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Mi Esquina Socrática

La “decencia”, hoy, la pronuncio “Israel”
Fecha de Publicación: 15/07/2014
Tema: Notables

 

Otra vez los misiles asesinos zumban sobre la parcela más venerada del planeta.

De nuevo la angustia y los llantos de los padres y las madres por puro miedo que sus trayectorias apunten a sus hijos.

Una vez más, el repetido derroche en armas para truncar el mayor número posible de vidas jóvenes.

Y, como tantísimas otras veces, tales víctimas desesperadas son judíos.

Y casi como por rutina, se les pide, encima, paciencia, autocontrol, mansedumbre, porque esperarlo de sus implacables y cobardes agresores todos sabemos que sería inútil.

¿Hasta cuándo, pueblo admirable, podrás crecer, “…como raíz de tierra árida”, que dijo Isaías, y que tú, sin embargo, ante nuestros ojos, has sabido convertir en un jardín? ¿Por qué continúas despreciado y marginado, me pregunto, en este mundo de mediocres, incapaces de emular tanta gloria en las ciencias y en las obras de benevolencia como las vuestras? ¿Será, quizás, por el resentimiento mal sano de haber sido vosotros los primeros en anunciarnos un Dios que se nos ha querido revelar como persona? ¿O porque tu Moisés todavía nos exhortó a cumplir con diez mínimos mandamientos que nos han hecho de veras humanos, “a la imagen y semejanza de nuestro Creador”?

¡Oh Naciones Unidas en la hipocresía de “lo políticamente correcto”!

¡Oh payasos impotentes que pactáis temblando con las fuerzas del mal!

¡Oh ciegos jactanciosos para discernir entre lo más elementalmente justo y lo más elementalmente injusto!

¡Oh corazones de piedra que se han apresurado a borrar ya de sus recuerdos el más terrible holocausto humano de la historia! ¡Y que todavía toleran, de los más despiadados, que se ceben en quienes a duras penas sobrevivieron!

¡Oh sedicentes cultos y sofisticados del siglo XXI, que siempre forman filas con los más numerosos, nunca de los más veraces!

Te aplaudo, hermano mayor nuestro, pueblo que nadie menos que Mahoma calificó de Hijo del Libro, porque de acuerdo a él en tu diminuto vergel todavía tienes espacio para hospedar a un millón de musulmanes buenos, que viven en paz gracias a tus leyes democráticas, y que prosperan por las libertades civiles que vosotros les habéis compartido.

Gracias, hijos de Abraham, porque habéis preferido no guardarnos rencor a nosotros, los indiferentes, después que fuimos testigos, por siglos, de que os privaran de vuestros bienes, y, muy recientemente, hasta de que os humillaran mortalmente, marcados con una infame estrella amarilla que sirvió, para millones, de pase “legal” a los crematorios de Auschwitz y Bergen Belsen…

Os felicito, familia de Ben Gurión, de Moshe Dayán, de Golda Meír, y demás héroes patriotas contemporáneos, que al estilo de los Macabeos de antaño habéis hecho cumplir, a puro arrojo heroico, entonces como ahora, la profecía de la tan ansiada restauración de la casa de David, aunque fuera en ese rincón del Mediterráneo oriental que se os ha dado por heredad para que la convirtierais en “la tierra que mana leche y miel”.

Te agradezco, Benjamín Netanyahu, que, prudente, todavía no hayas desatado la furia de vuestros tanques para barrer con los terroristas que parapetados en la Franja de Gaza tras civiles inocentes desde allí os martirizan, a la espera, vosotros, de otro gesto del más elemental sentido común como aquel de Anwar Sadat, lo mínimo que os es dado esperar de vuestros agresores, y del común de las naciones “neutrales”.

Incluso, muchos somos en Guatemala quienes os agradecemos el silencio discreto de vuestra Cancillería con el que habéis neutralizado la puñalada infame del Canciller de Guatemala que reconoció a tontas y a locas un “Estado” palestino que jamás ha existido, ni siquiera en tiempos de los romanos.

Reanudáis, casi dos milenios más tarde, vuestra marcha de cuarenta años por los secos barrancos del Sinaí; pero no dudo del desenlace final: la Tierra

Prometida ya está definitivamente en vuestra posesión. Que aúllen los lobos ideológicos, que os muestren sus colmillos las hienas del extremismo, que los buitres que os calumnian giren ominosos sobre vuestros arenales.

Nada importa, pues ya estáis en casa, bajo la protección divina y el concurso y simpatía de todos los hombres y mujeres de buena fe que pronto, espero, habrán de imponerse.

 

¡Shalom! 
 
 
   
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