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Desde Afuera

El regreso a la tierra prometida
Fecha de Publicación: 10/04/2014
Tema: Piel adentro

Mucho me ha impactado leer la noticia de la muerte, por asesinato, del Chef Humberto Domínguez, una más entre las tantas vidas útiles que pierde Guatemala cada año. No tuve el gusto de conocerlo ni disfrutar de sus platillos guatemaltecos.

Sin duda fue un hombre esforzado, trabajador y sobre todo, alguien que creyó en Guatemala. Entiendo que había tenido éxito en Miami, trabajando en prestigiosos restaurantes donde atendía a grandes personalidades de la canción latinoamericana. Sin embargo, decidió volver a su clima, a su paisaje, a su gente, a su tierra.

No sé y nunca podré saber por qué regresó el Chef Domínguez. Por qué no siguió disfrutando de sus éxitos en otro país. Pero estando dentro del grupo de personas que ha vivido o que vive en el extranjero, puedo decir que en la mente de cada uno de nosotros la idea de regresar a Guatemala nunca nos abandona. Cuando uno se va, la lleva en su memoria; Guatelinda es un recuerdo que a veces nos hace llorar.

¿Qué habría en la memoria intuitiva del Chef? ¿Acaso fueron, como para mí, los olores, los sabores, los sonidos, el recuerdo de los trigales de la carretera a Quetzaltenango y el deseo enorme de tener una mano gigantesca para acariciarlos suavemente? La familia y amigos habrán sido un elemento importante que debió tomar en cuenta. También el excelente clima, que por algo nos jactamos de llamarle País de la Eterna Primavera.

¿Habrá sido la belleza del paisaje? O la oportunidad de hacer cosas nuevas al tener la visión de otro mundo, en donde se han visto formas diferentes de hacerlas. En fin, hay muchas y muy buenas razones. Acaso fue un poco de cada una lo que motivó a Domínguez López.

También habrá considerado los aspectos negativos de regresar. Eso siempre está en la balanza. Pero uno piensa: a mí no me va a suceder. Para disipar la sombra del peligro, se concentra en la sonrisa de la gente, en la predisposición a ayudar del guatemalteco, en las muchas cosas buenas. Es una balanza que en un platillo tiene lo malo, el otro lo bueno y ambos riñen entre sí. Al final, para aquellos que deciden regresar, pareciera ser que ganan las buenas razones.

Conforme el tiempo pasa, la situación en Guatemala se debilita en el tema de seguridad. Pienso que cuando el Chef Domínguez decidió regresar, a fines de los años noventa principios del dos mil, la situación no estaba tan deteriorada como hoy. Tal vez si hubiera previsto estos quince años de deterioro su decisión habría sido otra.

Para muchos que pensamos que algún día habremos de regresar, el tema de la inseguridad es acaso la principal razón que nos hace retroceder. Más, porque nos hemos habituado a la comparativa confianza de que en el otro país nada malo nos va a suceder. A ver niños caminando solos en la calle, como antaño también sucedía en Guatemala. Cuando nos enteramos de hechos de insensata violencia, los sentimos tan lejanos y a la vez tan cercanos. Diría yo, que es casi la única razón que nos impide tomar el avión de regreso a la tierra prometida.

Regresar a la patria añorada debiera ser en todo caso el mejor regalo que un inmigrante pudiera darse cuando así lo decidiera. Ese debería ser su premio por haber soportado la lejanía, su recompensa por una vida más dura, su retribución por todas las veces que apoyado en el cristal de una ventana se quedó viendo sin mirar nada, mientras sentía que una lágrima se deslizaba despacito.

La vida en el extranjero es una buena experiencia en todo sentido, a unos les cuesta más que a otros por las circunstancias personales o el lugar adonde haya ido, pero en el fondo la nostalgia siempre existe. Es inevitable.

Guatemala no puede seguir esperando que más guatemaltecos tengan este triste final. Desde fuera, uno siente que el alma se llena de invalidez para cambiar las cosas, de desaliento al percibir que las opciones políticas del futuro ofrecen poca esperanza. De desesperanza cuando se justifican los crímenes más obtusos. De agotamiento cuando los funcionarios exculpan su ineptitud atribuyéndola a otros o a las circunstancias, o al presupuesto, a… Desde adentro debe ser peor.

Descanse en paz Chef Domínguez, alguien le robo su sueño de disfrutar la vejez, de ver crecer a sus nietos, de servir a su Patria más tiempo. Tuvo el coraje de regresar y por ello lo admiro sin siquiera haberlo conocido. Ahora seguramente está en un lugar distinto, diferente de la tierra prometida.

 
 
   
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