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Teorema

Cuando un amigo se va
Fecha de Publicación: 22/02/2014
Tema: Política

 

A fines del siglo pasado, sobre la Avenida de la Reforma, hubo una manifestación en contra de Estados Unidos. Antes hubo otras, no muchas, pero la que refiero fue insólita. Antes no hubo un solo precedente así en Guatemala. Esa vez, los allí congregados, quemaron una bandera de ese país y pisotearon sus carbonizados restos.

 

El grupo que así procedió estaba formado por obreros, estudiantes universitarios y normalistas. Vociferaron las consignas más trilladas de la izquierda internacional, acaso sin comprender plenamente su significado. Fue obvio que, al menos los más jóvenes, estaban dirigidos por agitadores profesionales. Posiblemente, por personas formadas dentro de las organizaciones nacidas o incubadas durante el gobierno de Arévalo, quienes  habían liderado el evento. A mí me pareció algo escandaloso, una injuria terrible contra un país amigo.

 

En otros países, principalmente en el norte de África y Eurasia, pero también en la Europa Occidental, y el sudeste asiático, quemar la bandera de Estados Unidos se había vuelto un hábito inveterado. Formaba parte de casi todas las protestas contra ese país. Las guerras con Corea y Vietnam podrían justificar ese comportamiento en Asia. Pero en Europa resultaba más difícil explicarlo. La participación de USA en la Segunda Guerra Mundial había sido definitiva para el triunfo aliado. La entrada triunfal de su ejército en las ciudades ocupadas por los alemanes estuvo rodeada de vítores, agradecimiento y simpatía hacia quienes los liberaban del nazismo.

 

Sin embargo, sólo 15 años después, las muestras de repudio empezaban a ser frecuentes. Siempre me pregunté ¿por qué? ¿Eran los europeos unos mal agradecidos? ¿Habían olvidado los horrores de la guerra y su padecimiento durante esos años terribles? ¿Conducían las políticas de ocupación norteamericana a ese comportamiento? Hasta entonces, más de 40 países habían sufrido invasiones o intervenciones encubiertas ¿Sería aquella una reacción a que ese país, cada vez que fracasaba su torpe accionar diplomático, recurría a la fuerza? ¿O eran muestras de rechazo a su auto asumida condición de nodriza de la humanidad?

 

Permítame ilustrar con un ejemplo: Desde el final de la segunda guerra mundial, la política norteamericana en el Oriente Medio descansaba sobre dos países amigos, Arabia e Irán, a quienes denominaba los "pilares gemelos". En 1978 James Carter, entonces presidente de los Estados Unidos, declaró públicamente que el shah Mohammad Reza Pahlavi, era el “líder de la sabiduría suprema y pilar de la estabilidad". Pero el verdadero sentido de amistad entre países por parte de Estados Unidos se evidenció poco después. Ese mismo año, el mismo Carter exige al Shah una serie de reformas en Irán a favor de la democracia y de los derechos humanos (¿suena conocido?).

 

La respuesta del debilitado Shah no satisfizo todo lo que el gobierno norteamericano demandaba y este terminó favoreciendo la revolución que depuso al Shah en enero de 1979, quien debió salir al exilio. Gravemente enfermo con un cáncer avanzado el Shah solicitó permiso a su “amigo” Carter para que lo atendieran en un hospital norteamericano. Carter se lo negó. Meses después, mediante intermediación y presiones diplomáticas, aduciendo “razones humanitarias” Carter  accedió y el Shah fue operado en Texas del cáncer linfático que padecía, mismo que lo condujo a la muerte meses después, cuando ya estaba radicado en Arabia.

 

El Ayatollah Khomeini, sucedió al Shah en el gobierno iraní. Carter no consiguió que Irán aceptara manifestaciones de buena voluntad; en cambio, fue humillado repetidamente por Irán. En alguna medida, esas afrentas contribuyeron a que perdiera la elección presidencial de 1980 contra Ronald Reagan. La derrota de Carter fue abrumadora, Reagan ganó en 44 estados y Carter solo en seis. Estados Unidos, no solo había perdido a un poderoso aliado, sino también ganó al que hoy, convertido en potencia nuclear, es uno de sus más formidables enemigos. Irán representa un límite fuerte al poderío estadounidense.

 

Con diferentes historias y situaciones menos extremas esa misma política ha conducido a similares resultados en el mundo. La gente ama la tecnología desarrollada por Microsoft, Intel, Google y muchas otras empresas y científicos norteamericanos, pero crecientemente, detesta a su gobierno. Eso, a pesar de que la poderosa maquinaria publicitaria norteamericana se ha encargado de promocionar a sus adversarios como todopoderosos enemigos, como una amenaza global para el mundo libre. Sin importar lo grotesco de la diferencia entre Estados Unidos y su oponente de turno, su propaganda ha conseguido incidir en el imaginario colectivo haciendo que Estados Unidos sea visto como el bueno y el otro país, cualquiera que este sea, como el omnipotente malvado que pone en peligro la seguridad de todos.

