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Teorema

El documental de CICIG
Fecha de Publicación: 28/05/2014
Tema: Transparencia

 

Alrededor de 2011, cuando Francisco Dall’Anesse Ruiz fungía como Comisionado Internacional a cargo de la Comisión internacional contra la impunidad en Guatemala ––CICIG––, se entrevistó con Oscar Feito, productor y guionista argentino y le solicitó realizar para la CICIG un peculiar documental.  Debía hacer una presentación tan convincente como posible de que en Guatemala se habían realizado ejecuciones extrajudiciales en el período comprendido entre enero 2004 y enero 2008.

Entonces, el país fue gobernado por Óscar Berger, régimen que, paradójicamente, gestionó que la CICIG viniera a Guatemala. Después de convenir con Feito los honorarios y forma de pago, Dall’Anesse entregó el material que había reunido sobre la toma de Pavón. Este consistía en documentos oficiales, películas y vídeos propios, otros provenientes de la oficina del PDH y de la Fiscalía. También entregó de un dosier con recortes de prensa y material presentado por la televisión nacional. En los meses siguientes le hizo llegar otros documentos con las conjeturas de la CICIG sobre ese tema. La particular visión del comisionado sobre los empresarios y la oligarquía guatemalteca yacían inmersos dentro de esa documentación.

Feito, de nacionalidad argentina, a su vez contrató a Román Lejtman, periodista también argentino, para que le ayudara a escribir el guion. Terminado este, procedieron a ordenar textos, fotos y filmaciones del material base que serviría para hacer el documental.  Lo presentaron a Dall’Anese para su aprobación y la CICG lo devolvió con algunas adiciones, mayormente conceptuales, aprobándolo. El material tenía más que el doble de la hora de duración que habían acordado. Esa duración ––pensaron— sería adecuada para presentarlo en las cadenas de televisión internacional.

Ya de regreso en Argentina, convencieron a Gabriela Dapena, oriunda de Salta y poseedora de una amplia experiencia en documentales y cortos y largos metrajes. Así, entre los tres crearon el guion, montaron la historia e hicieron un magnífico trabajo de edición. Es necesario reconocer que el documental, de casi 62 minutos de duración, es un trabajo técnicamente muy bien logrado.

Los honorarios que la CICIG haya pagado por él, indudablemente elevados, fueron bien retribuidos. La musicalización, que es excelente, acentúa las escenas más dramáticas de manera formidable. Por ejemplo, en la escena del ingreso de tropa y policía a Pavón, insertan el canto lastimero de una soprano profesional (¿Inva Mula Tchako en una aria de Donizetti?).El propósito del documental no es entretener sino hacer convincente su contenido. Para ello se utilizó hasta “el habladito” que utilizan los documentales de los canales de televisión por cable como Discovery, History o Biography. Así, uno puede pensar que está viendo un programa de esas prestigiosas firmas de la televisión mundial.

Si una persona, que vive en algún país lejano y tiene poco conocimiento de Guatemala ve el documental, seguramente dirá: ¡A la gran…! ¡Qué bárbaros! Y se quedará convencido de que los sucesos fueron como los pinta el vídeo. Pero la situación es diferente cuando el observador es un connacional o alguien que vivió aquí durante aquella época y dio seguimiento a los sucesos a través de las publicaciones de prensa y por conversaciones sociales sobre ese tema. Cuando esa es la situación, simplemente no se puede estar de acuerdo con el fondo del documental por más buena que sea su concepción artística.

Los observadores lejanos de esos acontecimientos fueron los funcionarios de CICIG que aún no estaba en Guatemala y desde luego, los argentinos a cargo de la producción. Además, hay que observar que tanto unos como otros emiten opiniones a sueldo. Y la credibilidad en la CICIG es tan baja como en Vinicio Cerezo.

Hay abundante evidencia de falsedad en el documental.

En primer lugar, me temo que es absolutamente necesario señalar las malas prácticas de la CICIG. Muchas de ellas, capaces de superar las de nuestro ancestralmente corrupto sistema judicial, lo que ya es mucho decir. Compra de testigos; soborno a personas para convertirles en testigos falsos; Otorga libertad y dinero a reos, a cambio de decir lo que la CICIG quiere que digan; inculpación de inocentes, sabiendo que lo eran;… y así, toda una lista de malas prácticas que Alejandro Giammattei refiere y documenta en su libro Relato de una injusticia.

También encuentro indigno, de lo más bajo y sucio iniciar el documental exhibiendo las heridas de una Guatemala que padeció 36 años de agresión armada interna financiada desde el exterior. De una Guatemala que ha sido gobernada, con pocas excepciones,  por sinvergüenzas dedicados al saqueo y al pillaje. Es cierto, como el documental señala, que somos una nación de personas pobres, es cierto que más de la mitad de los niños de nuestro país padecen desnutrición, que tenemos una de las tasas más altas de muerte por causas violentas del mundo. Eso, y más, es una verdad dolorosa para todos los guatemaltecos. Pero no era necesario que nos lo restregaran en la cara. Hay muchas cosas buenas en Guatemala, pero fuera del clima y el paisaje, CICIG no menciona una sola de ellas.

Desde luego, lo invito a ver el documental de la CICIG pulsando: https://www.youtube.com/watch?v=VeOcMqE4-9U&feature=youtu.be&app=desktopTal vez quiera que mañana lo analicemos juntos. También me permito recomendar el artículo de opinión de Alfred Kaltschmitt publicado ayer en Prensa Libre sobre el mismo tema: http://www.prensalibre.com/opinion/malditos-grises-Alfred_Kaltschmitt-de_mis_notas_0_1145885423.html

SOBRE EL AUTOR
J, Fernando García Molina
      José Fernando García Molina Guatemalteco, 67 años, casado, dos hijos, ingeniero, economista. Tiene una licenciatura en ingeniería eléct
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