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Apuntes

Puestos y salarios
Fecha de Publicación: 14/05/2013
Tema: Energía

 Columna Apuntes

Puestos y salarios

Autor: Alfonso Rodríguez Anker

Fecha de publicación: martes 14 de mayo de 2013

 

En 1991 el INDE era una institución desprestigiada y prácticamente inoperante. Era la entidad responsable de un endeudamiento insolvente del país y en consecuencia la causante del cierre de las ventanillas de los bancos de desarrollo que financiaban los préstamos del gobierno en todas sus actividades. El Instituto estaba sobre dotado de personal, especialmente del personal no calificado que engrosaban las bases del sindicato probablemente más beligerante y agresivo que haya existido en la administración pública.

Bajo la amenaza, cumplida en varias oportunidades, de producir un apagón, los dirigentes sindicales ivan consiguiendo sus prebendas y concesiones de la administración de turno. Nunca las exigencias del sindicato consistieron en peticiones de beneficio nacional o por lo menos universal para los trabajadores de la institución al extremo que el personal profesional y técnico se agrupó en su propia asociación y mantuvieron una distancia apreciable con las acciones del sindicato.

Los beneficios económicos otorgados a los sindicalistas rápidamente aplanaron la curva de salarios del instituto a niveles fuera del mercado. Los peones ganaban poco menos que los profesionales y técnicos y la administración diligentemente descontaba de las planillas, las cuotas del sindicato. De esa forma, los fondos para su gestión estaban asegurados y sus asociados no podían negarse a pagarlas.

Y para garantizar la inamovilidad del personal, el instituto estaba emplazado en los tribunales de forma que era imposible despedir un empleado.

La moral de los trabajadores del instituto, en especial del personal profesional y técnico, estaba por los suelos y en la calle no estaba mejor la imagen de la institución.

El Ministro de Energía y Minas que me dio posesión del cargo, lo hizo en el ministerio y no en el instituto, para evitar enfrentamientos con el sindicato. En mi primer día como vicepresidente ejecutivo, pedí a la secretaria que llamara a los dirigentes del sindicato para presentarme y hablar con ellos, al toro por los cachos dice el refrán, me contestaron que cuando ellos tuvieran algo que decirme llegarían sin cita previa… las relaciones fueron siempre tensas y muy conflictivas. También era lógico que así fueran porque los objetivos de ambas partes eran diametralmente opuestos.

Para iniciar una reestructuración del instituto era obligada una clasificación de puestos y salarios y una reducción drástica de sus empleados

Se hizo una clasificación de puestos y salarios de acuerdo con los parámetros del mercado, y los incrementos salariales atados a la productividad del trabajador aprobada por su jefe inmediato superior. Esto no podía estar prohibido.

Verificamos que presupuestariamente pudiéramos poner la propuesta en vigencia y la sometimos a aprobación de la junta directiva. La propuesta fue aprobada y puesta en vigencia. La oposición del sindicato a pesar de que a las clases laborales de sus bases no se les reducían sus salarios, no se hizo esperar.

La confrontación duró 6 semanas durante las cuales el personal técnico y profesional tomó el control de todos los puestos de trabajo desde los que se podía producir un apagón que afortunadamente no sucedió. Hubo un sindicalista muerto que quisieron achacarlo a la administración y al conflicto, pero también afortunadamente, se aclaró que la causa de su muerte había sido un lío de faldas. El edificio de las oficinas centrales quedó lleno de pintas y mantas, mismas que retiramos y repintamos cargando los costos a la planilla de sueldos de los dirigentes sindicales bajo el concepto de reparaciones de daños causados a la propiedad pública, meses después perdimos el juicio y un juez nos ordenó restituir las cantidades retenidas; obedecimos al juez.

Entre las peculiaridades administrativas estaba el hecho de que el pago de las horas extras y el de los viáticos se hacía con meses de retraso y ello había desarrollado un camino de tráfico de influencias que los trabajadores, interesados en cobrar, debían seguir, aceitando el camino… hicimos los arreglos respectivos para que estos pagos extras se hicieran en la planilla correspondiente al mes en que se generaban. Otro lío con el sindicato, pero en esta oportunidad el apoyo a la administración de parte de los trabajadores fue manifiesta.

El segundo punto a resolver era el tema de la sobre dotación de personal. Un trabajo de tesis que analizaba las razones de porque los empleados públicos, tradicionalmente mal remunerados, seguían trabajando en las instituciones gubernamentales, nos dio la solución. Las causas eran simples e incluían los siguientes argumentos: la productividad no se cuestionaba normalmente, era posible hacer otros trabajos ajenos a la institución durante la jornada de trabajo, se disponía de insumos de escritorio e higiene gratis, los ingresos se ajustaban con horas extras y/o viáticos, el control administrativo era casi inexistente dado que esas prácticas eran casi universales entre todos los trabajadores y para terminar, los pasivos laborales no se hacían nunca efectivos porque al no poder ser despedidos, el retiro era únicamente por renuncia voluntaria. En el caso del INDE, su reglamento limitaba, arbitraria y en contra de lo dispuesto en la ley de la materia, la antigüedad máxima a 7 años.

Propusimos un plan de beneficios económicos para las personas que renunciaran voluntariamente. Los beneficios consistían en reconocer la antigüedad real que el empleado tuviera, sin límites arbitrarios y un beneficio adicional equivalente al 35% de sus prestaciones. El plan fue aprobado y puesto en operación el 1 de mayo de 1992 con la respectiva oposición del sindicato, pero la gente que quiso retirarse optó por esta oferta a sabiendas de que la oferta excluía la reinstalación del empleado en el instituto.  

La base de datos de los empleados del instituto estaba plagada de errores, lo que hizo prácticamente imposible estimar las cantidades de personas que tomarían la oferta de renuncias voluntarias y en consecuencia el monto de sus liquidaciones económicas. Acordamos con el Ministerio de Finanzas contar con un fondo para tales fines y poder cumplir a rajatabla con lo ofertado. En el proceso de renuncias y la consiguiente reducción del personal nos dimos cuenta que los costos adicionales al salario inherentes a un empleado, eran muy superiores a los de estrictamente las planillas y con los ahorros de estos gastos, se cubrieron los de la oferta.

Para el 1 de mayo de 1993, teníamos preparado un complemento a la oferta original que consistía en escalar la bonificación en forma inversa al salario del que la tomara, de forma que a los salarios más bajos correspondiera el beneficio más alto… por el golpe de estado que motivó mi renuncia, la nueva oferta no se puso en vigor.

Recibí en mi casa, una llamada telefónica del sindicato de Correos, pidiéndome asesoría para hacer en Correos lo mismo que se había hecho en el INDE. Asistí a una reunión con ellos en el edificio de Correos…pero ésta es otra historia.