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Teorema

Asignatura Pendiente
Fecha de Publicación: 10/03/2014
Tema: Educación

 Sin excepción, todas las referencias históricas en este artículo fueron tomadas de la obra Alejandro Gómez: José del Valle. Un ilustrado centroamericano. El autor relata que los conocimientos del prócer le valieron en su época los calificativos de “Sabio de Centroamérica” o “Cicerón Andino”. Gómez ofrece abundante evidencia para entender que tales calificativos eran merecidos. Cuando terminé de leer su libro, tenía plena certeza de que al hablar de Valle (cuando el autor lo refiere por su apellido suprime la preposición del), muy probablemente se estaba hablando, del hombre más ilustre que haya vivido en Guatemala en los últimos 500 años.

José Cecilio del Valle, escribió sobre educación, matemática, filosofía, geografía, historia, botánica, mineralogía, religión y derecho. Fue diputado dos veces en Guatemala (el representante más brillante en ambos congresos) y una en México, Canciller, Auditor de Guerra, Alcalde de Guatemala, Miembro del poder ejecutivo en dos ocasiones… Había sido electo Presidente de Centroamérica pero falleció poco antes de asumir, cuando solo tenía 53 años.

Aquel hombre inteligente y poseedor de una educación superior mantenía correspondencia con personas de la talla del filósofo Jeremy Bentham en Inglaterra, el Conde Giuseppe Pecchio en Italia, Álvaro Flores Estrada en España, Alexander von Humboldt en Alemania, Domingo Dufour De Pradt en Francia, Mariano Lagasca y Segura español exiliado en Londres así como con otros contemporáneos suyos, también miembros de la intelectualidad de sus respectivos países.

Aún era muy temprano en esa mañana, cuando se inició la discusión en Guatemala acerca de declarar la independencia del reino de España. La cuestión no era si sí o si no, sino cuándo. Valle, quien entonces era Auditor de Guerra sostuvo, con base es razones de representatividad, que debía darse tiempo para que estuvieran presentes los representantes del resto de las provincias. Este tema suscitó un amplio debate que terminó con una votación en la que triunfaron quienes pensaban que se debía hacer de manera inmediata, como efectivamente sucedió. Era el 15 de septiembre de 1821.

A pesar de esa derrota parlamentaria, el prestigio de Valle era tal que se le pidió redactar el Acta de la Independencia. Al hacerlo logró conciliar dos posiciones encontradas, la de los liberales radicales de Pedro Molina con la de los liberales moderados liderados por él. Valle, aun siendo quien la redactó, no firmó el acta ya que no formaba parte del Ayuntamiento ni de la Diputación Provincial que eran los únicos organismos habilitados legalmente para hacerlo.

El 5 de enero de 1822 la Junta Consultiva creada con la independencia, después de un mes de debate decidió que Centro América se anexara a México, entonces bajo el gobierno de Agustín de Iturbide. En esa misma sesión, Valle pronunció un discurso en el que dejó claramente establecida su posición en contra de la anexión, insistiendo en que los ayuntamientos no tenían facultades para decidir sobre ese tema. Sin embargo Valle favorecía una integración en la cual las distintas regiones (ahora países) se unirían en un plano de igualdad. Así empezaba el sueño por una “Patria Grande”, con el que Valle se adelantaba tres años, a la propuesta panamericanista de Simón Bolívar en 1826.

Valle propiciaba unir en un Congreso Continental a las distintas regiones de Hispanoamérica para potenciar las capacidades de cada nación, como ya se preparaban para hacerlo los países de Europa. En esa búsqueda, Valle aceptó la postulación para el Congreso Mexicano y obtuvo el cargo de Diputado. Ya instalado en México, Valle destacó en los debates, principalmente con dos temas: el de la división de poderes (sostenía por ejemplo, que los jueces no debían ser nombrados por el Ejecutivo) y el de la libertad de imprenta que hoy se le conoce como libertad de prensa o de informar y de ser informado. Sobre ese tema escribió: la imprenta es el sentido universal del cuerpo político, así como el tacto es el sentido general del cuerpo humano. Pero en ninguno de esos dos grandes temas su pensamiento coincidía con el de Iturbide, quien ya había sido proclamado Emperador.

Las destacadas participaciones de Valle en el Congreso quedaron plasmadas en el proyecto de constitución mexicana de 1824. Se había ganado el respeto de sus colegas mexicanos, quienes no dudaron en nombrarlo Vicepresidente del Congreso. Tal honor fue efímero porque tres días después de haber asumido, fue encarcelado por Iturbide junto a otros 14 diputados, acusándolos de complotar para derrocarlo. El Congreso reaccionó airadamente contra Iturbide y este reaccionó disolviéndolo el 31 de octubre de 1822. Valle estuvo en prisión unos cuatro meses, hasta el 22 de febrero de 1823, cuando el mismo Iturbide, ya políticamente debilitado, lo invitó a aceptar el cargo de Secretario (Ministro) de Exteriores y Asuntos Domésticos. Valle intentó rechazar el ofrecimiento pero no tuvo éxito.

