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Teorema

Democracia Representativa
Fecha de Publicación: 04/10/2014
Tema: Transparencia

Puede contestar usted las siguientes preguntas: ¿Por qué la Constitución ordena a los diputados elegir a los principales funcionarios del Organismo Judicial ––OJ? ¿Cómo pudo quedar tan importante misión en manos de tan nefastos personajes? Cuando el Congreso elige a la cúpula del OJ ¿acaso no violenta la separación de poderes que ordena la misma Constitución? ¿Acaso no crea una subordinación natural del elegido ante su elector?

Al intentar contestarlas concluí que solo pueden ser respondidas en forma teórica, haciendo total abstracción de nuestra realidad político-criminal. La teoría refiere a los diputados como los representantes del pueblo afirmando que actúan en su nombre. Estrictamente hablando, los congresistas no representan a los departamentos que los eligieron sino a las personas que viven en ellos, principalmente a sus ciudadanos.

 
En la angustiosa realidad nacional, los diputados están alejados de sus electores. Es tal la distancia que separa a uno del otro, que los ciudadanos difícilmente recuerdan a quién dieron su voto. Es muy probable que ni siquiera puedan nombrar a los diputados de su departamento. Aún peor, me arriesgaría a apostar que muy pocas personas pueden citar el nombre de veinte diputados de los 158 que hay ¿Puede hacerlo usted? ¿Y a diez?
 
Si usted meditó mucho sobre su voto y aun así decidió otorgarlo a uno de los actuales congresistas y recuerda su nombre ¿se siente representado? ¿Se ha comunicado con él alguna vez? ¿Le ha comunicado su opinión sobre alguno de los importantes temas que allí se debaten y los argumentos que según usted debieran prevalecer?
 
¿Estuvo usted de acuerdo con que “su representante” aprobara a rajatablas la reforma tributaria de 2012? ¿Le pareció adecuado que él haya aprobado, en su nombre todos los préstamos que ha aceptado? ¿Se siente contento con la actuación de “su representante” en el aún no concluido proceso de selección de magistrados y jueces?
 
Si usted tiene la fortuna de haber respondido favorablemente las anteriores preguntas, entonces, me atrevería a pensar que usted votó por una de esas tres o cuatro excepciones, que si las hay, en el actual Congreso. Afortunado de usted porque la inmensa mayoría de ciudadanos no recuerdan por quien votaron y si lo recuerdan, lo niegan, rehúsan decirlo porque sufren de arrepentimiento y experimentan vergüenza.
 
Si los diputados no lo representan a usted ¿a quién representan? ¿Al departamento en el cual fueron electos ––a un departamento que no tiene expresión propia, que es una abstracción? ¿A ellos mismos? Me temo que no, que es mil veces peor. Los diputados representan al partido político en el cual momentáneamente se encuentran inscritos.
 
En cualquier momento representarán a otro, ya que el transfuguismo es la norma que rige. A ese partido deben absoluta obediencia, son completamente sumisos a sus instrucciones, ante las cuáles sin leer nada, sin investigar, sin detenerse a pensar siquiera, con la mayor sumisión levantan la mano.
 
Y los partidos políticos ¿a quién representan? ¿A sus afiliados? Nel. Representan los intereses personales de su dirigente máximo, normalmente Secretario General e indefectiblemente aspirante a la Presidencia de la República. Así es nuestro sistema de “democracia”, ese es nuestro sistema político real y esa la forma como se toman las decisiones.  El Estado de Guatemala, supuestamente organizado para proteger a la persona y a la familia y cuyo fin supremo fuera la realización del bien común, terminó teniendo como finalidad el bienestar de los dirigentes políticos, sus familiares y amigos más cercanos. ¿Y la población? ¡A pagar las cuentas!
 
Adonde quiero llegar es a dejar muy claro que la población no se siente ni se encuentra representada por el Congreso de la República. Y que este debiera ser uno de los pilares más poderosos y estables, el más hermoso de la democracia representativa. Tanto, que esas dos palabras suelen ir juntas para significar que la autoridad está en el pueblo, que es quien la ejerce a través de sus representantes.
 
Si este cimiento no funciona, toda la estructura del Estado se derrumba, como efectivamente ya sucedió, desde hace mucho tiempo. Aún si no hubiera otras causas, que las hay, esta sería suficiente para tal colapso. Quizá, esta sea la respuesta que buscamos cuando nos preguntamos ¿Qué sucede con Guatemala? ¿Por qué no logramos salir de este agujero oscuro y profundo? ¿Por qué no alcanzamos a ver un solo rayo de luz?
¿Podemos hacer algo para evitarlo? ¿Podemos cambiar el estado de las cosas? En realidad no lo sé, cunde el desánimo, el mal es poderoso. Pero me gustaría que fantaseáramos juntos un poco sobre una posibilidad. Aunque sea utópica, ya que precisaría de cambios constitucionales difíciles porque perjudicarían a quienes han de aprobarlas y a su statu quo. Veamos…
 
En las votaciones 2011 había 7.34 millones de ciudadanos aptos para votar. Votaron 5.02 millones en la primera vuelta. Estos eligieron a 127 diputados distritales (y otros 31 por listado nacional). En promedio, cada diputado distrital recibió 39,527 votos.
 
