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Papiroflexia

El Mediterráneo de Braudel
Fecha de Publicación: 20/08/2014
Tema: Historia

 Al terminar la Segunda Guerra Mundial, recién salido del campo de concentración donde estuvo prisionero desde 1940, Fernand Braudel se puso a redactar su tesis doctoral, que a la larga, había de convertirse en uno de los libros referencia de cualquier historiador que aspira a ser un científico riguroso: El Mediterráneo y el mundo mediterráneo en los tiempos de Felipe II.

Braudel se había educado a la sombra de Lucien Febvre y Marc Bloch, los fundadores de la Escuela de los Anales, una escuela historiográfica que ambiciona analizar el pasado de una forma global: acudiendo a los archivos, pero también a los sitios arqueológicos. Consultando a los geógrafos y a los antropólogos, pero además entresacando de la literatura.

Braudel aplicó brillantemente los principios de sus maestros en El Mediterráneo. Aunque la última revisión de su autor data ya de 1963, el libro sigue teniendo una vigencia indudable.

No nos dejemos engañar por el título. Si bien es cierto que se trata de analizar un ámbito geográfico concreto, las costas mediterráneas en la segunda mitad del XVI, en realidad, Braudel reflexiona, con la excusa de Felipe II, sobre la forma de hacer historia.

Editado y reeditado sucesivas veces por el Fondo de Cultura Económico, El Mediterráneo son dos gruesos volúmenes de casi novecientas páginas cada uno, donde Braudel va desgranando los diferentes aspectos que un historiador (o un antropólogo, o un arqueólogo, o un geógrafo, o un sociólogo…) debe tener en cuenta a la hora de enfrentarse con el pasado. De partida, el marco geográfico, no entendido como un paisaje de fondo donde los acontecimientos se desarrollan, sino como el soporte físico que condiciona (pero no determina) el quehacer humano. A continuación, las grandes estructuras sociales: en esencia, las relaciones de intercambio, muy dinámicas, entre grupos humanos, intercambio de productos, pero también de ideas, de modas o de rivalidades. Sólo después, Braudel aborda las construcciones políticas o lo que él llama la Gran historia, la de los acontecimientos eruditos que los aficionados al pasado coleccionamos en forma de fechas, batallas o nombres de reyes.

Para Braudel, el protagonista de la historia es la humanidad entendida como conjunto de personas, no como masa. Unas personas que actúan, en muchos casos, repitiendo una y otra vez las mismas acciones hasta conseguir el resultado ansiado. La tenacidad del individuo en la búsqueda del éxito (de lo que ese individuo piensa que es el éxito).

Durante la lectura de El Mediterráneo llegamos a descubrir que Felipe II nos interesa poco, pero nos encanta saber de las cuitas comerciales de los marineros genoveses o venecianos; de las dudas de los nómadas saharianos al llegar a la costa mediterránea, entre enrolarse con los piratas berberiscos o regresar al interior del gran desierto; de las cortes principescas que en los duros inviernos de España o Turquía planeaban, en ocasiones de forma quimérica, las campañas militares del siguiente verano. Esa es la magia de Braudel: romper la barrera del acontecimiento singular para enseñarnos la cara de los verdaderos protagonistas del pasado: cada ser humano. Quizás recordándonos que también nosotros somos los protagonistas que construimos nuestra historia presente.

El Mediterráneo no es una lectura obligada para convertirse en historiador, pero flaco favor se hace a sí mismo el historiador, aficionado o profesional, estudiante o estudioso, que no lo lee.

 
 
   
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