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Teorema

Arpeggio
Fecha de Publicación: 17/02/2015
Tema: Arte
 
La música le da forma al silencio
 
Me encontré con Arpeggio, la primera vez, en noviembre o diciembre anterior. Desde entonces ha estado conmigo. Me acompaña durante los fines de semana haciendo que los momentos en soledad sean aún más placenteros.
 
Arpeggio: Música clásica, sensaciones nuevas.Así dice su tarjeta de presentación. Se trata de un nuevo canal en la TV abierta (no cable) el cual transmite 24 horas diarias de música clásica por el canal 43. Yo utilizo un televisor plano, de unos 5 años de antigüedad, con una antena interior de las conocidas como de “conejito”. Me parece que los modelos más antiguos (CRT) necesitan una antena UHF circular.
 
Un arpegio, define el sitio en la Internet con ese nombre (http://www.arpeggio.fm/) así: “Es también una forma de tocar, por ejemplo, el arpa, el piano o la guitarra, que consiste en crear una sonoridad con un conjunto de elementos armónicamente distribuidos. Así es como imaginamos un racimo de emisoras privadas de radio dedicadas a la música clásica dispuestas como un arpeggio en todos los países y grandes capitales culturales de América”.
 
Continúa exponiendo: “Sería ésta la primera red internacional de emisoras culturales en nuestro continente. Nos proponemos generar con esto un incentivo fortísimo a la actividad musical en la región difundiendo y promoviendo vivamente un mayor acercamiento y disfrute de la experiencia artística en todos los niveles sociales y en especial entre los jóvenes y personas de bajos recursos”.
 
La programación de Arpeggio, que no tiene anuncios, es principalmente de conciertos clásicos; también incluye opera y danza.
 
Pienso que la apreciación musical es algo que se adquiere con años de escucharla, entre otras cualidades que la favorecen o dificultan. También creo que el camino para alcanzarla puede ser tan largo como la vida misma. Algunas personas son capaces de lograr emociones tan profundas que una melodía les puede causar desde llanto hasta inmensa felicidad. Desde luego, esto sucede también con la música popular. Pero allí los acordes son repetitivos y la gama de sonidos es más limitada.
 
En nuestra infancia, la mayoría de guatemaltecos de mediados del siglo pasado, crecimos escuchando marimba y rancheras. Los más jóvenes lo hicieron oyendo hip hop y rap (y otros semejantes). Alguien afirmó, con mucha propiedad, que nuestra formación filosófica en vez de estar influida por Descartes, Kant o Hume, lo estuvo fue por Javier Solís, Pedro Infante y José Alfredo Jiménez. Triste realidad ¿no? Igual o quizá aún peor podría ser la visión filosófica de la vida diaria en las nuevas generaciones.
 
Se suele recomendar a las señoras embarazadas, escuchar diariamente música clásica con objeto de estimular la inteligencia de su hijo por nacer. Así también, seguramente, si las escuelas y colegios utilizaran una hora diaria dentro de sus programas de educación musical, para dedicarla a Arpeggio, al crecer, esos niños se habrán convertido en mejores seres humanos.
 
Es un mundo extraordinario el de la música. Especialmente el que se puede ver y escuchar desde esas poderosas cámaras discretamente ubicadas en el escenario. Los brillos del barniz en la madera de los instrumentos de cuerdas, el metal reluciente en los de viento, los colores, las emociones que los músicos manifiestan, la momentánea pasión reflejada en las líneas de su rostro, todo eso es expuesto en colores vibrantes por Arpeggio.
 
A diferencia de la música grabada, poder ver a los intérpretes y directores ejecutándola con sus instrumentos provee otra dimensión. ¿Ha escuchado alguna vez a Mitsuko Uchida como solista de piano? Si lo ha hecho, seguramente le ha encantado. Pero verla en plena ejecución, observar sus movimientos corporales, sus expresiones faciales y sus larguísimas manos deslizándose sobre el teclado, ora acariciándolas, ora presionándolas con fuerza, es un placer que se suma al de escucharla.
 
En fin, Arpeggio lo pone a uno en contacto con el genio humano en su más sublime expresión, con la música que ha trascendido los siglos, y con creaciones más recientes. Lo percibo como un tributo a la perfección que abarca tanto a compositores como a intérpretes y a los directores. Y verlo desde sus cámaras es como estar sentado entre ellos. ¿Qué más se puede pedir?
 
Arpeggio TV asegura que su programación será ofrecida gratuitamente en toda la región americana en formato SD y a los canales de cable en su versión SD/HD. Infructuosamente he buscado Arpeggio dentro de los canales que ofrece Claro TV. Tal vez sea solo cosa de tiempo. Ojalá, tanto esa como las demás empresas de cable pronto lo incluyan en su programación.
 
Desde luego, asistir a un concierto tiene ventajas: La emoción que causa la reacción de la gente y el ambiente que se crea dentro de la sala y en el intermedio. También los sentimientos de cada quien que, como siguiendo la batuta del director, inundan el espacio y alcanzan al más indiferente. Cierto, la sonoridad de los instrumentos y el concierto de sonidos son superiores. Pero verlo y oírlo por la TV tiene lo suyo.
 
Arpeggio es una magnífica compañía: la música, los músicos, los escenarios, el público, los trajes, los instrumentos, las lámparas, la iluminación del escenario, la oscuridad de la sala... Pienso en lo que puedan estar sintiendo los intérpretes, absortos en su ejecución, con involuntarias contracciones faciales, con movimientos cadenciosos... Y el director, como buscando meterse dentro del alma de cada músico para ayudarlo a sentir lo que siente él.
 
Arpeggio me ha ofrecido visiones y aún sonidos que no había encontrado en una sala de conciertos o que allí me pasaron desapercibidos.
 
En el sitio Web se lee que el Consejo Filantrópico está formado por Santiago Chotsourian, quien también figura como su Director. No menciona a nadie más. A juzgar por otros datos, él es argentino. Su sitio sigue diciendo que Chotsourian es licenciado en Música (UCA) en tres especialidades: Composición, Dirección Orquestal y Dirección Coral.
 
Siendo esa información así de escueta, no me sorprendió que nada dijera acerca de cómo llegó a figurar dentro de las opciones que en Guatemala ofrece la TV abierta.
 
Quien quiera que sea la persona que intermedió para que llegara con nosotros, y al propio señor Chotsourian, creo que puedo arrogarme, solo por este momento, el privilegio de decir en nombre de su teleaudiencia: ¡Muchas gracias Arpeggio!
 
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SOBRE EL AUTOR
J, Fernando García Molina
      José Fernando García Molina Guatemalteco, 67 años, casado, dos hijos, ingeniero, economista. Tiene una licenciatura en ingeniería eléct
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