Si lo que se busca es elegir verdaderos representantes de los ciudadanos (los niños carecen de personería jurídica y ya son representados por sus padres), habría que utilizar un procedimiento de selección distinto, desligado de los partidos políticos.
 
He pensado, más bien soñado con uno como el siguiente: Un ciudadano cualquiera, interesado en representar a otros, digamos 25 mil o más, pasada la convocatoria a elecciones, se presenta ante el Tribunal Supremo Electoral ––TSE–– demuestra poseer las condiciones básicas como ser guatemalteco de origen y estar en el ejercicio de sus derechos ciudadanos; hace una prueba de polígrafo o semejante, que asegure que no se trata de una mente criminal y queda inscrito como candidato.
 
Una vez inscrito, el TSE le entrega cierto número de Actas de Representación (cinco mil, por ejemplo). El candidato debe acudir a sus electores (en cualquier parte del territorio nacional) para llenar las Actas de Representación, mismas que no requieren de notario. Cuando ha llenado las primeras cinco mil, las entrega al TSE y este le entrega otras cinco mil y así, sucesivamente hasta ajustar la cuota mínima (al candidato le conviene superar esa cifra para tener una reserva en caso de anulaciones).
 
El candidato tiene hasta la fecha de la elección general para completar las 25,000 representaciones necesarias para ser diputado. Estas pueden ser otorgadas por cualquier ciudadano empadronado, independientemente de donde viva. El número de 25,000 representaciones para 2015, debería aumentar en votaciones posteriores un porcentaje equivalente al crecimiento de la población de ciudadanos empadronados.
 
Al recibir las Actas de Representación llenas, el TSE las ingresa en una base de datos donde están todos los electores registrados y revisa que todo esté correcto (nombre, número y otros datos). Si los datos en una o más Actas de Representación no coinciden, las anula dando aviso al candidato. Si un elector llenó dos actas al mismo candidato o a dos candidatos, se anula ambas Actas de Representación y el elector tramposo queda fuera de la nómina de electores de ese año.
 
En el Congreso habrá tantos diputados como candidatos hayan conseguido y acreditado el número de representaciones establecido (los 25 mil del ejemplo). Estimo que difícilmente se llegaría a 100 diputados aunque, en teoría, podrían ser muchos más.
 
Anticipo que si algún candidato (o más de uno) pagara a un ciudadano para llenar una Acta de Representación con sus datos y firma, el mismo falso representado seguramente procedería igual con otros candidatos que busquen esa vía y tales representaciones terminarían siendo anuladas.
 
Desde luego que la reelección tendría que estar permitida. Ese sería el incentivo para que los representantes atiendan mejor a sus representados. Para que se interesen más en mantener contacto, recibir instrucciones, consultar la visión de sus representados, para obtener su confianza y volver a recibir una Acta de Representación suya en la siguiente elección.
 
El sistema también ofrece ventajas a los candidatos que no pueden costear su campaña dentro del sistema actual porque los pone en condiciones parecidas con aquellos que disponen de esos recursos.  Ambos deberán trabajar en establecer contacto directo con sus electores, explicar sus planes y visiones, convencerlos de que le permitan el honor de representarlos ante el Congreso Nacional de la República. Ya no habría cancioncitas.
 
Ya nunca más, los LIDER y los PP del futuro (quienes sea que los reemplacen) podrían reunirse de forma secreta y artera a tomar decisiones sobre préstamos que nos comprometen a todos en beneficio de ellos.
Para algunos líderes políticos actuales, como Joviel Acevedo (si es que pasa la prueba del polígrafo), conseguir las representaciones sería fácil. Quienes lo adversan comprenderán que es mejor porque así podrá exponer sus ideas. Porque cesarían esas entrevistas furtivas en las cuales Acevedo le retuerce el brazo al Presidente, hasta conseguir lo que quiere. Además, y principalmente, porque la democracia representativa es así, una donde todos los sectores se manifiestan libremente.
 
¿Verdad que suena bien?
SOBRE EL AUTOR
J, Fernando García Molina
      José Fernando García Molina Guatemalteco, 67 años, casado, dos hijos, ingeniero, economista. Tiene una licenciatura en ingeniería eléct
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