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Teorema

Vista Pública
Fecha de Publicación: 28/02/2014
Tema: Legislación

 

Mis más sinceras felicitaciones al abogado Ricardo Sagastume por el éxito alcanzado y el profundo significado que tiene para la vida institucional del país. Me enteré de lo sucedido el pasado miércoles 26, en la Corte de Constitucionalidad, por los reportajes de la prensa (escrita, radiada y televisada) que cubrieron la noticia de la vista pública. Algunos se refieren a Sagastume con abierta animadversión, otros con inaudita admiración hacia la señora Paz, unos más, simplemente ignoraron lo acontecido o su importancia, posiblemente sin advertir su enorme trascendencia. Muy pocos, lo hicieron con la ecuanimidad de una prensa que informa sin tomar partido y que está consciente de sus implicaciones sobre el futuro de la nación.


Por esas muchas fuentes me enteré que hubo una dispar manifestación de avenencia hacia cada una de las posturas expuestas. La señora Paz llegó una hora más tarde que Ricardo Sagastume. La acompañaba un equipo de asesores, su impresionante comitiva de prensa y un séquito de guardaespaldas, además de una multitud de manifestantes que exhibía con vítores y pancartas apoyo hacia ella. Como virgen de pueblo, cuando abandonó el edificio lo hizo sobre una alfombra con flores elaborada por sus seguidores. Ellos querían saludarla dándole la mano o tocando sus ropas pero bajo sus instrucciones, los agentes de seguridad no permitieron que nadie se le acercara. La fiscal se limitó a sonreírles, con esa sonrisa de benevolente superioridad que la caracteriza.


La sala estuvo colmada por sus partidarios, estos fueron tantos que al no caber, se hizo necesario utilizar un sistema de bocinas exteriores para comodidad de quienes se habían quedado afuera del recinto, lamentando la falta de un circuito cerrado de televisión. Desde su arribo, hasta que la aún Fiscal General se marchó, lo que hubo fue un espectáculo sin precedente, ni siquiera lejano, en la figura de un Fiscal General. Un periódico asociaba la salida del acto, con la entrega de los premios Oscar en Hollywood, aunque también pudo pensarse en la llegada de la reina de Inglaterra, diccionario en mano, a poner orden en el Parlamento.


Ricardo Sagastume llegó temprano, acompañado tan solo por la consciencia de estar haciendo lo correcto y de estar actuando en el mejor beneficio de nuestro país. Esperó a que llegaran todos los demás, a que se inundara la sala, a que frente a él hubiera todo tipo de exhibiciones de fuerza y poderío. Debió experimentar una fuerte sensación de soledad, de temor, de absoluta intimidación ante tal despliegue de prepotencia.


Decía la prensa que había hablado unos 8 minutos más que ella. Si fue así, habrá sido porque él tenía más que decir que ella. La señora Paz, dedicó su intervención a instruir a los magistrados sobre ciertos artículos de la Constitución que a su entender, han perdido vigencia y a explicar la semántica de algunos términos. Con ofensivo orgullo y un fuerte sentido de superioridad, amonestó a los magistrados por no interpretar adecuadamente la Constitución. Por lo contrario, en su intervención, respetuosa y humilde, Sagastume sabía que los magistrados conocían el significado de los términos que empleaba y que no se le habría ocurrido siquiera presumir de enseñarles la castilla, diccionario en mano.


También decía la prensa que en su brillante intervención, contrario a la de la Fiscal, recibió muy tímidos aplausos, provenientes de las también muy pocas personas que estaban a favor de la tesis que él sustentaba. Eso es fácil de entender. Baste considerar que ellos estaban totalmente rodeados, que doquier había personas hostiles. Si se incluye a quienes estaban afuera, la relación debió estar en el orden de 100 a uno. Además muchos de los partidarios de la señora Paz, acostumbran dilucidar sus diferencias, no por medio de exposiciones argumentales académicas. Algunos lo hacen utilizando expresiones soeces y aún, empleando la fuerza física.


Creo que a nadie le habría gustado estar en los pantalones de Ricardo Sagastume. Atrás suyo había muchos grupos que antes formaban parte de la violenta izquierda guerrillera, ellos ahora militan en conglomerados que utilizan los ropajes y banderas de la democracia y de los derechos humanos. Habrá aprendido, entre otras cosas, que ellos tienen un espíritu de cohesión, de unidad, de apoyo, de solidaridad, entre ellos mismos, del cual carece la gente que cree en la libertad y en el esfuerzo de cada quien. Ellos promueven a su gente y están dispuestos a asistir cuando se les convoca; lo hacen con base en esos condicionamientos suyos (no creo acepto que sea por una paga o por un almuerzo gratis). Lo hacen así porque tienen un fuerte espíritu gregario, socialista, asistencialista, hacia los suyos y hacia sus causas.


