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Argumentum

Las seis casas de Xibalbá
Fecha de Publicación: 20/02/2015
Tema: Política
En el inframundo maya, Xibalbá, era un lugar oscuro habitado por figuras aterradoras asociadas con la muerte, que podían aparecer en la obscuridad de la noche. Bárbara W. Fash
 
Desde que nos gobiernan los Señores de Xibalbá, en Guatemala, vivimos en el inframundo. Un lugar más bajo que el mundo que nos merecemos. No me refiero solo al actual gobierno, sino también a los últimos doce.
 
Hay que reconocer que ha sido nuestra total responsabilidad. Bien dice el dicho que sólo el hombre es el animal que tropieza dos veces con la misma piedra, porque por más daño que le haga, vuelve a votar por el mismo candidato.
 
En el inframundo hay seis casas y los guatemaltecos hemos decidido tomarlas para vivir.
 
La Casa de las Tinieblas, que es el primer estado de Xibalbá, los que viven en ella cerrarán sus ojos a la realidad, pues viven la total negación. Allí viven los mandatarios y otros altos funcionarios de los tres poderes del Estado.
 
La Casa del Frío, donde los que viven en ella se vuelven indiferentes, insensibles a lo que sucede a su alrededor. Es tan fuerte lo que perciben que no encuentran solución, se cubren con una capa de frialdad. Esa casa es habitada por un gran número de ciudadanos, la mayoría.
 
La Casa de los Jaguares, donde se agrupan los más agresivos y aprovechan el caos para atrapar presas débiles en momentos críticos. Son depredadores, hacen promesas falsas. Allí viven generalmente los políticos.
 
La Casa de los Murciélagos, los que viven en ella, solo hacen bulla, revueltas, promueven el odio y la lucha de clases, dejan su inmundicia regada por todos lados. Viven hambrientos de sangre y desangran al país. Allí viven quienes dirigen a los bochincheros, quienes los conducen a tomar carreteras, quemar buses, intimidar a la población…
 
La Casa de los Cuchillos, los que viven en ella, viven de intrigas políticas y venganzas. Tienen la apariencia de ser muy pacíficos y benéficos pero luego meten los cuchillos por la espalda. Sus lenguas son filosas, se encargan de complicar la verdad y la justicia. Portan emblemas para hacerse importantes. Los que viven allí son de los que tiran la piedra y luego esconden la mano. Esa casa la ocupan los directores de la CICIG y de algunas ONG’s.
 
La Casa del Calor, es donde viven los que se queman en las brasas y el fuego de la indignación, donde se sufre el ahogo del populismo. Los que viven aquí, gritan de dolor por las injusticias, los robos y los excesos de los Señores de Xibalbá. A los que viven en la Casa del Calor les hierve la sangre. En esa casa viven los ciudadanos conscientes de Guatemala.
 
El camino para salir de Xibalbá está plagado de peligros; es escarpado, espinoso y por completo prohibido para algunos ciudadanos. No tener acceso a la seguridad de la vida que se cambia por un celular o vivir dentro de un país donde los Señores hacen sus negocios sucios a pesar de la pobreza, nos ha vedado este camino.
 
Cada cuatro años se abre la puerta del inframundo. Podemos retar a estos Señores que nos han mantenido durante tres décadas en total impunidad. En septiembre y noviembre próximos tendremos una nueva oportunidad. Debemos actuar como los guatemaltecos astutos y mágicos que somos. Hagamos malabarismos con los pocos recursos a nuestro alcance, seamos como los gemelos Hunapú e Ixbalanqué, humildes y rectos. Hay que salir de los políticos populistas o totalitarios, que nos tratarán de engañar con sus palabras vacías, sus canciones populares, gorras, playeras y láminas. Tenemos que jugar con honestidad y entereza esa pelota de oro que es nuestro voto, porque hay que sacar del juego a esos Señores y mandar esa pelota al cielo.
 
No sigamos lamiendo nuestras heridas. No dejemos que nos ofrezcan espejitos a cambio de nuestro voto.
 
Hay necesidades mayores que el pan y el circo. No nos dejemos engañar como quinceañeras, por las fiestas nacionales, las flores en los parques, las bolsas solidarias, los aumentos de sueldos, las bicicletas paseando en medio de la calle pública.
 
No permitamos que las cavernas se sigan tragando a la ciudad. Exijamos que no nos roben y que no exijan más impuestos para robar más. Que nuestra seguridad sea asegurada y no prometida. Exijamos que no nos asalten en medio de un tráfico infernal, que no nos maten por un celular o por no pagar las extorsiones de un funcionario público. ¡No dejemos que los políticos nos prometan nada! ¡Exijamos pruebas! Pasémosles la prueba del polígrafo en público si es necesario, sin privilegios, como cualquier empleado que pide trabajo.
 
El abuso de poder, el caos y la falta de autoridad política nos tiene minada la esperanza. Pero este año, necesitamos de nuestra conciencia ciudadana. Si no tenemos esperanza en el Gobierno, si los poderes Ejecutivo y el Legislativo son como ahora, entonces el Poder Judicial no será reconstruido y seguiremos habitando la Casa del Calor y la Casa del Frío y durante cuatro años más no podremos abandonar Xibalbá. 
 
 
   
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