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Teorema

Notables contra sinvergüenzas
Fecha de Publicación: 17/08/2014
Tema: Política
 
En Guatemala, hay una élite de personas que poseen dotes morales superiores a las del resto de la población. Son personas honestas e íntegras, condición que les es reconocida. Algunos se han convertido en personajes públicos y constituyen un referente para los demás. Durante toda su vida, ya entrada en un tercio o un cuarto final, han merecido el respeto de quienes los conocen y aun el de quienes no han tenido ese privilegio.

Estas personas han participado en empresas y proyectos tanto privados como de proyección popular, que siempre han fructificado en favor de la nación. Son personas caracterizadas por su afán de servir al país o a la comunidad. Muchas veces han descuidado su profesión, sus empresas y negocios y hasta a su familia, para participar en proyectos y programas de ayuda a los demás. Son las personas notables de Guatemala.

También existen sus antípodas, los más deshonestos, despreciados envilecidos, inmorales, perversos, desleales, innobles, inmorales, haraganes, tramposos, estafadores, ladrones, mentirosos, rústicos, violentos, "listos"... Se dice que no son muchos, sin embargo, causan la mayor parte del daño extrafamiliar que afecta a la población. Algunos de ellos están recluidos en las prisiones, pero no todos. Este es el grupo de los sinvergüenzas.

En medio, estamos nosotros, el grueso de la población. Un demógrafo posiblemente diría que en la población total somos más de 999 por cada mil. Esto es, somos casi toda la gente, con sus vicios y virtudes, con sus múltiples necesidades insatisfechas. En nuestro comportamiento ético, algunos nos afanamos por acercarnos al lado de los notables. Otros, menos cuidadosos, se encuentran más cerca de los sinvergüenzas. Pero todos somos la razón de la organización del Estado de Guatemala y nos acoge su fin último: protegernos y favorecer la realización del bien común.

Sobre esa base, Notables, Población y Sinvergüenzas, me permitiré plantearle seis preguntas en torno a las personas que han integrado los equipos de gobierno en Guatemala, de 1985 para acá, o antes si lo prefiere. Haga las excepciones que considere necesarias, pensando en las 300 posiciones más importantes en esos gobiernos:

Pregunta 1: ¿A cuál de esos tres grupos pertenecía la mayoría de esas 300 personas?

Pregunta 2: Los dirigentes actuales ¿de qué grupo provienen?

Pregunta 3: ¿Y los del gobierno de Colom, de cuál parecían salidos? 

Pregunta 4: Según usted, qué es lo más probable que suceda en 2015, cuando un nuevo gobierno asuma: ¿Estará integrado mayoritariamente por notables o por lo contario, lo que abundará serán los sinvergüenzas?

Pregunta 5: Si hubiera un grupo formado exclusivamente por los hombres y mujeres notables de nuestro país ¿Cree usted que tendría alguna probabilidad de triunfo? Deberá considerar que, por su honradez, el candidato tendría que explicar al pueblo que la recuperación del país tomará más de 20 años. Deberá decirle que en ese tiempo habrá necesidad de grandes sacrificios. Además, ese discurso suyo competirá con el discurso populista, falso y engañoso del candidato truhán.

Pregunta 6: El siguiente gobierno ¿será igual, peor o mejor que el actual? Esa es una pregunta muy difícil si no se toma en cuenta la tendencia ¿Venimos hacia abajo o vamos mejorando? En otras palabras, si compara el gobierno de Serrano o el de Arzú con el actual, ¿cree que hemos mejorado o que ahora hay más corrupción?

Supongo que al responder las seis preguntas, usted y yo habremos coincidido en cuanto a reconocer que la inmensa mayoría de individuos que llegaron al poder en los últimos 30 años o más, pertenecen al grupo de los sinvergüenzas. Posiblemente habremos reconocido que las posibilidades de triunfo de un hombre notable son insignificantes. Acaso también estemos de acuerdo con que el siguiente gobierno será un poco peor que el actual.

