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Desde Afuera

Ayuda que paraliza
Fecha de Publicación: 01/03/2014
Tema: Gobierno

 

En el último mes ha estado sobre la mesa el tema de la ayuda que se ofrece al país y cómo ésta se va condicionando a que se cumplan ciertos requisitos para seguir dándola.

Me refiero sobre todo a la amenaza que el Estado guatemalteco ha recibido de Estados Unidos de no recibir la ayuda militar y los recursos del Banco Mundial y del Banco Interamericano de Desarrollo –BID– si el país no muestra avances en el resarcimiento de los daños a los afectados durante la construcción de la hidroeléctrica de Chixoy y si no se cumplen o resuelven los casos de adopciones que involucra a estadounidenses, según la Ley de Asignaciones Consolidadas de 2014 sancionada por el Presidente Obama el pasado 17 de enero.

La primera pregunta que uno se hace es ¿qué relación tienen las dos situaciones: resarcimiento y adopciones?

Esto de la ayuda de los países donantes es parecido a lo que son las preferencias arancelarias. Si uno cumple todos los requisitos o compromisos tiene derecho a ellas sino empiezan las trabas.....y terminan por no darlas.

¿Por qué hemos llegado a esta situación de tanta dependencia? es la siguiente pregunta a hacerse.

En ambos casos demuestra que el país no es capaz de competir en condiciones normales; nos han hecho dependientes y eso debilita a cualquier Estado y a los sectores involucrados.

A lo largo de estos años y viendo cómo se manipula el uso de las ayudas internacionales encuentro más sensato no tenerlas. Estoy de acuerdo con aquellas que justifica la dificultad de un país para actuar de inmediato ante una catástrofe. Por ejemplo, una catástrofe natural cuya magnitud supere las posibilidades de las agencias locales.

Para ello es bueno conocer cómo se maneja la ayuda internacional. Es a través de la Official Development Assistance –ODA que se entiende como todos los desembolsos netos de créditos y donaciones realizados según los criterios de la Organización para la Cooperación y Desarrollo Económico OECD– por sus siglas en inglés. Esto es, en condiciones financieras favorables y que tengan como objetivo primordial el desarrollo económico y social del país receptor.

En teoría, la ODA busca la mejora de las economías de los países en vías de desarrollo mediante las políticas y préstamos de las instituciones de crédito del sistema de las Naciones Unidas a causa de su pobreza y endeudamiento extremos en países en desarrollo.

La ODA es contabilizada por la OECD a través de su Comité de Asistencia y Desarrollo -DAC- que cuenta con 29 Miembros (Alemania, Australia, Austria, Bélgica, Canadá, Corea del Sur, Dinamarca, Eslovaquia, Eslovenia, España, Estados Unidos, Finlandia, Francia, Grecia, Holanda, Islandia, Irlanda, Italia, Japón, Luxemburgo, Nueva Zelandia, Noruega, Polonia, Portugal, Reino Unido, República Checa, Suecia, Suiza y la Unión Europea). El Banco Mundial y el Fondo Monetario Internacional así como el Programa de Desarrollo de Naciones Unidas, participan como observadores permanentes.

La ODA está repartida en nueve sectores: Educación, Salud y Población; Producción; Condonación de Deuda; Infraestructura Social; Multisectorial; Ayuda Humanitaria; Infraestructura Económica; Asistencia a Programas y otras no especificadas.

A simple vista muchos rubros ¿Más injerencia, más dependencia?

Algunos números son importantes para comprender la magnitud de este tema.

En 2011 la ODA fue de alrededor de 133.5 millardos de dólares norteamericanos. Esta ayuda estuvo distribuida en 155 países. El primer donante es Estados Unidos con el 23.1% (US$ 30.8 millardos); siendo Afganistán el primer país receptor con el 4.5% (US$6.9 millardos), seguido por la República Democrática del Congo con 4.1% (US$5.5 millardos); Vietnam 2.7% (US$3.6 millardos); Pakistán 2.6% (US$3.5 millardos) e India con el 2.4% (US$3.2 millardos).

En el caso de Estados Unidos, la ayuda que otorgó en 2012 encontramos en los primeros cinco puestos: Afganistán (US$3 millardos), Irak (US$1.4 millardos), Pakistán (US1.2 millardos), República Democrática del Congo (US$ 1.1 millardos) y Haití (US$ 864 millones).

Podemos, al ver a los principales países receptores y las cifras, colegir que la ayuda está ligada con la agenda e intereses de los donantes.

¿Qué pasa en Guatemala?