Poco tiempo duró en esa posición, pues Iturbide renunció un mes después y Valle regresó a su cargo como diputado. También allí estuvo poco tiempo ya que Guatemala decidió anular su anexión a México el 1 de julio de 1823. Regresó a Guatemala pocos meses después, para integrar el segundo triunvirato que dirigiría el Poder Ejecutivo. Poco después tomaba a su cargo la mayoría de tareas de gobierno, entre otros proyectos, desplegó grandes esfuerzos para mejorar el sistema educativo nacional.

Para el Sabio del Valle, la clave para terminar con la delincuencia y sacar a Guatemala del atraso en que se encontraba después de la independencia, debía basarse en el desarrollo económico y educativo de la población. Dedicó a la educación varios de sus escritos; en uno de ellos exponía: “El progreso vendrá de la mano de la difusión de la educación, las ciencias y las artes entre todos los habitantes y el promotor de esto debe ser el Estado, el cual asociado con los sabios, debe conducir el cambio desde arriba”.

El concepto educacional de Valle no era lírico sino pragmático. Según él, tanto la población como los legisladores deberían tener una educación de primer orden. Los legisladores debían tener conocimientos profundos para que las leyes que ellos aprobaran pudieran ser consistentes en el largo plazo. Había que evitar la profusión de leyes y asegurar que aquellas que fueran promulgadas, contuvieran un beneficio categórico para los ciudadanos sujetos a ellas. La ley, aun no pareciendo justa, produce menor suma de mal que la anarquía, aseguró el prócer.

Por su parte, la población debía ser educada para que, de esa forma los ciudadanos pudieran elegir adecuadamente a sus gobernantes y a quienes redactaran las leyes. Para que no se dejaran engañar con promesas que muy difícilmente podrían ser cumplidas. Para poder identificar a los demagogos y a los hombres falsos que buscan asaltar el poder. Para no dejarse seducir con los regalos que buscan sobornar a los ciudadanos para que voten a favor de quien así busca corromperlos (las tres últimas frases no están en el libro de Gómez; los párrafos siguientes también son de la exclusiva responsabilidad del autor de este artículo).

Si Valle pudiera ver lo que ha sucedido casi dos siglos después, al advertir la situación de la educación en el país y sus consecuencias, seguramente condenaría a los gobernantes. Y si en sus manos estuviera la capacidad de castigarles, ese castigo sería atroz. Nada de lo que dijo que debía hacerse, fue hecho. La ignorancia sentó sus base entre la clase dirigente del país. Los presidentes ni siquiera han leído sus escritos acaso tampoco supieron de su existencia.

El multibillonario gasto en educación ha sido un desperdicio. En 2012, sólo 4% de los graduando de bachillerato superaron bien, como debió ser para todos, la prueba de matemática. Y la gran mayoría de ellos proviene de planteles privados. La población nunca consiguió tener educación suficiente para escoger como gobernantes a sus mejores hombres, a los más sabios. El sistema se ha corrompido al grado que ahora, gobiernan los peores. Sin educación nos hemos enfrentado entre guatemaltecos en una guerra que durante 36 años destruyó la infraestructura física del país y que forzó a que hubiera gobiernos con fuerte presencia militar. En su inmensa mayoría, los estudios de esos gobernantes apenas llegaban al nivel de diversificado.

Los 18 años siguientes esa misma guerra tomó otro rostro, se sofisticó y ha sido más devastadora. Hoy, cuando estamos a solo 8 años del segundo bicentenario de aquella independencia, cada vez nos alejamos más de los sueños José Cecilio del Valle. Los movimientos indígenas son cada vez más fuertes y no se trata de los indígenas con educación sino de aquellos donde prevalece el analfabetismo funcional.

Personas que por su voluntad o conducidos, vociferan amenazantes cuando toman las carreteras o manifiestan frente al Congreso, las Cortes o el Parque Central. Gente que en las carreteras, con palos y machetes a la vista, asegura que se trata de demostraciones “pacíficas”. El temor no es tanto a que ellos puedan tomar el poder cuanto a lo que harían con él. Acaso el temor a retroceder ocho siglos, cuando se destruyó la civilización maya.

SOBRE EL AUTOR
J, Fernando García Molina
      José Fernando García Molina Guatemalteco, 67 años, casado, dos hijos, ingeniero, economista. Tiene una licenciatura en ingeniería eléct
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