 

En nuestra empobrecida América, en 1915 Estado Unidos invadió Haití; en 1916 invadió la República Dominicana; en 1926 invadió Nicaragua; en 1954 dio apoyo triunfal a las fuerzas de Castillo Armas en Guatemala para deponer el régimen de Árbenz; en 1983 la caribeña isla de Granada fue invadida por valerosos Rangers de los Estados Unidos en una operación masiva que denominaron Furia Urgente. A fines de 1989 invadieron Panamá, en un operativo llamado Operación Causa Justa. Eso, solo para citar sus actividades en América Latina durante los últimos cien años. Es necesario advertir la diferencia entre el poderío militar gringo y el de los países invadidos. Las invasiones, intervenciones militares, Golpes de Estado, Operaciones encubiertas y similares de Estados Unidos suman 76. Ver http://es.wikipedia.org/wiki/Intervenciones_de_los_Estados_Unidos; ver también: http://www.alternativeinsight.com/Foreign_Policy_Failures.html#Americas

 

A fines de enero el presidente Obama condicionó la ayuda militar a Guatemala. Para que nuestro gobierno pudiera recibir asistencia militar y seguir siendo sujeto de crédito por parte del BID y Banco Mundial, previamente debe demostrar que ya indemnizó a las personas (o sus descendientes) que resultaron perjudicados con la construcción del embalse de Chixoy y, además, puesto a funcionar correcta y eficientemente la ley de adopciones ¿Otra muestra de la torpeza gringa, ahora contra Guatemala?

 

Hay muchísima y sobrada razón para criticar a los  gobiernos nacionales por haber fallado tanto y tanto tiempo en ejecutar ambas acciones. Sobre eso no queda ninguna duda, su dejadez es punible, cuando menos merece una amplia y profunda repulsa popular. Pero esa condena es algo que corresponde a los guatemaltecos y a sus instituciones privadas de supervisión (principalmente a la prensa independiente). Juzgar la pésima ejecución pública en esa y otras actividades que deshonran a nuestros gobiernos es cosa de los guatemaltecos.

 

Sin embargo, la intromisión de Estados Unidos y sus condicionamientos a Guatemala en asuntos internos nuestros, en cuestiones que son de nuestra exclusiva competencia, es absolutamente inadmisible. Tal comportamiento debe ser rechazado con fuerza, con absoluta firmeza, incluso, sin detenernos a pensar en las consecuencias que tal acto pueda tener. Sería de la mayor gravedad que nuestro gobierno corriera presuroso a cumplir las órdenes norteamericanas. Bajar la cabeza y hacer en un par de meses lo que no hizo en años, contrario a dar muestras de eficiencia, estaría ofreciendo contundente testimonio de sumisión.

 

El presidente Pérez reaccionó como muchos esperábamos, condenando la postura del gobierno de Estados Unidos y exigiendo respeto a nuestra soberanía. Pero de entonces para acá ya le habrán retorcido el brazo, tanto la Embajada como grupos locales cuyos intereses temen quedar bajo riesgo si el gobierno de Obama ofrece una respuesta airada ¿Y si nos invaden?, le habrán dicho los más pusilánimes al señor Pérez. A él habrá que recordar al gobierno de Romeo Lucas, indudablemente uno de los peores gobiernos de nuestra historia. De su gestión, casi lo único que se puede rescatar es la postura firme que Lucas mantuvo ante la insolencia de Estados Unidos.

 

Como si lo anterior fuera poco, el pasado 6 de febrero, su embajada publica el Boletín de Prensa REF#: 2014-03 (ver: http://photos.state.gov/libraries/guatemala/788/pdfs/pbs03_20140206.pdf) firmado por el señor Chacón, bajo la intimidante bandera de ese país. Tanto han escrito al respecto distinguidos periodistas que aquí solo me adheriré al profundo rechazo que tal acto merece.

 

Estados Unidos nunca pierde amigos, porque no se puede perder lo que no se ha tenido jamás y Estados Unidos ha demostrado, reiteradamente no tener amigos, solo intereses. Como consecuencia, el gobierno de Guatemala debería dejar de pensar en el gobierno de Estados Unidos como un gobierno amigo. Correspondería que desarrollara una política específica hacia el gobierno de ese país en la que, con fría cortesía, buscara proteger los intereses de los guatemaltecos que sostienen relaciones privadas con ciudadanos de ese país. Porque, como suele decirse: con amigos así, ¿quién necesita enemigos?

SOBRE EL AUTOR
J, Fernando García Molina
      José Fernando García Molina Guatemalteco, 67 años, casado, dos hijos, ingeniero, economista. Tiene una licenciatura en ingeniería eléct
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