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Teorema

Una falsedad extendida
Fecha de Publicación: 01/10/2014
Tema: Educación

 Miente, miente, miente que algo quedará, cuanto más grande sea una mentira más gente la creerá. ―Joseph Goebbels

El Banco Mundial publica un listado de países con su respectivo gasto público en educación expresado como un porcentaje del PIB. En 2010 (no cuenta con datos más recientes para muchos países), Guatemala ocupó el puesto 97 entre 115 países. Su gasto en educación pública representó 2,73% del PIB.
¿Estamos tan mal como las estadísticas internacionales parecen condenarnos a estarlo? Creo que no. Pienso que si la comparación se hiciera basándose en la inversión total que la población hace en educación (a través de impuestos y por las cuotas que paga a los colegios), nuestro posicionamiento sería más alto.
En 2013, la población estimada para Guatemala era de casi 15 millones habitantes. En ese mismo año, 4.15 millones de alumnos se inscribieron en todos los sectores de educación formal preuniversitaria. Poco más de la mitad (53.1%) se registró en instituciones públicas. El resto, en establecimientos privados. [Cifras tomadas de Empresarios por la educación http://www.empresariosporlaeducacion.org/es/estadisticas.php]
Muy probablemente, el índice de deserción sea mayor en escuelas públicas que en colegios privados. De ser así, al finalizar 2013, las proporciones se habrían invertido, habiendo más estudiantes en lo privado que en lo público. Por lo tanto, sería válido estimar que alrededor de la mitad (quizá un poco más) de los estudiantes del país asisten a establecimientos privados y la otra mitad a instituciones públicas.
A mediados del siglo pasado, el sector privado atendía una población estudiantil mucho mayor que el sector público. Para llegar al equilibro actual de 50-50, influyeron dos factores principales. Por un lado, el estado destinó más recursos a la educación, especialmente en el área rural. Por el otro, aumentó los requisitos y formalidades para registrar, abrir y operar colegios privados. Esto redujo el crecimiento del número de colegios. Si bien la primera medida se puede considerar plausible, la segunda, definitivamente no lo es.
En 2013, el Estado destinó a la educación pública 10.75 millardos de quetzales, En consecuencia, el costo promedio de la atención a cada estudiante fue de 4,871 quetzales por año. Más o menos 487 quetzales por mes si se divide en 10 cuotas. 
Sobre la inversión en educación privada, no existen datos estadísticos consolidados. Seguramente, el costo de un colegio, debido a la necesaria ganancia de los propietarios, a que suele contar con mejores instalaciones, profesorado mejor calificado, servicio de transporte, mejor calidad de material pedagógico y a que tiene mayor proporción en educación secundaria, sea mayor que los 487 quetzales mensuales necesarios para dar atención a cada niño que asiste a las escuelas públicas.
Por lo pronto y exclusivamente con propósito de análisis, supongamos que el costo promedio en el sector privado esel doble que el del sector público. Así, los padres de familia habrían pagaron a los colegios cuotas de unos mil quetzales por mes. Siendo así, la inversión nacional en párvulos, primaria y secundaria (privada y pública), habría estado en el orden de 30 millardos de quetzales en 2013.
Las cifras anteriores no incluyen la inversión en estudios universitarios. El presupuesto de la USAC en 2013 fue superior a 1.46 millardos de quetzales. Ese año, se inscribieron cerca de 135,000 estudiantes, 46% del total nacional. El costo promedio de atender a cada uno de estos estudiantes fue 10,810 quetzales por estudiante al año.
En relación con las universidades privadas, una investigación de Prensa Libre dice: “En las privadas, los precios varían desde Q600, en una carrera técnica en la Galileo, [plan sábado, entiendo] hasta Q5 mil mensuales, en promedio, en la Francisco Marroquín”, (http://www.prensalibre.com/noticias/comunitario/Crece-oferta-universitaria_0_665933423.html.)
Asumiendo, también con el propósito exclusivo de desarrollar esta argumentación, que el promedio en las universidades privadas se encuentra próximo a 2,500 quetzales mensuales, entonces la inversión nacional en educación universitaria se encuentra cercana a 5.6 millardos de quetzales.
Así, en 2013, la inversión nacional en educación habría estado próxima a 35.6 millardos de quetzales, equivalentes a 9.1% del PIB de ese año. Lo anterior, sin incluir la inversión que hacen las empresas para entrenar y capacitar a sus trabajadores en sus instalaciones ni la inversión que el mismo propósito se desarrolla en centros como Intecap, Kinal y otros.
