ENSAYOS >
Título:     Tema:     Autor:    

Teorema

Los mojados
Fecha de Publicación: 02/08/2014
Tema: Guatemala

 La única finalidad por la cual el poder puede, con pleno derecho, ser ejercido sobre un miembro una comunidad civilizada contra su voluntad, es evitar que perjudique a los demás. “Sobre la libertad”. John Stuart Mill

Me disculpo anticipadamente por el término que uso en el título, mismo que podría sonar despectivo. No lo empleo en ese sentido. Mi actitud hacia esas personas no podría ser mejor. Considero digno de encomio y admiración la fuerza del espíritu humano que se manifiesta en un acto de migración indocumentada.
Imagine un rancho de la costa, piso de tierra, paredes de bambú, techo de manaco y en él a un hombre, que es muchos hombres, recostado sobre la hamaca que le sirve de cama, mientras sueña con irse a Chicago, a Nueva York, a California… Se trata de un individuo que vive en pobreza, en un país que también es pobre y que no le ofrece mayores oportunidades a él y a su familia, que parecen condenados a seguir siendo pobres.
Porque él sabe que su trabajo y condiciones de vida se parecen mucho a las que tuvo el padre de su abuelo y que si no se va, serán sus hijos quienes enfrenten el desafío que ahora a él le causa ansiedad. Sabe que cuando ellos tengan su edad, muy probablemente vivirán condiciones semejantes a las que vivía el abuelo de su abuelo. Y así, sucesivamente.
Sabe también que aquellos que han migrado, ahora viven con más comodidades que las que él se atreve a anhelar. Sabe que ellos ayudan a sus familias aquí, que sus hijos también se han ido, que se han educado y vuelto exitosos. Que después de varios años, dentro de los procedimientos legales norteamericanos, han aplicado a una permanencia legal y que algunos ya consiguieron una ciudadanía de segunda, que al menos les permite trabajar legalmente y tener acceso a los servicios públicos en ese país.
Sabe que esas condiciones provienen del trabajo de ellos, que su éxito ha dependido de su esfuerzo y buen comportamiento. Que quienes lo hacían, han dejado de beber, que nunca han sido delincuentes, que dentro de ellos no hay terroristas. Ellos no son hombres malvados; no llegaron buscando hacer daño a nadie. Arribaron en busca de un trabajo honrado, dispuestos a laborar más de 12 horas diarias si fuera necesario, y muchas veces lo fue. Ninguno llegó a exigir buenas condiciones laborales, mejores salarios, prestaciones adicionales o vacaciones más largas. Nunca participaron en huelgas, plantones ni protestas. Recibieron lo que les ofrecieron y se mostraron agradecidos por la oportunidad de enseñar cuánto valían.
El hombre en la hamaca está totalmente decidido a marcharse ¿Cómo no va a estarlo, si tiene tan poco que perder? Arriesgará un dinero que no tiene y su propia vida, una vida en la que no consigue verse en el futuro, a menos que se vaya. Sólo lo detiene el dinero, debe reunir 35 mil quetzales para dárselos a quien le servirá de guía. El “coyote” tiene experiencia porque ha hecho el mismo viaje muchas veces. Aun así, él  siente desconfianza. Teme que lo pueda abandonar a medio camino. Pero eso es parte de los riesgos que debe asumir.
Le preocupan más los peligros a que estará expuesto cuando atraviese México. Tiene que hacer acopio de todo su valor y entereza para pensar en atravesar ese territorio. México equivale a permanentemente caminar sobre el filo de la navaja. Su temor no proviene solo de los Zetas, le han contado que hay muchos grupos de villanos como ellos y que eludirlos es cada vez más difícil. Ellos, saben lo frágil que es un migrante, incluso un grupo de migrantes (los indocumentados están fuera del sistema seguridad mexicano). Los secuestran, roban, violan, sodomizan y muchas veces asesinan. Los grupos de ayuda son organizaciones voluntarias a las que no  siempre tienen acceso.
Ya en la frontera, el muro, los túneles, los ríos contaminados, el desierto y acaso aún peor, la migra, son obstáculos mortales. Cuando han logrado superar la odisea del viaje, estar en una ciudad enorme, no saber inglés, conservar el miedo de ser atrapado, carecer de un lugar donde dormir, tener hambre y sed, y bajo esas circunstancias, conseguir un trabajo es pan comido después de lo que tuvieron qué hacer para llegar.
