentas, los investigadores afirman que son las diferencias del sistema institucional y los límites que las instituciones imponen a los ciudadanos y a su libertad creativa, las que definen las condiciones de  pobreza o riqueza.
 
Nuestras instituciones son las que sentencian a Guatemala a la pobreza así como las suyas condenan a México y las propias de cada país al resto de América Latina. Tenemos que aceptar que la desigualdad en nuestro país si bien se origina en la forma ineficiente como los conquistadores españoles organizaron la sociedad durante la colonia, no ha sido revisada y aún menos cambiada en los siglos posteriores. Hacerlo solo puede ser responsabilidad nuestra.
 
¿La causa? Según los autores, desde entonces se establecieron instituciones extractivas en lugar de instituciones creativas como un sistema institucional. Es la visión de quien llega al bosque a cortar los árboles (extraer) pero se desentiende de sembrarlos (crear). O la del gobierno que toma en impuestos una parte crecientemente mayor de lo que de otra forma, habría sido utilizado para invertir y crear riqueza.
 
Según Acemoglu y Robinson, las instituciones creativas, alientan a la población, ofreciendo incentivos para la inversión del talento y motivando a las generaciones a desarrollar sus ideas sin obstáculos estatales,  generando de esta manera prosperidad. Por su parte,  las instituciones extractivas son aquellas que se apartan del bien común. Por lo general, estas son concebidas, desarrolladas, implementadas y además supervisadas por personas sin capacidad ni preparación para entender los procesos productivos. Estos grupos extractores, se desarrollan principalmente a través de empresas privadas, por lo general de reciente formación. Se forman en el seno de los gobiernos y son los que influyen directamente en  la economía, las finanzas, los medios de comunicación y por supuesto, la política.
 
Así, una élite reducida de políticos y de esas empresas vinculadas al régimen político, termina impidiendo que el desarrollo alcance a todos los sectores del país. Las instituciones extractivas utilizan los más valioso recursos de la nación casi exclusivamente para el bienestar del grupo al que pertenecen. Adicionalmente, no tienen límite en su ambición ni en los medios que utilizan para extender su poder.
 
La combinación de élites políticas, criminales y económicas haciendo uso de políticas extractivas, es la base primordial del fracaso nacional. Las instituciones extractivas lo único que producen es pobreza para el país y sus ciudadanos. Es un sistema que seguirá dragando la riqueza hacia  cuentas bancarias propiedad de pocos, hasta llegar a situaciones irreparables para la el gran número de pobladores.
 
Quinientos años de vivir errados debería proporcionar cierta conciencia y conocimiento de lo que se debe cambiar. Sin embargo, el que estos grupos políticos y de empresas asociadas no tengan la voluntad para hacerlo bien, en favor de la sociedad en general, no se debe a que se equivoquen, que padezcan ignorancia o a que no sepan cómo hacer el cambio para producir riqueza en lugar de miseria. Desafortunadamente, todo el estudio demuestra, que lo hacen a propósito.
 
La tercera hipótesis, la que presupone que los países fracasan por la ignorancia de sus gobernantes, es también ¡Hipótesis Falsa!
 
Y quien sabe, acaso sin saberlo, estemos muy cerca del desarrollo y del bienestar general. Quizá, solo nos haga falta ver hacia arriba en vez de seguir mirando a los lados.
 

 

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