La tabla siguiente ayuda a situar la importancia de ese porcentaje para compararlo con el de países desarrollados. Se debe tomar en cuenta que esas cifras se refieren exclusivamente a la inversión pública en esos estados. No incluye la inversión privada como la estimada para Guatemala. Adelante se discute esa diferencia. Por lo pronto, recuerde que nuestra cifra fue de 9.1%.
Inversión pública en educación como % del PIB
Suecia
7.00
Canadá
5.50
Noruega
6.90
Estados Unidos
5.40
Finlandia
6.80
Suiza
5.20
Bélgica
6.60
Polonia
5.20
Reino Unido
6.20
Alemania
5.10
Sudáfrica
6.00
España
5.00
Países Bajos
6.00
Italia
4.50
Francia
5.90
República Checa
4.20
Austria
5.90
Japón
3.80
Desde luego, para poder hacer una comparación precisa, sería necesario considerar el gasto total en todos los países y para todos los niveles de educación. Esa es una tarea superior a lo que este artículo pretende.
En los países europeos mostrados, la educación es mayoritariamente provista por el Estado. En algunos, como Suecia, Noruega, Dinamarca y Finlandia, hay muy pocos colegios privados. Estos suelen ser establecimientos de larga tradición y alto nivel educativo, que prestan su servicio casi exclusivamente a sus élites económicas.
El verano pasado,  los príncipes de Noruega decidieron enviar a sus hijos Alexandra (10) y Sverre (8) a un colegio privado, lo que desató fuertes críticas de políticos de izquierda y de sindicatos. En España, pese a su larguísima tradición de educación privada, estos están por debajo de 20%; en el Reino Unido de 6.5%.
En Guatemala existe una gran carencia educativa, principalmente en su área rural. Más que de número (la tasa neta de escolaridad primaria en 2012 fue de 89.1%) tal debilidad se refleja en la calidad. La inversión en educación no llega a alcanzar el ritmo del crecimiento de la población que es uno de los más altos en el mundo.
La estructura poblacional de Guatemala exige crecientes inversiones en educación. La población infantil crece más que 400,000 niños cada año. En comparación, población decrece anualmente en 37 países. En ellos se la presión sobre los servicios públicos. Solo 34 países (de 243) tienen tasas de crecimiento poblacional más altas que la nuestra. Por lo contrario, en 208 esta tasa es menor, haciendo que las inversiones en educación sea menos ingente.
En Guatemala, los colegios y universidades privados atienden a más de la mitad de los estudiantes y suelen hacerlo con mayor eficiencia. Estos hechos hacen que las estadísticas internacionales, que nos ubican en los niveles más bajos, sean imprecisas. La prensa y los analistas locales no toman esta diferencia en cuenta y tergiversan, a veces intencionalmente, nuestra realidad educativa.
Permítame un ejemplo más fácil de seguir: En Guatemala el servicio de extracción de basura lo desarrollan pequeñas empresas individuales privadas. Es muy eficiente. A diferencia de otros países, nosotros nunca hemos sufrido una huelga de basureros. En otras latitudes estas han causado graves problemas de salubridad.
Las municipalidades administran los botaderos de basura; también barren y recogen la basura de las calles pero esta actividad edil es poco importante respecto de la que desarrollan los basureros privados. Hay un problema con las personas que recogen su propia basura: no habiendo depósitos municipales dispersos dentro de la ciudad, tiran las bolsas con desechos en sitios inadecuados. Pero se trata de un problema que cae más en el ámbito del incumplimiento de las leyes y reglamentos.
Ahora bien, si una organización internacional listara el gasto público en extracción de basura y lo expresara como un porcentaje del PIB, nuestro país posiblemente ocuparía el último lugar. Cualquier lector europeo indefectiblemente pensaría que literalmente nadamos en basura. Diría que cualquiera de esas ciudades africanas y asiáticas que enfrentan gravísimos problemas con sus desechos tiene condiciones superiores a las nuestras.
Aunque con menor dramatismo, las estadísticas sobre el gasto público en educación ocultan una realidad semejante: el problema es menos grave de lo que muestran.
SOBRE EL AUTOR
J, Fernando García Molina
      José Fernando García Molina Guatemalteco, 73 años, casado, dos hijos, ingeniero, economista. Tiene una licenciatura en ingeniería el&eacu
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