Antes de irse, el migrante indocumentado conoce todo por lo que debe pasar y aun así decide marcharse ¡Cuánta fiereza! ¡Cuánta voluntad de hierro! ¡Cuánta desesperación por tener una vida plena! No sé qué pueda pensar usted, pero confío que no sea lástima o conmiseración, que no la merecen. Que por lo contrario, al razonar sobre la valentía, el esfuerzo, la determinación, sobre esa decisión firme, enérgica e inflexible para llegar a la meta trazada superando todos los obstáculos, crea conmigo que el migrante es merecedor de una ovación. Tal vez, también esté de acuerdo, con que se trata de una de las más altas manifestaciones del espíritu humano.
El migrante indocumentado también sabía antes de irse que Estados Unido tiene leyes férreas en contra de la inmigración y que estas deben ser respetadas. Pero ese hombre, que es muchos hombres, con muy poca educación pero capaz de razonar, acaso se preguntó: ¿Por qué debo respetar las leyes de un país que no conozco? ¿Acaso espero que los americanos me consideren un individuo civilizado, bien educado, respetuoso, ciudadano ejemplar…? ¿Por qué?, si no soy ni lo uno, ni lo otro, ni lo otro, ni... ¡ni! Si me permiten vivir y trabajar allí, seré más respetuoso que nadie de absolutamente todas sus leyes. Si no me lo permiten ¿Por qué habría de respetar esa única ley que me niega un futuro?
¿Acaso es esa una ley que proviene de las más altas aspiraciones humanas de Justicia? Si es verdad que en la Ley Natural, la libertad del individuo acaba donde empieza la libertad de los demás ¿acaso estoy  violentando la libertad de otras personas? ¿Se trata cuando menos de una ley justa, de cumplimiento generalizado? ¿O es una expresión discreta de la “Ley del Odio” de Arizona, que aplica solo sobre individuos con determinados rasgos físicos? ¿Por qué los ingleses no requieren de una visa para entrar a los Estados Unidos? Los alemanes, los franceses, italianos, daneses, finlandeses… y un largo etcétera, tampoco ¿Por qué también hacen excepciones con los diplomáticos y personas de mayor riqueza?
¿Por qué, en casi todos los países, algunas personas de tez blanca y solvencia económica, sin mayor trámite, sin costos especiales, obtienen una visa para entrar y salir muchas veces durante cinco diez años, mientras otros podemos esperar ese decenio sin recibirla? ¿Acaso los hombres de negocios no entran con una visa de turista, llegan precisamente a hacer negocios y se van dos días después con algún contrato millonario? Ciertamente, el trabajo de ellos es honrado y  digno pero el del mojado no lo es menos.
¿Cómo es que las autoridades de Estados Unidos cerraron los ojos todos esos años ante la inmigración que llegaba a cortar naranjas y manzanas? ¿Por qué callaron tanto tiempo sobre todos los latinos que cubrían los turnos de la noche en los restaurantes de comida rápida o que se encargaban de limpiar los baños? ¿Cómo puede entenderse que los sindicatos se alíen contra los migrantes indocumentados argumentando que les quitan las plazas de trabajo a los americanos? ¿Cómo puede un indígena de Huehuetenango que ni siquiera sabe hablar español, que no lee ni escribe en ningún idioma ni dialecto, que siempre padeció desnutrición crónica, quitar el trabajo a un americano que terminó la escuela secundaria, que es sano, fuerte, grandote, seguro de sí y que no tiene que vivir escondiéndose de la migra?

Pueden elevar más el muro, contaminar más los ríos, usar más cámaras y drones, pueden poner más policías, levantar otro muro de la vergüenza, esta vez en el Suchiate; pueden hacer cuanto quieran, que mientras no consigan doblegar el espíritu humano, aplastar el deseo de prosperar; que mientras el sueño americano tenga vigencia, habrá migrantes indocumentados. 

SOBRE EL AUTOR
J, Fernando García Molina
      José Fernando García Molina Guatemalteco, 67 años, casado, dos hijos, ingeniero, economista. Tiene una licenciatura en ingeniería eléct
OTROS TÍTULOS DEL MISMO AUTOR:

Ver todos