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Teorema

El sistema
Fecha de Publicación: 11/08/2014
Tema: Política

El pasado lunes 4, Pi, Plaza de opinión publicó en su sección Comentarios, el que hiciera Federico Rodríguez-Paúl al artículo de Guísela Roldán con el título Certeza Jurídica y Prosperidad. Me llamó poderosamente la atención la parte donde dice: …cuando acabamos de ver un programa televisivo con la participación de un especialista en elaborar "encuestas electorales" que únicamente nos convierten en un factor estadístico adicional… Exclamé: ¡Cuánta razón tiene!

 
Rodríguez-Paúl se refiere a la entrevista que cuatro periodistas de Canal Antigua hicieron el domingo en la noche, en el programa A las 8:45, al señor Víctor Borge, de la firma Borge & Asociados. Canal Antigua destinó importantes recursos propios para contratar esa investigación. Así, su noticiero cumplía con informar a su teleaudiencia. Por otro lado, Borge & Asociados es una empresa seria, respetable y con amplia experiencia. Entonces ¿dónde está el problema?
 
Quisiera responder a mi propia pregunta con una historia: Después de una sublevación, un grupo de patriotas es condenado a muerte por el recién salvado presidente quien habría ordenado: ¡cortadles la cabeza! Además, anunció que permitiría que la sociedad decidiera si la ejecución sería mediante guillotina, guadaña, machete o cuchillo.
 
La prensa, divulgó informes técnicos, hizo reportajes, entrevistas y publicó artículos de opinión, destacando las ventajas y desventajas de cada instrumento; creó una discusión en la que se involucraron los ciudadanos. Aquí, el error está en no analizar la antojadiza sentencia. Discutir la forma del instrumento nunca debió ser, porque distrae y aleja a la opinión pública de lo que es importante.
 
¿Se entiende el error de discutir sobre una encuesta, en vez de hacerlo sobre la forma como plantean cortarnos la cabeza? ¿Acaso es importante quien será el verdugo? Que la encuesta esté muy bien lograda, que se discurra sobre el margen de error, sobre sus tecnicismos o sus resultados, eso es absolutamente irrelevante. Contratar a un experto para saber si un mal candidato subió o bajo puntos, o cuál es la intención de voto a su favor es preservar el sistema. La discusión debe centrarse en las aptitudes de los candidatos para gobernar Guatemala.
 
El asunto es ¿puede o no puede? La gente sabe la respuesta.
 
No creo estar diciendo nada nuevo. Todos lo sabemos. Cuando el TSE decidió suspender a 11 partidos políticos por campaña anticipada, de manera casi unánime, la reacción pública fue: ¡Qué bueno! Ninguno salió en defensa de los sancionados ¡ni ellos mismos!
 
Además, muchos ciudadanos, entre los cuales me incluyo, agregamos: ¿Por qué no los cierran de una buena vez y para siempre? Ahora, más de un mes después, me pregunto ¿por qué reaccionamos así? ¿Cómo es que una posibilidad tan remota y tan abiertamente ilegal como sería clausurar a los más importantes partidos políticos del país, llega al imaginario colectivo y libera un deseo largamente acariciado y reprimido? ¿Por qué ahora, en este preciso momento, hay tanta predisposición a abandonar el sistema legal establecido en mayo de 1985? La respuesta es fácil: Estamos hartos de los políticos y de sus partidos.
 
En marzo de 1982 un golpe de estado depuso al entonces presidente Lucas García. Aquella ruptura constitucional terminó no solo con el gobierno de Lucas sino también con el aún no iniciado mandato de Guevara. Entonces, la voluntad electoral del pueblo había sido burlada tres veces. Laugerud, Lucas y Guevara fueron electos por los generales que entonces controlaban el poder político del país.
 
A partir de 1985, todo cambió, para que no cambiara nada. La decisión de quienes deben gobernar pasó de los militares a los políticos, con otro gran cambio, a partir de entonces tal selección se hizo bajo el cobijo legal. Lo que permanece es una ciudadanía ausente en la selección de candidatos. Lo que persiste es la pobreza, la ignorancia y el atraso. Lo que continúa son los sobornos, los sobreprecios, el enriquecimiento ilícito…
 
Esta vez, igual que en anteriores elecciones, estamos por decidir si nos han de cortar la cabeza con guillotina, guadaña, machete o cuchillo. La ciudadanía ve las fotos en periódicos, televisión, revistas, vallas, muppies… y sabe, aunque odie confesárselo, que lo mismo sucedió la votación anterior, la que le antecedió, la previa a esa... Entiende que es muy fácil predecir que el gobierno que se estrene 2016, cualquiera que sea, muy probablemente será aún peor que el actual.
 
