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Teorema

Conclusiones del documental de la CICIG
Fecha de Publicación: 01/06/2014
Tema: Transparencia

 Imagine que en un saco de sal cae un grano de azúcar y que todos los granos de sal cobran vida para ponerse en contra suya. Lo atacan salvajemente, lo quieren aislar, encerrar para siempre… Así veo a Sperisen, sólo, pobre, deprimido… debilitado ante tantos y tan poderosos enemigos de una izquierda internacional que busca, con avidez, tener una victoria, sin detenerse a pensar que, a cambio, se sacrifica la fe en la justicia.

 

En el juicio que se sigue en Suiza contra Edwin Sperisen, la fiscalía suiza sustenta los cargos en contra del acusado con base en la documentación presentada por la fiscalía guatemalteca y la CICIG. Esta mandó a preparar un documental cuyo propósito era ejercer presión pública a través de una historia concebida para predisponer afectivamente a quien lo viera, en contra de Berger, Vielmann, Giammattei, Sperisen, Figueroa y Rivera (Requiescat in pace).

 

El vídeo inculpa y denigra a sus acusados y a sus familias. Hasta el grado de señalar que la familia de uno de ellos siempre había apoyado las dictaduras. La última dictadura guatemalteca terminó en 1944, hace 70 años. Aún si tal sindicación tuviera sustento, su sola mención, además de ser una bajeza que exhibe el alma de la CICIG, no es un elemento atingente a la acusación.

 

En su producción cinematográfica, uno por uno, la CICIG acusa a sus implicados de haber escapado a países de Europa a esconderse de la justicia guatemalteca ¡Por favor! Es como decir que una oveja se salió del rebaño para esconderse en el centro de una manada de lobos. La justicia en los países europeos tiene brazos largos, muy largos; a su lado la guatemalteca simplemente carece de brazos ¿No podría ser que ellos se fueran a Austria, Suiza y España buscando justicia ante el acoso con que aquí los asediaba la CICIG?

 

En el documental, Víctor Rivera es considerado como el más grande asesino, en más de una ocasión, le llama “chacal”. Un espectador diría que el mayor criminal de Pavón era tan inocente como El Principito, al lado suyo. Nada dice acerca de que en abril de 2008 fue asesinado en Vista Hermosa, aunque la CICIG se acreditó la investigación posterior, señalando como responsable a un narcotraficante y otras once personas, consiguiendo sentencia condenatoria para ocho. Tampoco dice que fue Rivera quien diseñó, entrenó, supervisó y estructuró la inteligencia para convertir al Comando Antisecuestros de la policía guatemalteca en el cuerpo de élite policial que ahora es. El Comando Antisecuestros redujo notablemente esos crímenes en el país y ha asesorado a sus pares en otros países de la región. La CICIG peca de indigna e injusta, aún con los muertos.Nada dice de los casos de secuestro que ayudó a resolver,devolviendo a los agraviados al seno de sus hogares y familias.

 

Se podría analizar así casi todas las declaraciones insidiosas contenidas en el documental de la CICIG. Pero eso es la parte pública, la que consiguió incidir en los juicios ya concluidos en contra de Giammattei y de Figueroa. Ambos fueron declarados inocentes, uno por la justicia guatemalteca, el otro por la justicia austríaca. Tampoco son criterios que intervengan en el juicio que ahora se sigue Suiza contra Sperisen ni el que está pronto a ser iniciado en España contra Vielmann. El vídeo si ofrece declaraciones, muy entusiastas por cierto, de Javier Zaragoza, de la Fiscalía Nacional de España, quien podría haber sido persuadido por el documental. Si la CICIG llegara a ganar uno de estos juicios, muy probablemente querría iniciar otro contra Berger.

 

Un juicio seguido dentro del marco de la ley, culmina con una sentencia, absolutoria o condenatoria, a la que se llega luego de haber interactuado la fiscalía, a cargo de la acusación, la defensa, el jurado y el juez, quien en algunos sistemas, asume las veces de jurado. El acusado, cuyo futuro depende del veredicto, poco o nada puede hacer para influenciar el resultado, en especial cuando el juez no le permite expresarse personalmente.

 

La acusación proviene de la fiscalía y otros órganos o personas que se adhieren a esta. El juicio se basa en los argumentos que presenta la fiscalía y que debe sustentar con pruebas debidamente documentadas y con testigos. Considero válido asumir que el documental en marras contiene todos los elementos probatorios que la CICIG consiguió reunir en contra de sus perseguidos, en forma conjunta con la fiscalía guatemalteca. Tales documentos probatorios y listado de testigos han sido provistos a la fiscalía suiza, que actúa con apoyo y asesoría de la CICIG y en menor medida (especialmente después de la sustitución del Fiscal General) del Ministerio Público de Guatemala. No creo que tengan más que el contenido del documental, de lo contrario cualquier otra “prueba” habría sido incorporado al vídeo.

