ENSAYOS >
Título:     Tema:     Autor:    

Carnets

Los tres ingredientes
Fecha de Publicación: 05/03/2015
Tema: Transparencia

 

Hago referencia a mi artículo: “En busca de políticos honestos” publicado en Pi el 19 de febrero de 2015 en el cual presento una reflexión y comparación sobre la percepción que tienen los anglosajones y nosotros los guatemaltecos sobre la honestidad.

 

Si bien la honestidad, como un valor intrínseco, es un elemento importantísimo, necesariamente tiene que ir acompañado de otros valores fundamentales. Uno de ellos, el cual trataré en este segmento, es el valor de la igualdad.

 

Pondré en esta ocasión, como base de comparación a los escandinavos. De manera aún más estricta que los anglosajones, los escandinavos viven de acuerdo a lo que piensan y creen sobre el ser honesto. Los escandinavos viven congruentemente, la forma como piensan se refleja en la manera cómo actúan. Son honestos. Tienen tan claro su proceder que sobre esta base, no solamente coexisten sino también han construido su sociedad.

 

Describiré con un ejemplo el valor que ellos dan a la honradez: En las áreas rurales de Dinamarca y Noruega se puede encontrar a la orilla de caminos secundarios, productos agrícolas de pequeñas granjas. Usted puede acercarse a comprar lo que desee. Lo novedoso es la ausencia de persona alguna detrás del mostrador. Al lado de los productos en venta hay un cartel con los precios. Adicionalmente, se encuentra una caja para que se coloque en su interior, el dinero de la compra. Contiene monedas en con el objetivo de que el cliente pueda tomar cambio si fuera necesario.

 

Otro ejemplo de honestidad y confianza, es la forma de cerrar un trato. Basta estrecharse las manos ya que este gesto implica, inclusive por ley, un trato serio y formal, teniendo prácticamente, el mismo valor que la firma en un documento legal.

 

Honestidad = confianza

 

Un paso más adelante que los anglosajones, en mi opinión, los escandinavos tienen un principio adicional tan sólido como la honestidad: el principio de igualdad.

 

De la misma forma que la honestidad, la igualdad no es un concepto, tampoco un asunto de jerarquía.

 

Cualquier posición de trabajo, significa, en la sociedad escandinava, una forma digna de ganarse la vida. Alguien que recoge la basura, no tiene un empleo menos digno que el del gerente de un banco. Podrá variar su nivel educativo, su salario, su forma de vida, pero jamás habrá diferencia como seres humanos o como ciudadanos.

 

La igualdad se vive tal como se siente, basando en este principio el fundamento primordial de la sociedad escandinava.

 

Tú no eres más que yo. Yo tampoco soy más que tú. Ambos tenemos los mismos derechos. También ambos tenemos las mismas obligaciones y deberes ante la comunidad.

 

Es por ello que la sociedad noruega juzgó castigando severamente con su rechazo a un ministro por tomar diariamente de la “caja chica” del ministerio, una pequeña suma durante varios años, para comprar su periódico matutino. Nadie en el gobierno, ninguna “palanca” hubiera podido mantener en su puesto a este funcionario deshonesto, porque la sociedad lo había juzgado. Tuvo que ser despedido de forma inmediata, no sin antes hacerlo devolver la suma estafada, más unas cuantas multas adicionales y un tiempo detrás de las rejas.

 

También, está el caso la ministra de cultura a quien le fue suspendida su licencia de conducir por dos años al haber excedido el límite de velocidad. Este hecho, recibió un aplauso unánime entre la población. Tampoco sorprendió que la sociedad noruega aceptara, como si fuera lo más normal del mundo, que el Rey Olaf V haya tenido que quedar en lista de espera para ser intervenido quirúrgicamente.

 

Igualdad= justicia

 

La profunda conciencia y acuerdo acerca de que el bienestar es asunto colectivo, no de unos cuantos, repercute directamente en cómo un país se desarrolla. La preocupación del bienestar colectivo es lo que hace que los países escandinavos ocupen siempre los primeros lugares en las estadísticas de desarrollo a nivel mundial.

 

Si mi vecino está bien, yo estaré mejor, porque no representará en mi vida una amenaza.

 

En Guatemala es muy difícil comprender este concepto ya que tenemos una sociedad clasista, desigual, segregada y distanciada. Además tenemos la marcada tendencia a ser una sociedad individualista, poco solidaria, con una carencia casi total de sentido comunitario.

 

La debilidad de la sociedad guatemalteca, también proviene de la falta de aplicación de valores y principios. Estos quedan en simples conceptos. El espacio vacío que esto deja en la actividad política es inmenso. De allí que seamos tan permisivos con los gobiernos de los tres poderes del  Estado y con los gobiernos municipales. Nuestra tolerancia, que es descomunal, les ha permitido actuar en su propio beneficio.

 

En Escandinavia:

Los políticos proponen políticas serias. La sociedad las fiscaliza.

Los políticos actúan. La sociedad los premia o rechaza.

Los políticos son servidores públicos. La sociedad es quien manda. Los políticos no pueden estar por sobre la ley. La sociedad no lo permitiría.

 

En Guatemala:

Los políticos proponen pendejadas. La sociedad lo acepta.

Los políticos roban. La sociedad los premia.

Los políticos se creen dueños del país. La sociedad se somete.

Los políticos están permanentemente sobre la ley. La sociedad lo permite.

La conclusión es fácil: en países desarrollados la impunidad es inexistente. En Guatemala es lo que impera.

 

Mientras en Escandinavia el político piensa en cómo usar su inteligencia y su preparación para proponer políticas de desarrollo que favorezcan el bienestar de su comunidad, los políticos guatemaltecos piensan en cómo utilizar su astucia para burlar la ley y hacerse ricos en poco tiempo. Les  importa un comino lo que al país le suceda.

 

Mientras la sociedad escandinava está siempre pendiente, activamente y de forma constante, de que las leyes no se burlen y los políticos cumplan con sus deberes como servidores, la sociedad guatemalteca permanece apática, indolente, esperando que alguien más arregle la situación. La gente no se involucra pero sí se queja permanentemente de la pésima situación existente en el país.

 

¡Estamos mal! muy mal esperando que sean los mismos políticos deshonestos quienes lleguen a dignificar al pueblo de Guatemala. Seguiremos estando mal, mientras no logremos entender, que solamente la gente honesta, participando en política, puede llegar a ejercer una dinámica positiva, encaminar al país hacia un cambio positivo.

 

Si tuviéramos una buena dosis de honestidad en la política, una buena dosis de igualdad en la justicia, más una sociedad con valores que exigiera a quienes ha seleccionado como servidores suyos, otro gallo cantaría.

 

Si usted desea reenviar este artículo, al igual que con las demás publicaciones de Pi, por favor siéntase con plena libertad de hacerlo. Si desea hacer un comentario, este será bienvenido en pi.carnets@gmail.com