Si alguien se atreviera a decir una sola palabra en defensa del gobierno del señor Pérez, por ejemplo, que su falta de cumplimiento es por falta de recursos, yo me atrevería a citar un reportaje de Prensa Libre, del pasado jueves 8/8/2014. Allí se informa que su gobierno gastó, solamente en el mes de julio, Q42.6 millones en mejorar su imagen ¿Por qué no mejoró su realidad, habría sentenciado Borges?
 
De la votación 2015 resultará electo, no el mejor gobernante para el país, sino aquel que, bajo la dirección de un asesor internacional experto, haya hecho la mayor inversión en propaganda y publicidad dentro del mercadeo político más acertado. Los mejores anuncios habrán destacado características que muy probablemente el candidato no posee, pero son las que atraen más votantes. Se diría que se trata más bien de una competencia entre asesores políticos. A estos no les importa Guatemala. De aquí irán a otro país, donde competirán nuevamente entre sí.
 
Así como la publicidad de TV Offer es capaz de hacer que un televidente adquiera un juego de ollas que no tenía intención de comprar, de igual manera la publicidad es capaz de captar el voto de la multitud. Con el primero uno termina con un producto que, aunque no lo necesite, de algo le sirve. En cambio con el otro termina manteniendo al país en la ruina. Otro gobierno incapaz, seguirá apostando a la publicidad para convencernos de que se trata de “un gobierno que trabaja para usted”, que es “tiempo de solidaridad”, que “unidos vamos adelante”, que “estamos progresando” u otra patraña parecida.
 
El primer artículo de nuestra constitución dice que el Estado se organiza para proteger a la persona y a la familia. El segundo le ordena garantizar a los habitantes la vida, la libertad, la justicia, la seguridad, la paz y su desarrollo integral. Ni el gobierno actual, ni los anteriores, han acatado estos mandatos y nada permite esperar que aquel que se instale en enero de 2016 lo haga. Lo que sí hará, será involucrarse en aventuras empresariales que no le corresponden.
 
Ese es el sistema.
 
Aunque no hubiera sido hecho para funcionar así, a eso fue a lo que llegamos. El sistema favorece que los políticos vivan muy bien, que roben, que mientan, que no se les deduzcan responsabilidades. Permite que un personaje como Alfonso Portillo, convicto confeso de lavado de dinero robado en Guatemala y de haber dado muerte a dos personas en México, regrese convertido en gran elector.
 
Apropiarse indebidamente de los fondos públicos es un crimen que por generalizado, ha dejado de considerarse como tal. Estos criminales campean por la administración pública y son invitados por los medios a dar declaraciones. Solo Cerezo recibió una merecida, prolongada y sonora rechifla en el Mateo Flores. Después de eso, en los 33 años siguientes, ninguno volvió a exponerse. Las ceremonias se hacen en salones más reducidos y copados por partidarios que sin ninguna vergüenza los aplauden.
 
La política, posiblemente la más noble ocupación del ser humano en sociedad, es concebida como el ejercicio del poder, orientado a alcanzar un fin trascendente en favor de ciudadanos libres dentro de una sociedad igualmente libre. Pero la política también puede ser pervertida, como sucedió con muchas civilizaciones, llevando a la caída de grandes imperios. Aquí, en nuestra Guatemala, esa perversión nos ha sumido en una mediocridad que pareciera ser insalvable.
 
Creo que la podemos remontar. Pero hacerlo precisa entender que no se trata de algo que pueda resolver una votación. Que incluso, una revolución tradicional no garantiza nada. Que un golpe de estado no solo sería incapaz de arreglar el desastre sino podría acentuarlo aún más. La solución, demanda el concurso de todos, exige terminación y perseverancia.
 
Espero tener algo que aportar, ideas que buscarán oídos receptivos. Algunos de ellos acaso, con sus debidos ajustes y correcciones, puedan algún día ponerlas en práctica y salvarnos a todos, especialmente a nuestra descendencia. 
SOBRE EL AUTOR
J, Fernando García Molina
      José Fernando García Molina Guatemalteco, 67 años, casado, dos hijos, ingeniero, economista. Tiene una licenciatura en ingeniería eléct
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