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Mi Esquina Socrática

A LA SOMBRA DE OBAMA...
Fecha de Publicación: 07/05/2014
Tema: Política

En su lucha secular por la preservación de la decencia, la sociedad guatemalteca se ha anotado algunos éxitos, pero no muchos, tales, por ejemplo, como el movimiento cívico que puso fin a la infame dictadura de Manuel Estrada Cabrera en 1920, o aquellas trescientas once firmas que permitieron a los guatemaltecos en 1944 reanudar su vida democrática.

            Pero desde la promulgación del decreto 900 bajo Jacobo Arbenz, los demonios de otrora resurgieron y se inició de nuevo una pugna política enconada para ganarse la mente y el corazón de los guatemaltecos. El ideal difuso de un Estado de Derecho sin las arbitrariedades impunes de los más poderosos, se hizo cada vez más borroso para todos hasta el día de hoy.

            La semana pasada un futuro mejor que iluminara la vida de todos los guatemaltecos pareció más asequible con la no-inclusión de Claudia Paz y Paz entre los seis posibles nominables por el Presidente de la República para el cargo de Fiscal General.  Por eso me permito felicitar a este pueblo tan sufrido.

            Pero a renglón seguido, la Asamblea de Presidentes de los Colegios Profesionales retrocedió en ese afán colectivo por arribar a un mínimo de justicia y honorabilidad en la administración de la justicia igual para todos al reducir, sin razonarlo, a casi nada la codena que el Tribunal de Honor del Colegio de Abogados había hecho de la Licda. Iris Yassmin Barrios Aguilar, por su abierta y desvergonzada violación al debido proceso, como respuesta a la denuncia del también abogado Moisés Galindo que se querellaba con todo derecho de la imposición por ella de la defensa del General Efraín Ríos Montt, en contra de su voluntad y sin ni siquiera haber preguntado al acusado si lo aceptaba o no.

            El núcleo de la conflictividad social en Guatemala, desde 1952, ha girado siempre en torno a los reiterados abusos del poder legal por parte de quienes lo detenten coyunturalmente. Esto vale igualmente para todos, para los de la izquierda el centro y la derecha del espectro ideológico.

            En Guatemala la política ha devenido norma suprema para todo; la ley y la justicia imparcial, en cambio, ya casi nada pesan en la conciencia de los ciudadanos.

            Lo que entraña, también, que los hechos no tienen relevancia alguna para sus juicios de valor; sólo las “opiniones” cuentan, y preferiblemente las “colectivas”. De ahí la generalizada impunidad que nos ahoga.

            Es una manera de decadencia moral que personalmente he vivido en  países como Cuba, Venezuela, la Argentina, Francia y aun los Estados Unidos de hoy bajo la presidencia de Barack Obama.

            Pocas normas de conciencia son auténticamente internalizadas por el grueso de la población. Por ahí debería empezar esa revolución moral que necesitamos con tanta urgencia. Hoy parece que para la mayoría de los ciudadanos, “el fin justifica los medios”.

También para las supuestas élites económicas, religiosas y políticas, como de nuevo lo atestiguan los integrantes de esa Asamblea de Presidentes de los Colegios Profesionales.

            Y lo peor del caso es que cuando se le llama a cualquiera de ellos la atención sobre alguno de los muchos gazapos éticos o jurídicos suyos, se ofenden. Lo cual ratifica la verdad de ese aserto de que en tierra de ciegos el tuerto es rey y el clarividente sobra.

            Nuestra ceguera moral es honda. Entre mis colegas de la prensa, digamos, nadie nunca reconoce haberse equivocado. Somos un gremio de infalibles. Por no hablar de los políticos, cuyas abominaciones se traducen con frecuencia a simples chistes de velorio.

            Me reconfortó el que el Tribunal de Honor del Colegio de Abogados, presidido por el honorable Manuel Alfredo Marroquín Pineda ¡por fin! emitió una sanción ajustada a la ley en contra de Yassmin Barrios, previamente distinguida en Washington, por el contrario, de la mano de Michelle  Obama.

            Lo cual me lleva a otra consideración: esa pugna ideológica en Guatemala, que ha impedido por más de un siglo la instauración de un Estado de Derecho, ya no se dirime en el territorio nacional sino allende nuestras fronteras. Lo preferido ahora por todas las voces, todas las plumas que se identifican con la “izquierda”,  monótonamente hoy malinchista, esto es, que anteponen todo juicio de los extraños al de los propios… Insensato.

            Creo, por otra parte, discernir en ello ese complejo de inferioridad que caracteriza a ciertas razas vencidas y muy amargadas, por demás injustificadamente, pues siempre retienen tantos hombres y mujeres talentosos como cualquiera otra.

¡Qué gran pena!

            Tanto rencor, tanto resentimiento, tanta envidia, sin base en la realidad. En buena parte porque, como lo supo decir Gustavo Adolfo Becker en su poema “El Arpa”, porque  “una voz, como Lázaro, esperan que les diga: ¡Levántate y anda!”

            ¡Levántate y anda, Guatemala, lucha, defiéndete, sacrifícate, esmérate en asegurarte tu soberanía y un auténtico Estado de Derecho!

            Todos estaremos mejor, hasta los mismos sinvergüenzas de hoy. No habrá, entonces, esos complejos ruinosos, ni los ignorantes que se atribuyen decidir por los demás, ni, lo que es más importante, no habrá jóvenes sin esperanza.

            Y la justicia será igual para todos, esté alguno o no bajo la sombra preferencial de Barack Obama.