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Teorema

Discusiones en torno a "República" (IV)
Fecha de Publicación: 19/03/2015
Tema: Filosofía
Esta es la cuarta parte.
 
 
Alberto: ¿Qué decir? Mientras, como ocurría con Carlos, nos seguimos empecinando en crear palabras mágicas (república, sí; democracia, no) en vez de en defender proyectos reales estamos abocados al fracaso de nuestra ilusión por un país mejor. No hay palabras mejores (república, estado de derecho) y palabras malditas (democracia). La clave es explicar lo que pretendemos y no tergiversar nuestro discurso.

Yo sueño con un estado liberal donde cada individuo tenga derecho a defender su vida y su propiedad y la obligación de respetar los derechos de los demás. Un estado liberal que no intervenga en todo aquello que los individuos pueden hacer por sí, salvo la legítima defensa de la libertad. Un estado liberal donde las decisiones se tomen de la manera que sus integrantes hayan acordado.

Luego, si ese estado es una monarquía o una república, una democracia o una aristocracia, una minarquìa o la anarquía total, que sean sus integrantes quienes lo decidan desde su compromiso personal y no desde la quimera de palabras enaltecidas.

Desde la Edad Antigua hasta la Revolución Industrial, la forma de viajar y comunicarse de los hombres no cambió mucho. Es decir, tardaba tanto (o tan poco) un mensaje de Roma a Nápoles en el siglo V AC como en el XVII DC. Todo dependía de lo veloz que fuera el caballo. Alegar que porque la República se instauró en el 509 AC, tardara medio siglo en darse una legislación es normal por ser hace tanto tiempo, no, no es normal. Si se lo pensaron durante ese medio siglo, fue por ver si realmente la monarquía había desaparecido, la sociedad lo aceptaba, encontraban un buen grupo de legisladores y, sobre todo, tenían algún modelo a copiar, que terminó siendo el de Solón.

A partir de ahí. Vamos al diccionario de la RAE. Ojo, recordemos que la RAE no nos impone la forma de hablar. Se limita a consignar los significados que la mayoría de los hispanoparlantes dan a las palabras.

República: Organización del Estado cuya máxima autoridad es elegida por los ciudadanos o por el Parlamento para un periodo determinado (http://lema.rae.es/drae/?val=republica).

Por tanto, es una forma en cómo se organiza el Estado (otra es la Monarquía, donde la máxima autoridad no se elige, sino que se hereda el puesto).

Democracia: Forma de gobierno en la que el poder político es ejercido por los ciudadanos (http://lema.rae.es/drae/?val=democracia). Forma de gobierno que no organización del Estado. Es decir, primero damos una organización al Estado (república o monarquía) y luego le damos una forma de gobierno (aristocrática, democrática...).

No son palabras opuestas sino, en ocasiones, complementarias.

¿Por qué acudo a la RAE? Porque quiero hacerme entender por la mayoría de las personas a las que me dirijo. Si de forma arbitraria cambio el significado de las palabras y, por ejemplo, decido que democracia es una organización del Estado y no una forma de gobernar esa organización dada, lo que lograré es que no se me entienda o que mi receptor piense que quiero engañarle.

Las dos posibilidades me preocupan.

De ahí que, imperfecta, la República Romana fue República desde el 509 hasta Octavio Augusto (dictadura de César incluida), como, lamentablemente, lo es la Bolivariana de Venezuela.

Llegamos así a la segunda parte de nuestro debate: ¿cómo evitar que la mayoría se imponga a las minorías? En realidad, en la mayor parte de los casos, lo que se impone es una minoría sobre otras minorías. Hitler llega al poder con el 37% de los votos. Es decir, hubo un 63%, una mayoría, que no lo quiso. Ahí reside lo maquiavélico de la democracia. Casi nunca es la voz de la mayoría, sino de una minoría que se hace mayoritaria. Cualquier reforma encaminada a mejorar esto es bienvenida... salvo la confusión semántica.

Carlos: No sé cómo hacerle ver que esto no es un debate y que no tengo la menor intención de iniciar una polémica, un debate o una plática continuada sobre el tema y menos cuando se mantienen criterios firmes ya que ni usted me podrá convencer y obviamente yo tampoco podré convencerlo.

Usted pretende definir un sistema político por el significado que la Real Academia Española le da, en vez de entrar al estudio de la filosofía del derecho, de la teoría general del estado y del derecho constitucional que son las disciplinas que tratan sobre el tema.

Si no quiere aceptar que para que exista una república es indispensable que se den ciertos requisitos y que la falta de solo uno de ellos hace que el sistema deje se ser republicano y que, a pesar de que la dictadura de Julio César y la abominación del gobierno de Venezuela no respetan la vida, la libertad ni la propiedad, que desconocen la alternabilidad en el poder y que prostituyen la división de poderes y a pesar de ello usted insista en que dictadura de Julio Cesar así como la abominación Bolivariana de Venezuela son repúblicas, considero que no existe posibilidad de acuerdo y que aconseja dejar el diálogo.

No puede existir una segunda parte de nuestro debate ya que, para mí no tenemos ningún debate ni ha existido una primera parte.

Respeto su opinión y su criterio pero no lo comparto en absoluto. Creo que ambos tenemos criterios formados que será muy difícil cambiar y de seguir sería un cruce interminable de correos sin llegar a ninguna conclusión. 

Yo creo en la República, traté de crear una república para Guatemala y considero que si estudia la Constitución Política de la República encontrará que contiene el diseño de una verdadera república. El gran problema que ha afrontado nuestra Constitución es que en vez de haber sido aplicada ha sido interpretada de acuerdo a intereses personales, que han desvirtuado el sistema.  Le pongo como ejemplo la figura del amparo. El amparo es una acción constitucional que persigue la protección del individuo ante los posibles abusos de poder del estado. Sin embargo se ha distorsionado a tal extremo que el estado interpone amparos en contra de fallos de la Corte Suprema que favorecen a los ciudadanos.
 
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SOBRE EL AUTOR
J, Fernando García Molina
      José Fernando García Molina Guatemalteco, 67 años, casado, dos hijos, ingeniero, economista. Tiene una licenciatura en ingeniería eléct
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