Guatemala recibió en 2011el 3% del total (US$391.8 millones) de la ayuda ODA y podemos observar en la siguiente tabla con datos del Banco Mundial quienes son los mayores donantes y alguna mención para aquellos que dan menos y que en algunas ocasiones los oímos "cacarear" sus demandas fuertemente.

 

País

Cantidad en millones de US$ (2011)

Porcentaje %

TOTAL

391.8

100

Estados Unidos

102.1

26.0

España

45.9

11.7

Unión Europea

41.4

10.6

Suecia

30.5

7.8

Holanda

18.6

4.7

Alemania

18.2

4.6

Japón

15.2

3.9

Noruega

11.1

2.8

Canadá

10.6

2.7

Bélgica

4.5

1.2

Suiza

3.8

1,0

Dinamarca

2.7

0.7

Reino Unido

0.09

0.02

SUBTOTAL 13 PAÍSES

304.6

78.0

Otros: 16 Países

87.2

22.0

¿Es que en realidad merece la pena estar sometidos a las agendas de estos países en nombre del desarrollo de nuestro país? Es que 400 millones de dólares americanos merecen la pena para dejar a un lado nuestra soberanía y sobre todo nuestra dignidad. Creo que la respuesta es un simple: ¡NO!

Particularmente cuando se considera que solo una fracción de esos 400 millones llega a los proyectos. De acuerdo con algunas investigaciones realizadas en África una gran parte de los fondos se quedan en el país donante. Consultores, materiales sobrevalorados, costos de diseño, administración del proyecto y otros rubros pueden tomar la mayor parte del monto del crédito. Además, de lo que finalmente llega, una parte importante termina en las cuentas de funcionarios corruptos en los países receptores de los créditos. Un estudio realizado por CNN en la república Democrática de Congo, indica quede una donación de 7.5 billones de dólares, más de cinco no fueron transferidos a ese país. (Ver http://edition.cnn.com/2013/10/09/opinion/where-does-aid-money-really-go/)

Además, de lo que finalmente llega, una parte importante termina en las cuentas de funcionarios corruptos en los países receptores de los créditos. Aquellos que, desde el Ejecutivo o del Legislativo más presionan para obtener los fondos, argumentando condiciones de “urgencia nacional”, suelen estar involucrados en tales actos delictivos.

La recomendación para el gobierno guatemalteco sería que solicite a una institución que goce de prestigio y credibilidad, como el Banco de Guatemala, que elabore un estudio extenso, digamos los últimos 50 créditos y donaciones recibidas, en el cual quede explícita la suma que realmente llegó a los proyectos de manera concreta, con materiales y servicios profesionales valorados a precios del mercado local. Hay que recordar que los créditos se pagan al 100% de lo contratado y que las donaciones ponen a los gobiernos donantes en la posición de imponer condiciones que muy frecuentemente afectan la soberanía de los países receptores. Al final la dignidad nacional podría estar siendo sacrificada a cambio del bienestar personal de algún funcionario corrupto ¿Verdad que valdría la pena hacer tal investigación previa a contratar un crédito o solicitar una donación?

El presidente Pérez Molina reaccionó de manera digna, ante las exigencias norteamericanas. Pero ya no hemos sabido qué más ha pasado ¿Hay una versión para la prensa dirigida al público local y otra para la Embajada? Sería bueno saberlo y así, a lo mejor, el silencio podría ser significado de una grata sorpresa.

La mayoría de estudios revisados para este artículo sobre la evaluación de la ODA sugieren serias mejoras como:

·     una mayor orientación a los resultados y no a los procesos o al cumplimiento de actividades;

·    una mayor participación y peso de los receptores de la ayuda en la fijación de las prioridades, pero condicionando la ayuda de los donantes a la consecución de resultados de los receptores;

·            mejorar los mecanismos de coordinación de las diferentes agencias e instituciones. Uno de los problemas de la ayuda oficial al desarrollo es la carencia de mecanismos que eviten las duplicidades y la enorme dispersión de la misma;

·        mejorar la transparencia y la rendición de cuentas, tanto de los receptores como de los países donantes; y,

·               fortalecer la capacidad de gestión de las instituciones públicas receptoras.

Estas recomendaciones sugieren que hay mucho que hacer no solo en el plano técnico pero también en el terreno político. No queda claro si los donantes estarían de acuerdo de hacer esta gran reforma y los receptores de ayuda aplicarla.

Por un lado la ayuda, de cierta manera, paraliza la acción pública mientras se cumplen las condicionalidades y exigencias de los donantes. Por el otro, la falta de transparencia y corrupción en el país receptor, hace que este se mantenga a la espera de continuar su desarrollo.

 

¿Es qué podemos darnos ese lujo en un país con las condiciones de desarrollo de Guatemala?

 
 
   
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