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Teorema

Ninguno
Fecha de Publicación: 14/10/2014
Tema: Política

 Se dice que de la democracia lo único que obtenemos los ciudadanos es el derecho de votar para elegir a quienes habrán de gobernarnos ¡Qué va! Ni ese derecho nos queda cuando los candidatos están demasiado lejos de lo que queremos para nuestra Guatemala.

A principios de mes escribí un artículo que titulé Democracia representativa. Allí describía una forma de elegir a los diputados de tal manera que estos representaran a unos 25 mil ciudadanos o más.
 
Previamente había demostrado que con el sistema actual, que ya va para dos siglos de vigencia, los diputados representan a muy pocos o ningún ciudadano. En realidad, sólo representan al secretario general de su partido, quien termina siendo candidato presidencial. A él rinden pleitesía y obediencia ciega, es bajo sus órdenes que los diputados levantan la mano. Sostenía que los ciudadanos (excepto un número que no llega a uno de cada cien electores), no estamos representados.
 
Un amigo, comentó ese artículo en los términos siguientes: Buen artículo, Fernando. Se vale soñar. Todos estamos hartos. Y tiene mucha razón. Todas las visiones de una Democracia Representativa solo son un sueño y todos estamos hartos de mantener a una clase política que roba y esquilma de los tributos y que no satisfechos, también compromete el futuro de la descendencia nacional. Pero llegará un día que cambien las cosas. Quiera Dios que ese cambio no sea violento y abrigue los más altos ideales.
 
Ojalá los sueños que abrigamos los ciudadanos, ahora condenados a vivir en medio de pobreza y subdesarrollo, sirvan como base para construir una patria mejor para todos. Mientras tanto, deberemos seguir soñando y tales sueños deberán ser discutidos, estudiados, perfeccionados, ajustados, para que un día configuren esa patria renovada que habrá de llegar. He aquí, en las líneas siguientes, un nuevo sueño para ese día.
 
Hace unos 15 años escribí un artículo con el mismo título que este; fue publicado en Siglo Veintiuno. Unos dos años atrás, un columnista de Prensa Libre también desarrolló una idea semejante. Seguramente, en el mundo, la misma idea ha sido ya expuesta varias ocasiones, en diferentes idiomas y por distintos autores. Lo que evidencia que hay otros soñadores en otras tierras y que esos sueños, ahora gracias a una Internet desarrollada, son recibidos por más personas en mayor número de países.
 
¿Dónde está aquel que las lleve a feliz realización? Quien lo haga, posiblemente se convierta en líder de los ciudadanos honrados y acaso ellos lo reconozcan y agradezcan. Seguramente se tornará en verdugo de los politiqueros, quienes, ciertamente lo abominarán. Sospecho que cuando suceda, ese ejemplo se expandirá sobre todo el globo y doquier cambiará la forma de hacer política partidista.
 
Se trata de resolver un viejo problema haciendo uso adecuado de las herramientas de la  democracia. Como usted sabe, durante las elecciones generales (primera vuelta), una parte significativa de los electores, encuentra que ninguno de los candidatos les provoca la confianza necesaria para convertirlo, mediante su voto en Presidente de Guatemala.
 
Las reacciones son diversas. Algunos simplemente no se presentan a las mesas electorales. Otros votan en blanco. Unos más expresan su enfado escribiendo una mala palabra en la papeleta y así anulan su sufragio. Hay quien vota por un candidato, a manera de perjudicar a otro que encuentran más funesto que los demás. Pero los que más, ante esa disyuntiva, eligen al candidato que les parece menos malo y votan por él.
 
Dentro de esas posibilidades, la votación auténtica a favor del o de los candidatos que incluyen al ganador debe ser muy pobre. Esto sucede así porque tales candidaturas no provienen, de un liderazgo real, de convencer a los electores que ellos pueden resolver los problemas que afligen a la población. Se trata de candidatos que son producto del mercadeo electoral.
 
Entonces ¿cómo resolvería la democracia tal problema? Fácil: obligando por medio de la legislación pertinente a que la papeleta incluya una casilla, idéntica a los demás pero en blanco que abajo, en lugar del nombre del candidato, sólo diga “Ninguno”. Si “Ninguno”  tuviera más de la mitad de la votación, entonces “Ninguno” habría ganado la elección.
 
En consecuencia, esta habría de repetirse, digamos, tres meses después. Obviamente ninguno de los candidatos anteriores podría volver a participar pues ya los ciudadanos, en forma mayoritaria los habrían vetado. El triunfo de “Ninguno” habría que interpretarlo como si la mayoría de ciudadanos hubiera dicho a todos los candidatos presidenciales y vicepresidenciales en la contienda: “A ti no te queremos como candidato”. Desde luego que esa interpretación es correcta, ya que de lo contrario habrían votado por él.
 
En la segunda votación, muy probablemente el número de candidatos se haya reducido, será más pobre y directa. Y así, podrían desarrollarse varias votaciones hasta que sugiera un líder auténtico, capaz de captar la confianza ciudadana.
 
Se habrían perdido muchos recursos nacionales en los gastos de cada proceso electoral previo. También se habrían derrochado importantes sumas en la propaganda y publicidad de los candidatos. Los financistas de la campaña habrían perdido la inversión hecha y los beneficios que esperaban obtener se habrían esfumado. Pero habría valido la pena. El costo de seguir teniendo gobiernos que llegan al poder cargados de compromisos, es un costo que nunca debimos permitir.
 
Entonces, como decía el amigo antes referido: ¡Se vale soñar! A esto agrego que sí, que se vale soñar con una patria mejor, gobernada por hombres probos cuya preocupación y meta únicas sea el imperio de la ley, el desarrollo y la erradicación de la pobreza. Soñar con personas que puedan decir de corazón ¡Todo por Guatemala!
SOBRE EL AUTOR
J, Fernando García Molina
      José Fernando García Molina Guatemalteco, 67 años, casado, dos hijos, ingeniero, economista. Tiene una licenciatura en ingeniería eléct
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