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Teorema

La migra
Fecha de Publicación: 01/08/2014
Tema: Justicia

 El domingo pasado recibí un correo que muestra de medio cuerpo a un piel roja, posiblemente apache. Sobre la foto hay dos rótulos grandes en inglés, el que está en la parte superior refiriéndose a la cara pálida, dice: ¿Así que están en contra de la inmigración? Hay un espacio en el centro y otro abajo, agrega: ¡Magnífico! ¿Cuándo desalojan?

Me pareció que se trataba de una buena ocurrencia y decidí compartirlo con el grupo de mis más apreciados amigos usando el correo-e. Que sean buenos amigos no significa que estemos de acuerdo en todo. Uno de los más conspicuos, adoptando el tono enérgico de la oficina de migración de USA, respondió: Ese no es el punto, Fernando. El punto es la inmigración ILEGAL. 
A esa parte del comentario respondí que prefería llamarle inmigración –o migración— indocumentada. La diferencia entre inmigración ilegal e indocumentada, es más que un formalismo semántico. Este artículo y el o los que le seguirán (porque el tema da para mucho) buscan desarrollar mejor ese y otros conceptos. Desde luego, la referencia es directa hacia a los guatemaltecos que van a los Estados Unidos y son deportados de ese país. En este proceso, me parece que intervienen tres partes: El gobierno de los Estados Unidos a través de su oficina de migración (la “migra”) y por absurdo que parezca, ¡el gobierno de Guatemala!
Empecemos por Estados Unidos. Este país es, y siempre fue (porque a ellos debe su nacimiento como tal) un país de inmigrantes, como sugiere la foto aludida. De no haber sido por todas las personas que, desde 1600, han llegado, a lo que hoy es los Estados Unidos, ese país no sería la potencia que hoy es. Antes de que llegaran los migrantes, su población cazaba búfalos salvajes para alimentarse y así lo había hecho por siglos. Nada indicaba que fueran a pasar a una etapa de pastoreo o a un período agrícola.
Muchos de los primeros inmigrantes fueron hombres violentos que llegaron a conquistar, a despojar de su territorio a los nativos que habitaban esas praderas. Los masacraron; el moderno término de genocidio aplica perfectamente a lo que entonces sucedió allí. También es cierto que otros fundaron ciudades, introdujeron la tecnología de la época y crearon una propia muy desarrollada. Que ellos (unos y otros por irónico que resulte) son los artífices de que ese país se haya convertido en la potencia mundial que es.
Enviados principalmente por el Reino Unido, España y Francia, estos hombres llegaron con propósitos guerreros a invadir, a conquistar, a sembrar su bandera en territorio ajeno. Un artículo de Wikipedia afirma que dentro de ellos llegaron unos 50,000 hombres convictos de crímenes realizados en sus respectivos países. Como contraste, también dice que ya para 1634 había cerca de 10,000 puritanos asentados en Nueva Inglaterra.
Posteriormente llegó el grueso de la inmigración europea, con un propósito común: Todos querían progresar, pasar de pobres a ricos. Buscaban libertad para desarrollar sus inquietudes, su intelectualidad, su potencial humano. La inmensa mayoría era gente que buscaba escapar de la pobreza, del hambre, de la enfermedad y miseria que se habían apoderado de sus respectivos países. Consiguieron su propósito y son los ancestros de quienes ahora disfrutan de la sociedad que ellos establecieron.
Empero, los pobladores de Arizona y de muchas otras ciudades, que son descendientes de los primeros inmigrantes, parecen ignorar su propia historia. Han olvidado que, en muchos sentidos, los nuevos inmigrantes latinoamericanos son una réplica de lo que fueron sus antepasados. Tampoco parecen recordar que Arizona fue parte de México hasta 1848 y solo pasó a formar parte de la Unión Americana en 1912. De lo contrario, si lo supieran, o recordaran, resultaría aún más complejo explicar que hayan desarrollado tan marcado odio xenófobo hacia los migrantes.
En Arizona promulgaron la “Ley del Odio”, que criminaliza a los indocumentados y considera presuntos culpables a todos aquellos que por su apariencia puedan parecer inmigrantes. Es como si en Guatemala una de esas organizaciones de delincuentes que financian los países del norte de Europa invadiera una finca, matara a casi todos y después, ya instalados en la propiedad, pusiera un rótulo diciendo: “Quedan terminantemente prohibidas la invasiones”.
Hay muchos elementos comunes entre la inmigración que inicialmente pobló las regiones que ahora se conocen como Estados Unidos de América y la que en estos días llega procedente principalmente de Guatemala, México, Honduras y El Salvador pero también de otros países latinoamericanos y asiáticos. Los impulsa la búsqueda de un bienestar que no consiguen alcanzar en sus países de origen en donde sufren de pobreza y ausencia de futuro. También les une el propósito férreo de progresar, de tomar cualquier trabajo, de sufrir las más grandes incomodidades y peligros.
Los primeros colonos llevaron civilización a esos territorios; el grueso de los inmigrantes de hoy, poco o nada pueden aportar en ese sentido. Pero sí en otros, principalmente como mano de obra poco calificada, y lo hacen y lo han hecho durante más de un siglo. Los países desarrollados necesitan tanto de la mano de obra poco calificada como los países subdesarrollados necesitamos de la mano de obra calificada. Por eso en Estados Unidos hay tanta demanda por trabajadores latinoamericanos. Por eso a ellos les resulta más fácil encontrar un trabajo formal allá que aquí. Por eso es que los empresarios locales corren riesgos enormes cuando los contratan.
¿O la “migra” piensa que quienes los contratan son subversivos dedicados al sabotear su propio progreso y el de su país? Y, ¿por qué de repente resulta que la inmigración indocumentada es un crimen de magnitud casi terrorista? ¿Seguirá siendo igualmente importante el tema migratorio después de las elecciones del 4 de noviembre próximo? 
SOBRE EL AUTOR
J, Fernando García Molina
      José Fernando García Molina Guatemalteco, 67 años, casado, dos hijos, ingeniero, economista. Tiene una licenciatura en ingeniería eléct
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