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Teorema

El brindis del ciudadano
Fecha de Publicación: 21/12/2014
Tema: Política
 
Esta es la época de los saludos que patentizan la amistad y con los que unos a otros nos deseamos feliz Navidad y prosperidad en el año siguiente. Casi pidiendo disculpas por no seguir esa tradición, por ser socialmente incorrecto, quiero hacerle llegar un brindis distinto, con el cual sin embargo, espero recibir su acompañamiento y que junto a mí, copa en alto exclamemos ¡Salud! ¡Por ella!
 
Quiero brindar por Guatemala.
 
No por la de hoy, envilecida por las secuelas que ha dejado en sus habitantes la vileza de sus gobernantes y lo que han hecho de ella: un país que pudiendo ser de primera, la clase política lo llevó a tercera y que ahora, frente a una cuesta pronunciada, sus torpes y corruptos gobernantes metieron cuarta. Hoy en día, trastabillamos sin saber si habrá mañana, sin la certeza de que podremos subir esa cuesta.
 
No exagero. De los tres poderes del Estado, recordemos que uno quedó a cargo de magistrados cuya elección estuvo, desde el principio, rodeada por los  mayores cuestionamientos y abundantes tachas. Elección inundada con recursos de todo tipo que terminaron siendo dirimidos dentro de la legalidad, pero alejado de la conveniencia nacional y al margen de lo que es justo.
 
El Estado de Derecho es en Guatemala como un quinceañero que desde niño empezó a drogarse, a vincularse con maras, a llenar su cuerpo de tatuajes, a perder su camino, a ser cada vez más ajeno a su entorno y a los demás, a no cumplir sus obligaciones, a ignorarlas, a carecer de compromiso con nuestro país. Nunca, en toda nuestra historia llegamos siquiera a intuir como habría podido ser nuestra vida ciudadana de haberla vivido dentro del ordenamiento de un Estado de Derecho. A veces me pregunto: ¿Cómo habría sido si este hubiera alcanzado su plenitud?
 
Otro poder del Estado, el Poder Ejecutivo es, sin lugar a dudas el gran saboteador de ese Estado de Derecho, su mayor verdugo, el que lo diezmó. Aquí no mediaron cuestionamientos relevantes en el proceso electoral, simplemente, como pueblo, nos dejamos engañar. Una y otra vez las promesas electorales, las canciones, los regalos para sobornar y un mercadeo político perverso, nos sedujeron. Gobierno tras gobierno, hemos permanecido insertos en esa tradición miserable de elegir o a los peores o a aquellos que en su momento, consideramos “menos peores”. Las excepciones han sido pocas y efímeras.
 
Hace tres años, como otras veces antes, terminamos dejando en manos de una pareja cuya vocación para el saqueo y para cometer actos indignos terminó de destruir nuestro precario Estado de Derecho. Este siempre fue como un náufrago que obtuvo esa condición desde el primer día que se hizo a la mar y que cada vez navega bajo tormentas progresivamente mayores.
 
El Ejecutivo, sus diferentes gobiernos, han llevado al Estado de Derecho a ser lo que hoy es, un burdo remedo de lo que debiera ser. Con su permanente ausencia y las cada vez más envilecidas instituciones del Estado se ha fortalecido nuestra suspicacia, nuestra desconfianza, nuestra falta de fe y se nos ha llenado de temor. Todo lo contario a la confianza, la certeza, la convicción y el convencimiento que serían necesarios para restaurarlo.
 
El tercer organismo del Estado, el Poder Legislativo, es el que debiera tener la mayor representatividad nacional. Los diputados debieran representar al pueblo, no porque así lo manda la Constitución, sino como un hecho que se repite a diario. Pero no es así. Pero nunca ha sido así. Todo lo contario. Con la designación de Gudy Rivera y Arístides Crespo, el Organismo Legislativo parecía haber alcanzado niveles de vergüenza nacional. Ahora, lo que parecía increíble sucedió: uno peor que Crespo asumirá la representación nacional en enero próximo. Luis Rabbé presidirá el más importante organismo del Estado.
 
Se superó lo imaginable, nuestra capacidad para entender quedó corta. Con la vista puesta en el futuro, me pregunto con temor: ¿Hay algo más bajo que Rabbé? Porque si lo hubiera, y la tendencia no cambiara, quizá sea ese individuo lo que nos aguarde.
 
No, no podría brindar por esa Guatemala.
 
Brindo, en cambio por la otra. Por la visión de lo que puede ser con el potencial  de su gente. Por esa cuyos hijos triunfadores, en muy buen momento (por el alivio que causa a la angustia) destacara en su publicación del pasado viernes 19 Prensa Libre (no conseguí localizarla en la Internet, para referirla aquí).Es una revista con formato pequeño y grandeza de contenido distribuida en esa fecha. Brindo también por el valor del periodista de ese diario, Manuel Hernández, desconocido por la mayoría de los lectores, quien debió figurar allí. Algún día tendré el gusto de conocerlo y brindar por él, con él.
 
Brindo también por los empresarios que al poner en riesgo su patrimonio y endeudarse expresan su amor por esta Patria herida nuestra. Por esas sumas enormes invertidas en Cayalá y otras edificaciones, fábricas, complejos comerciales y habitacionales y todo cuanto se les permite hacer para que los bienes y servicios producidos nos sirvan a todos como consumidores. Brindo porque han tenido el coraje de permanecer en Guatemala en vez de salir corriendo hacia Miami, Costa Rica o Panamá. Brindo igualmente por los empresarios de Almolonga que diariamente ponen verduras de la mejor calidad en nuestra mesa y por los de San Juan, cuyas flores nos adornan la vida. Y por todos aquellos que proveen de un empleo a otros.
 
Brindo también por los “mojados”. Por su abnegación para con los suyos. Brindo por su determinación de irse, en contra de todos los obstáculos que se lo impiden (ver:http://www.opinionpi.com/detalle_articulo.php?id=370). Brindo por su voluntad de hierro, por su desesperación por una vida plena. Brindo porque ellos desde la simpleza de sus visiones y su falta de educación y cultura, representan la más indomable expresión del espíritu humano.
 
Brindo por esa Guatemala, que es fácil visualizar en el futuro, con tan solo borrar, por un momento, a la clase política de hoy, a la de ayer, a la de antes. Uno puede ver así, a un país que ante esa cuesta empinada puso segunda y tiene condiciones y pretensiones de convertirse en uno de primer orden. Y su capital, la ciudad de Guatemala, llegar a ser una de las capitales pioneras del mundo civilizado.
 
Brindo por esa Guatemala, que con solo excluir al sector político tan bien dibujara Prensa Libre el pasado viernes 19 en la publicación aludida. 
SOBRE EL AUTOR
J, Fernando García Molina
      José Fernando García Molina Guatemalteco, 67 años, casado, dos hijos, ingeniero, economista. Tiene una licenciatura en ingeniería eléct
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