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Carnets

El sonido de la madera
Fecha de Publicación: 24/02/2015
Tema: Guatemala
Dedico esta historia a mi generación necesitada de cuentos infantiles. A quienes hoy son abuelos orgullosos, disfrutando a través de los nietos, el postre de la vida.

También está dedicada a mi amada marimba guatemalteca cuyos sonidos me hicieron sentir y vibrar durante mi juventud, y aún más en los años que viví en el extranjero. Especialmente aquella noche del 15 de septiembre de 2006. Entonces, con la sala llena en el Rikskonsert de Estocolmo, Suecia, la grandiosa Marimba de Bellas Artes inundó el espacio, transportando a la audiencia, con su magia poderosa, a la misma alma de Guatemala.

Dedico esta historia a nuestros grandes músicos e intérpretes, especialmente a mi amigo Alfonso Bautista, su director en aquel evento. Entonces, mi discurso de presentación fue el siguiente:
 
 

El sonido de la madera

Traducción de la versión original en inglés
Discurso de apertura
Marimba de Bellas Artes
Rikskonsert Estocolmo Suecia
15 de septiembre de 2006

Escrito por:
Susana Barrios Beltranena
Embajadora de Guatemala ante el Reino de Suecia (2004-2008)
 
Tres árboles conversaban en medio de la verde selva del Petén, al  norte de Guatemala. Los tres habían crecido juntos hacía mucho tiempo. Eran fuertes y  altos. También eran  generosos. Extendían sus amplias ramas para dar cobijo y descanso a todas las aves que deseaban pasar la noche en su follaje, proporcionando frescura de igual manera, a todos los animales que  se acercaban a descansar bajo su sombra.

Los árboles eran buenos amigos. Se protegían mutuamente de los rayos solares en las horas calurosas, manteniendo largas conversaciones sobre todo lo que sucedía a su alrededor. ¡Amaban al viento! Se divertían empujándose con sus ramas cuando el viento soplaba.

No conocían otra vida. En cualquier caso, no necesitaban o querían algo diferente. Se sentían afortunados, felices, sanos y poderosos ya que su vegetación, ramas y hojas sobrepasaban la altura de otros, disfrutando de las más maravillosas vistas.

Muchos años pasaron apreciando su vida, hasta que un día, hace no mucho tiempo, un gran loro llegó a posarse sobre una de sus ramas. El cotorro era  experto en  el parloteo. Conocido en los alrededores por sus chismes e intrigas.

Con una cierta picardía y mucho sarcasmo, les dijo:

Eh, eh eh ¿Están preparados para morir?

Los tres árboles detuvieron sus juegos, atónitos, sorprendidos e impresionados  con semejante pregunta.

Después de pocos segundos, cuando pudieron asimilar lo que aquello podía significar, comenzaron a mover sus ramas drásticamente muy asustados. Tan fuerte, que el loro tuvo que hacer un gran esfuerzo para mantenerse aferrado a la rama.

¿Qué estás diciendo? Preguntó uno de los árboles.

¡Ah!, dijo el chismoso loro, ¡pensé que ya lo sabían! No lejos de aquí hay hombres cortando los árboles de su especie en esta área. ¡Se encuentran muy cerca!

Al escuchar esto, los tres árboles se pusieron muy tristes. Ellos sabían lo que era morir, lo habían visto muchas veces con los animalitos que habían cobijado bajo su sombra, pero nunca pensaron que esto, alguna vez pudiera sucederle a ellos.

El loro, al darse cuenta de lo que había causado, con cuidado,  silenciosamente, hizo a un lado las hojas  volando lejos, sabiendo que una vez más, había hablado demasiado.

Los árboles no pudieron descansar esa noche.

El más alto preguntó a los otros dos:

¿Saben qué es lo que sucede cuando un árbol muere?

¡No!, contestaron sus compañeros cabizbajos.

¡Yo, sí sé! ¡Yo sí sé! decía una voz que salía detrás de las hojas

Un búho, que casualmente se encontraba de huésped en una de las ramas, se hizo presente.

Desafortunadamente, dijo levantando orgullosamente el pecho, yo sé lo que sucede a los árboles cuando los talan.

-Cuando eso sucede, lo convierten en madera.  De esa madera, algunas veces producen objetos, pero en un sinfín de ocasiones lo hacen leña y de la leña, cuando se quema, queda  solamente ceniza.

¡Uy! dijeron los árboles agitando sus ramas, ¡eso de la ceniza es terrible!

Los tres guardaron silencio intentando digerir lo que el búho les había dicho.

Si lo que el búho dice, es cierto, dijo el primero, morir no sería tan malo mientras no terminemos siendo ceniza.

Mientras esto sucedía, un rayo de luz comenzó a brillar en el horizonte.

-¡Miren!, dijo uno de los árboles. ¡Esta noche hay luna llena!  ¡Podríamos  pedirle un deseo cuando pase cerca de nosotros!

-¡Sí!, dijo el otro, ¡la luna llena puede conceder deseos! ¡Quizá pueda escuchar los nuestros!

-Luna lunita, dijo el primero conforme la luna iba caminando en la oscuridad del cielo, deseo convertirme en algo que se mueva. Nunca he podido viajar, siempre he estado plantado  en este lugar. Desearía conocer el resto del mundo.

-Luna, lunita, dijo el Segundo árbol, Mi deseo es convertirme en algo lleno de sabiduría para hacer que los demás comprendan las maravillas de la vida aquí en la selva.

–Luna, lunita, dijo el tercero, Desearía convertirme en pájaro para poder cantar.

El búho, escuchando todo lo que los árboles le decían a la luna, soltó una estruendosa carcajada y dijo:
-¡Estás loco? ¡Tú no puedes convertirte en pájaro! ¡Los pájaros que cantan no pueden hacerse de madera!

El tercer árbol se encontraba confundido. La luna estaba pasando y debía decirle su deseo pronto, antes que desapareciera.

-Está bien, dijo el árbol entristecido. ¡Al menos quisiera convertirme en algo que cante!

Mientras el búho continuaba burlándose del absurdo deseo del tercer árbol, la luna seguía creciendo detrás de las pirámides en su camino al cielo.

-Ya  escuché, dijo la luna, ya  escuché…

El día de hoy, el primer árbol esta navegando por el Caribe convertido en un hermoso barco de vela.

El segundo árbol esta en las manos de los niños guatemaltecos, convertido en libros llenos de colores.

El tercer árbol, se convirtió en marimba y el día de hoy, viene a cantar para ustedes.