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Teorema

Condena en Ginebra
Fecha de Publicación: 06/06/2014
Tema: Justicia

 

La indignación en un sector de la población es profunda, mueve a la acción, a la manifestación pública de repudio.

¿Son los amigos de Erwin Sperisen haciendo ruido? No lo creo. Entiendo que el ex director de la Policía Nacional tiene una personalidad más bien huraña, que incluso, es un tanto hosco. Que es un hombre de pocos amigos, aunque con esos pocos, los lazos sean profundos. Posiblemente la inmensa mayoría de quienes experimentamos ese resentimiento es gente que no lo conocemos.

¿Entonces qué? Creo que se trata de un sentimiento generalizado de injusticia. Acaso la pérdida de confianza en la justicia suiza que era vista como un baluarte universal. Y sin ese referente ¿en dónde queda el concepto de la justicia misma? Sin ese modelo, sin esa visión de la justicia, sin ese norte ¿cuál es el camino a recorrer? ¿Hacia a dónde ir? Este fracaso de la justicia suiza nos deja sin nada en qué creer, nos refuerza en aquel primitivo concepto de ojo por ojo...

Escucho voces decir que los jueces suizos no estaban calificados para juzgar a Sperisen, aunque legalmente sí estuvieran habilitados para hacerlo. Que su falta de calificación deviene de su desconocimiento del entorno guatemalteco. Que ellos ignoran la forma de pensar y de ver el estado de cosas que priva en nuestro país. Que son incapaces de visualizar, de comprender, la gran distancia entre el desarrollo suizo y el guatemalteco. Que acaso piensan que se están comparando con los italianos.

Pero esa enorme diferencia con Guatemala existe. Aquí hay gente que roba niños para venderlos y... gente que los compra. Algunas poblaciones al atrapar a un ladrón, lo han quemado vivo o lo han muerto a golpes. Y no son casos aislados. Entiendo que hasta hay una estadística para registrarlos y diferenciarlos de otros. Hay niños y niñas violadas por sus propios padres, abuelos, hermanos... Eso no ocurre en Suiza, por lo menos no con la frecuencia que ocurre aquí.

Pavón estaba lleno de prisioneros de la más alta peligrosidad. Ellos no habían sido condenados a muerte porque tales condenas implican un embrollo político para el presidente. De lo contrario los habrían fusilado, a ellos y a muchos otros en ese penal, entonces y ahora. Esta mañana escuché al abogado Linares Beltranena declarar en un programa radial que solo había doce reos criminales. Que los demás estaban allí por faltas. Casi afirma que se trataba jóvenes que se habían emborrachado la noche anterior. Pero fue allí donde jugaron fútbol con la decapitada cabeza de un recluso ¿Qué te pasa Skippy? Tú lo sabes mejor que yo, porque tu trabajo profesional te exige frecuentar ese mundo.

Entonces ¿hay dos justicias, una para los países civilizados y otra para los que no lo son? Juzgue usted. En alguna época, Suiza y los demás países europeos también fueron como ahora nosotros. Cuando los helvecios, antiguos celtas, ocuparon Ginebra, debieron suceder hechos que ahora la moderna legislación suiza condena ¿se habrían atrevido a juzgar a uno de esos hombres, ancestros suyos? ¿Cuál habría sido la sentencia de los jueces de haber juzgado a aquel hombre de Galilea, o a Mahoma? ¿Cuál habría sido su sentencia en contra de Roosevelt? ¿Se vale juzgar con las mismas leyes a un suizo o un escandinavo que a un mam o un quiché? ¿Es eso justo? Y si en esos casos extremos, fuera injusto ¿en dónde empieza a ser justo? ¿Pueden los tribunales suizos juzgar con justicia a un hombre actuando en un entorno tan diferente como el de Guatemala?

