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Mi Esquina Socrática

No esa tonada, José Rubén (III)
Fecha de Publicación: 17/03/2015
Tema: Guatemala
 
Por último, José Rubén, estoy plenamente de acuerdo contigo que el Gobierno que nos aflige bajo Otto Pérez Molina es tan pésimo como el anterior, a cargo de Álvaro Colom. Y que todos los que les precedieron desde 1986 abusaron igualmente de sus funciones aunque no a tan grande escala.
 
Lo que me lleva al siguiente punto: a todos ellos no los considero peores personas que sus críticos fuera del poder. Son las reglas del juego político, no los hombres, torpes y corruptibles como lo somos todos, en proporciones diversas, lo que nos mina el carácter, y también la paz y concordia ciudadanas claves del desarrollo.
 
Por eso propusieron hace unos cinco años sesenta y tres mil ciudadanos -y no sólo cinco mil como el mínimo que prescribe la Constitución vigente- quienes acertadamente presentaron un pliego de reformas a la misma, muy bien pensadas y armonizadas, que el pleno del Congreso, sin embargo, ilegalmente no quiso discutir con vista a una consulta popular que las refrendara.
 
La urgencia de hacerlo, empero, en el entre tanto se ha agudizado. Una razón, entre muchas otras, es el actual asedio que el Ejecutivo hace a este medio independiente de información. En un Estado de Derecho como el que perseguían tales reformas, ese acoso no solamente sería igualmente condenable desde cualquier punto de vista ético sino también muy efectivo de acuerdo a la letra y al espíritu de la ley de libre emisión del pensamiento, garantizada, aunque insuficientemente, por el Art. 35 de la Constitución Política de la nación.
 
El problema de fondo es la irresponsabilidad generalizada entre gobernantes y gobernados. La mejor evidencia de ello son las altísimas tasas de impunidad a todos los niveles de la administración de la justicia. Somos un pueblo acostumbrado a irrespetar la ley y las normas morales. Casi nadie en absoluto paga por sus transgresiones. Y eso empieza desde la cabeza, es decir, desde el Ejecutivo, y de ahí desciende por los otros poderes, el Legislativo primero, y, muy lamentablemente, también por el Judicial hasta los últimos y más insignificantes representantes de cualquier autoridad. Y así nos hallamos hoy, todos reducidos a que se nos considere desde el extranjero como menores de edad, y necesitados, ayer de una MINUGUA, hoy de una CICIG, mañana, tal vez, de una abierta intervención militar, todas no menos carcomidas por la corrupción moral pero que por llegar financiadas desde el exterior, y parapetadas tras multitud de privilegios pudieran “parecen” mediocres complementos de quienes teóricamente hemos elegido “para cumplir y hacer cumplir la ley”.
 
Y por eso también la caótica “defensa” de los derechos humanos que nos hiere tanto no es más que excusas para los violentos por ejemplo del CUC,  y pandillas afines, dentro y fuera del aparato estatal, con las que los pobres se mantienen sojuzgados y los ricos extorsionados. Y ¿nos preguntaremos todavía por qué seguimos innecesariamente tan subdesarrollados?
 
Catedráticos, profesores y maestros enseñan mal y obsoletamente. Magistrados, jueces y fiscales responden con demasiada frecuencia a intereses perversos o político-partidistas; militares y policías parecen castrados desde el gobierno de Berger por las autoridades civiles; la SAT no recauda, ni los Ministerios ejecutan. Y el servicio exterior es un indigente donde se reparten migajas a los que no lograron sentarse al banquete central.
 
Y, sin embargo, en la mayoría de los ciudadanos sigue vigente con fuerza la esperanza de un cambio que algún día nos acerque a un Estado de Derecho de veras.
 
Lo cual, sea dicho de paso, no es fácil de vislumbrar entre los candidatos punteros para las próximas elecciones generales. Por eso somos muchos los que rebuscamos entre los rincones de la oferta electoral opciones que aparenten ser mejores, como la del PAN con Juan Guillermo Gutiérrez a la cabeza, o de CREO, liderado por Roberto González Díaz Durán, o mi favorito del momento el Partido Libertador Progresista, con Zury Ríos Sosa como candidata a ser escogida para primera mujer electa Presidente de la República. Para cualquiera de ellos, mi rasero último es el grado de responsabilidad adulta que creo adivinar en cada uno en el ejercicio de sus funciones, incluido el apoyo sin restricciones a una consulta popular a la que sean sometidas las mismas  reformas a la Constitución de hace casi cinco años.
 
Por encima de todo, estamos urgidos de “ideas claras”, querido José Rubén, antes de proceder a elegir o a ser electos. La discusión pública de esa propuesta de reformas sería la mejor educación cívica para todos. Y su aprobación, la certeza de una reforma positiva del Estado guatemalteco que nos encamine a un siglo XXI muchísimo más fecundo en todo lo bueno que el XX que le ha precedido.
 
La raíz, por tanto, de nuestra postración colectiva creo poder identificarla en esa generalizada ausencia del sentido de responsabilidad personal no respaldada ni protegida por la ley, a todo lo largo y ancho del territorio y de la estructura gobernante del país.
 
Espero que nunca cejes en tu edificante labor periodística, que jamás claudiques ante la tonta comodidad que paraliza la acción cívica de los más, que no sucumbas a las presiones abusivas e inmorales de los poderosos del momento. Ellos pasarán, pero su deshonra los perseguirá hasta el día que hayan de rendir cuentas a Dios.
 
Y Guatemala habrá respondido a su vocación de paraíso, eso sí, sin serpientes anidadas en el monopolio del poder coactivo del país.