Los otros, en cambio, somos individualistas, nos aislamos y muy pronto aprendemos que sin importar la magnitud del esfuerzo hecho, los peligros enfrentados, los costos incurridos, no recibiremos el reconocimiento que pudiera corresponder. Pero eso nos fortalece. Actuamos con base en la dignidad moral del individuo, opuestos a que terceros, incluso el Estado o la sociedad intervenga en nuestras decisiones personales. Así, al actuar no esperamos alfombras, aplausos, abrazos o felicitaciones. Cobramos por los servicios que prestamos a terceros, pero dedicamos nuestro esfuerzo personal gratuito a todo aquello que a nuestro entender, cae dentro de nuestras obligaciones ciudadanas o sociales. Nos basta saber que hicimos lo que esperábamos de nosotros mismos. Al terminar nos marchamos solos, como lo habrá Ricardo Sagastume, quien en el mejor de los casos habrá ido a celebrar con su familia.


Antes escuché a alguien decir que Sagastume podría haber actuado motivado por un afán de protagonismo que le serviría para buscar un cargo público por votación. No pude evitar la risa. No era necesario argumentar con base en sus méritos éticos. Se podía hacer, fácilmente, desde una postura estrictamente lógica. Si buscara protagonismo –afirmé— tendría que ser dentro de los grupos numéricamente hegemónicos, aquellos donde está la masa de electores. Pero, básicamente, Ricardo actuó en contra de ese grupo que podría ser contundente en una votación.


Además –dije a mi interlocutor— que no se tratara de un cargo por votación sino a uno por designación, Ricardo también estaría frito. Basta considerar el tremendo problema que podría enfrentar el presidente Pérez si al designar al nuevo fiscal tuviera que hacerlo entre ella y otro candidato cuyas condiciones fueran ampliamente superiores a las suyas. Pobre de Pérez Molina si llegara a enfrentar una situación así en medio de su pusilánime y ansioso afán de congraciarse con la “sociedad civil”. Entonces ¿cómo le iría él o alguien más al nombrar a Ricardo Sagastume para un cargo público sabiendo que desataría la furia de todas esas organizaciones que ahora se saben han sido derrotadas por él?


Para Sagastume, saber que ha hecho lo correcto es todo, no hay más. Ha desafiado al establishment, a la poderosa Embajada, al no menos vigoroso CUC, a CALDH, a todas esas agrupaciones sociales de izquierda que se autodenominan la sociedad civil, a los también irónicamente autodenominados países amigos, al socialismo internacional y… ¡a cuántos más! Son muchos y muy opulentos los organismos y agrupaciones que mantienen intensa presión sobre nuestros gobiernos, caracterizados por su débil liderazgo. Son todos ellos, los que han pisoteado a nuestro país, quienes esta vez han debido morder el polvo. Acaso, por ejemplo, el impertinente embajador Chacón deba justificar lo sucedido como uno de los muchos fracasos de su gestión “diplomática”.


Entiendo que a principios de la semana próxima, conoceremos el fallo definitivo de la Corte de Constitucionalidad. Estoy totalmente seguro de que este confirmará en forma definitiva el amparo provisional que concedió antes. Creo que no puede ser de otra manera. Sagastume habrá cumplido exitosamente con su deber ciudadano y nos habrá dado un magnífico ejemplo a los demás. Además, ha proporcionado a la Corte de Constitucionalidad la oportunidad de demostrar que es ella y no ninguna otra instancia o persona, local o extranjera, la encargada de interpretar la Constitución y que sus fallos son mandatos inapelables. Concluida la tarea ciudadana, él habrá regresado a trabajar como siempre, porque esto solo le ha acarreado costos, algo que para los amigos de la fiscal resulta muy difícil de comprender.


La actual Corte de Constitucionalidad ya ha mostrado su autoridad varias veces. No se ha dejado intimidar por todos esos grupos que manifiestan y gritan. No ha permitido que organizaciones gubernamentales y no gubernamentales nacionales e internacionales, que operan en Guatemala, los hayan hecho actuar al margen de su colegiada interpretación de nuestra Constitución. Esta no es la primera vez. Durante los últimos tres años hay muchos ejemplos de sus honrosas actuaciones. Repetidas veces han tenido que enfrentar poderosas presiones nacionales e internacionales y dictaminar en contra de sus impertinentes exigencias contrarias a nuestra Constitución. Sirvan como ejemplo, la resolución en el caso de Sandra Torres en 2011 y la de Ríos Montt en 2013, para citar solo dos de las que tuvieron mayor impacto público. Bien por nuestra Corte de Constitucionalidad y el fortalecimiento dado a nuestro alicaído Estado de Derecho.


Creo que a nadie escapan las repercusiones de lo sucedido en la Vista Pública del miércoles 26. En el futuro, las discusiones sobre los períodos constitucionales en los diferentes cargos regulados, no volverán a darse. Para los entendidos, quedará tan claro como para los legos, que los períodos constitucionales son fijos e inalterables. Que sin importar cuantos funcionarios distintos hayan ocupado el cargo dentro de un mismo período –si ese fuera el caso—, las fechas de inicio y término no se alteran. Incluso, si hubiera una nueva constitución o reformas a la actual, esta tendría absoluta claridad al tocar este tema.

SOBRE EL AUTOR
J, Fernando García Molina
      José Fernando García Molina Guatemalteco, 67 años, casado, dos hijos, ingeniero, economista. Tiene una licenciatura en ingeniería eléct
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