Los guatemaltecos tenemos gran estima e incluso admiración por los suizos. Nos quedamos boquiabiertos al escuchar comentarios sobre el orden público en suiza, sobre sus calles y sus parques. Nos admira saber que una celebración debe terminar temprano y en silencio de cementerio para no molestar a los vecinos que descansan. Eso, dado nuestros hábitos y costumbres nos parece irreal, hasta extravagante. Aquí algunas familias, cuando celebran un cumpleaños, le queman cohetillos en la madrugada al celebrado. Y, aunque no son frecuentes, todavía hay esposos que, con algún arrepentimiento, llevan serenata a su esposa para desagraviarla. ¿Y los vecinos?, que se la gocen o que se jodan.

Nos gusta suiza, aunque consideremos un poco aburridos a los suizos. A pesar de tanta simpatía, la mayoría creemos que no nos gustaría vivir allí. Que hay demasiadas regulaciones. No estamos hechos para ser tan obedientes, respetuosos, ordenados. Y es esa la diferencia de actitudes que deseo subrayar. No creo que, en un sentido amplio, los suizos sean mejores o peores personas que nosotros. Solo que somos diferentes. Y que son esas diferencias las que les impide juzgar a Sperisen con justicia. Y que tal vez sean esas diferencias las que los jueces suizos están juzgando.

Claro que un jefe de policía suizo habría actuado de forma diferente. Claro que habría sido muy cuidadoso con la ley, las reglas, las apariencias. Posiblemente si Sperisen se hubiera comportado como jefe de policía suizo, haciendo exactamente lo mismo que en el fondo hizo, habría sido declarado inocente.

Me pregunto: ¿Cuál habría sido el veredicto para Sperisen de haber enfrentado un juicio justo en Guatemala. Un juicio donde no hubiera una CICIG comprando testigos, donde se hubiera escuchado el testimonio de personas honorables y no hacer descansar el veredicto en el testimonio de exasesinos y exhomicidas ¿Acaso su crimen fue acudir a Suiza en busca de justicia?

También hay mucha molestia por el fallo de culpabilidad. Si tal crimen fue cometido ¿Cuál habría sido el móvil que condujo a Sperisen a cometerlo? ¿Qué ganó? ¿Dinero? ¿Poder? ¿Quedar bien con alguien? ¿Era tan alta su necesidad de reconocimiento como para matar? ¿Acaso es un psicópata o un sociópata? Señora juez: ¿Cuál fue el móvil del crimen?

Lo encuentra culpable de haber asesinado a sangre fría a uno de los reclusos estando este desarmado e inerte ¿Sperisen? Yo no puedo creer esa versión señora juez. Si usted dijera que se había liado a golpes con él y lo había golpeado con los puños pienso que eso cabría dentro de un esquema de posibilidades. Pero más allá de eso... Solo que su señoría se hubiera dejado convencer por el documental y otras patrañas de la CICIG, lo que no habla muy bien de usted.

 ¿Cómo pudieron ustedes afirmar que no hubo enfrentamiento armado cuando se trataba de los hombres más peligrosos del país, de un país pleno de hombres peligrosos, estos fuertemente armados y con mucho que perder? ¿Saben ustedes que aquí, criminales de poca monta matan (con arma blanca cuando carecen de un revólver) para robar un teléfono celular?

 ¿Cómo creer entonces que los recluidos en Pavón no iban a responder a la incursión en el penal de manera violenta? Hoy mismo se dieron reacciones violentas en un penal menor, por una requisa para buscar celulares de los prisioneros.

Si lo que entonces se quería era asesinar a siete criminales reclusos ¿Por qué montar el mayor operativo policial y militar que se ha visto en el país? Por qué ponerse previamente bajo la lupa de la prensa, del Ministerio Público, de los derechos humanos, de la comunidad internacional… de todos ¿Para qué, cuando en el penal matan hasta por una cajetilla de cigarrillos? ¿Puede la señora juez responder esas simples preguntas?

 

Porque la falta de respuestas a preguntas tan simples ha hecho que cunda la indignación en un amplio sector de la población que cree, que ansía creer que existe la justicia de los hombres, si no aquí, tal vez allá en la bella Ginebra.

SOBRE EL AUTOR
J, Fernando García Molina
      José Fernando García Molina Guatemalteco, 67 años, casado, dos hijos, ingeniero, economista. Tiene una licenciatura en ingeniería eléct
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