 

Hay una excepción: una experta colombiana afirmó que se trataba de disparos a corta distancia ¿Por qué no figura en el vídeo? ¿Cuál fue el temor que los llevó a dejar por fuera el único (en mi opinión) argumento probatorio de la fiscalía? Giammattei se refiere a esa declaración en su libro, Relato de una injusticia, negando validez a tal prueba. Hay que recordar que su juicio y consiguiente veredicto de inocencia, pese al enorme poder de la CICIG en nuestro país, sucedieron antes de que el vídeo fuera contratado. Hubo controversia entre Giammattei y la CICIG al respecto. Que esta “prueba” no sea referida en el vídeo tácitamente confiere la razón al exdirector de presidios. Para la justicia guatemalteca primero y austríaca después, esa no fue una declaración concluyente.

 

Así, el documental de la CICIG, considerado como compendio de pruebas, no tiene nada. Es como la publicidad de candidato mentiroso, populista y falaz pero con dinero para hacer una campaña exitosa. Por mucho que se le promocione, puede ganar la elección pero no cambiará su realidad. De diseccionar el documento, de quitarle el maquillaje, la música, el habladito… no queda nada, absolutamente nada. Solo las opiniones de la parte interesada, expresadas a través del comisionado Dall’Anesse, el fiscal Ulate, la Fiscal General Paz y Paz o Alberto Brunori, funcionario de Naciones Unidas. Además, queda la opinión de Rosada y Monzón, dos conocidos miembros de la izquierda local, que nada concreto aportan al caso. En el fondo, la CICIG solo cuenta con dos testigos, quienes eran presidiarios y que consiguieron su libertad a cambio de ofrecer esas declaraciones. Otro testigo es un enemigo personal de Giammattei, también referido minuciosamente por este en el libro ya referido.

 

Por lo contrario, en el lado de los acusados hay muchas personas de bien, gente seria, honrada, con mucho prestigio qué cuidar, que han ofrecido referencias acerca de ellos o que estarían dispuestas a hacerlo. Un caso emblemático es el ex Alcalde Fritz García Gallont quien viajó a Suiza, costeando su viaje con recursos propios, exclusivamente para dar testimonio a favor de Sperisen. No puedo dejar de comentar la nobleza del ex Ministro al declarar ante la corte suiza: Conozco a Erwin Sperisen demasiado bien. Es un hombre de sentimientos nobles, con valores y principios bien fundamentados, y es incapaz de hacerle daño a nadie. Mucho menos de matar a alguien. Esa es la calidad humana de los guatemaltecos dispuestos a expresarse en apoyo a los sindicados por una CICIG que, a su vez, se ha exhibido ajena a principios y valores actuando con iniquidad extrema. Aparentemente la CICIG ha conseguido evitar que Óscar Berger y Eduardo Stein comparezcan en calidad de testigos en el juicio a Sperisen. Además de ocupar los cargos más altos de la Nación se trata de personas honorables cuyo mérito es reconocido tanto en el ámbito nacional como internacional.

 

Post scríptum: La CICIG retiró de la Internet su documental titulado Ejecuciones Extrajudiciales en Centro América. Manifiesta que no ha autorizado su publicación a través de la Internet y que solicitó oficialmente su retiro. Responsabiliza de su contenido a Dall’Anesse y a su Consejería Política.

 

Uno se pregunta ¿Por qué ese cambio de actitud? ¿Por qué lo tuvieron guardado más de un año? ¿Por qué lo presentaron, cuando el juicio contra Sperisen se acercaba a la fase final? ¿Fue un acto desesperado de la CICIG, al advertir que el juez suizo había advertido toda la vileza encerrada en ese vídeo? ¿Resulta que la calidad ética del Comisionado Velásquez es muy superior a la de Dall’Anesse y quiere tomar distancia de aquel?

 

Muchas preguntas cuyas respuestas quedan en el aire. Pero abandonar el documental implica un reconocimiento a su mentira, a su suciedad, a su deseo de manipular un juicio en contra de personas que deben gozar de la presunción de inocencia. Hay expresión de debilidad en este acto de la CICIG, un desfallecimiento que, paradójicamente, podría estar enalteciéndola si sus móviles son éticamente correctos.

SOBRE EL AUTOR
J, Fernando García Molina
      José Fernando García Molina Guatemalteco, 73 años, casado, dos hijos, ingeniero, economista. Tiene una licenciatura en ingeniería el&eacu
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