En resumen, estaremos de acuerdo con que históricamente hemos sido gobernados por sinvergüenzas y, lo que es peor, que nuestro modelo político nos condena a que en el futuro ellos sigan a cargo de la gestión pública. Más dramático aún resulta aceptar que la posibilidad de cambio es mínima.

Los analistas frecuentemente denuncian que el modelo político del país está “agotado”. Entiendo que con esa frase buscan expresar lo anterior. Que con ello se refieren a que se trata de un sistema que solo puede engendrar energúmenos monstruosos, gobiernos capaces de hundirnos aún más. Que se trata de un sistema político incapaz de reconstruirse a sí mismo, de auto regenerarse.

Tal vez debiéramos hacer como hacen los caficultores cuando su cafetal produce poco y de mala calidad: ellos arrancan los viejos cafetos de raíz porque saben que jamás mejorarán por sí mismo ¡Los eliminan, los extinguen, los aniquilan, los queman, los destruyen! Porque esa es la única manera de obtener una buena producción y de la altísima calidad que nuestra Guatemala puede dar. La decisión tiene un costo alto, pero el resultado vale la pena.

Nuestro sistema político es como un viejo cafetal que debió ser renovado hace muchos años. Ahora, cada vez nos cuesta más lo que produce, que es muy poco y de pésima calidad. Nuestra envilecida democracia quedó reducida a un sistema de votaciones donde las opciones son mayoritariamente entre sinvergüenzas. Tenemos que hacer cambios y estos deben ser profundos. Debemos empezar pronto, hoy mismo si fuera posible, de lo contrario se nos irá el tiempo; nuestros hijos adultos envejecerán, los nietos pronto serán jóvenes y los bisnietos, aun los que no han nacido, podrían ser niños que crezcan entre la ignominia que ahora vivimos.

A nosotros no toca hacer ese cambio. Debemos dejar de financiar a partidos y candidatos sinvergüenzas. Debemos negarles nuestro voto. Decir ¡No!, ¡No más!, ¡Basta! Debemos entender, con meridiana claridad, que no estamos a merced de ellos. Que son ellos, quienes dependen de nuestra benevolencia y que esta ya llegó al límite.

Tenemos que manifestar nuestra indignación ante diputados que bloquean el Congreso ¡durante un año! con el pretexto de interrogar a un ministro cuando una sesión debió bastar.

Las noticias describen consecuencias terribles de la sequía, afirman que la población más vulnerable sufrirá hambre por falta de frijol y maíz. Exhiben niños guatemaltecos detenidos en la frontera de Estados Unidos, hacinados y en condiciones penosas. Nos convierten en mudos espectadores de nuestra miseria, incapaces de reaccionar con dignidad. Se nos habla de tantas carencias, al tiempo que el gobierno gasta los impuestos para taparnos los ojos.

No podemos seguir inhibiendo nuestro enfado, ni perseverar en ocultar el enojo que nos causa saber que el gobierno gasta 42.5 millones de quetzales de nuestros impuestos para convencernos de que está haciendo una magnífica labor. Debemos expresar cuánto nos indignan esas campañas publicitarias que suceden mientras los hospitales carecen de medicamentos.

Tenemos que sacudirnos y cambiar. Necesitamos no uno sino varios gobiernos conformados por hombres notables. No debemos aceptar más "gobiernos de la misma loma".

Necesitamos una revolución, pero no una revolución convencional, de esas donde ciudadanos valiosos mueren a manos de otros que también lo son. No necesitamos otra guerra entre hermanos. Necesitamos una revolución de la inteligencia, una que nos haga, razonar y concluir con que debemos negar nuestro apoyo y nuestro voto a los sinvergüenzas.

Tenemos que involucrarnos todos, debemos razonar con quienes tengan más dificultad para hacerlo. Los ciudadanos debemos saber cuánto perderemos de no hacer el cambio y comunicarlo a los demás. Es una revolución sin armas, sin muertos, una donde haremos que triunfe la razón, una que aleje a los sinvergüenzas de las esferas del poder público.  
SOBRE EL AUTOR
J, Fernando García Molina
      José Fernando García Molina Guatemalteco, 67 años, casado, dos hijos, ingeniero, economista. Tiene una licenciatura en ingeniería eléct
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