ENSAYOS >
Título:     Tema:     Autor:    

Mi Esquina Socrática

¿Qué nos pasa?
Fecha de Publicación: 30/01/2014
Tema: Educación

Supongamos que arribamos a Guatemala y procuramos informarnos, con toda seriedad, de la situación nacional.

Habríamos de interrogar a los guatemaltecos, tanto a los sobresalientes como a la masa de los anónimos.  Tendríamos que contrastar sus respuestas con los datos de las observaciones personales y de las de otros. Consultar asímismo las publicaciones internacionales, tanto las de la ONU como las de los numerosos índices comparativos que hoy se publican a raudales respecto a nuestras fortalezas y debilidades colectivas, comparadas con las de los demás países.  Añadiríamos, tal vez, visitas bien programadas a puntos geográficos socialmente más álgidos de nuestra historia. Estudiaríamos las reseñas más confiables, y escudriñaríamos los programas de los curricula actuales de nuestras escuelas, sobre todo las primarias…

Pues bien, todo ello lo he intentado por treinta y ocho años, y sé de lo muchísimo que siempre me quedará por aprender.

Mi informe, por lo tanto, meramente  previsional: Guatemala, como es sabido de todos, es un bello país, del clima para mí más suave y saludable que he conocido.

De gente amable, aunque no de refinada cortesía. Con un nivel de educación, sumamente disparejo, que despliega de lo más exquisito a lo más vulgar y tosco.  Etnicamente muy plural, con una escasa mayoría criolla y mestiza, y un importante núcleo minoritario indígena, al parecer todavía poco interesado en dejarse penetrar por las corrientes y aires de la modernidad y de lo contemporáneo.

En verdad, la creo una nacionalidad todavía en ciernes, con un pasado “independiente” de sobresaltos y choques de intereses vistos según las corrientes ideológicas del momento, incluidas las más extremas por otra parte ya casi en todas partes superadas.

Un pueblo joven, con una esperanza media de vida de 71 años y un promedio de edad de alrededor de los 18 años. Un pueblo, por tanto, con futuro.

Lo que más echo de menos porque lo creo lo más relevante son tantos múltiples talentos que duermen en su seno. Guatemala, como otros pueblos igualmente jóvenes, está repleta de ingenios por descubrir y de energías humanas por explotar. He visto que en cuanto a un joven adulto se le proporciona las herramientas de carácter adecuadas, resulta increíble lo bueno y lo original que se puede lograr de él. En la Universidad Marroquín, por ejemplo, tenemos un programa llamado de “Impulso al Talento Académico” (ITA), reservado exclusivamente para jóvenes muy talentosos de escasos recursos, y egresados del sistema estatal de educación. Los  resultados son de veras inauditos por sus frutos maravillosos. En realidad, constituyen parte de la crema y nata  de lo mejor de nuestro sistema de educación.

Por otra parte, me deleito oír de los éxitos de tanto joven empresario guatemalteco, dentro y fuera del país, que aportan iniciativas fecundas y un dinamismo juvenil al crecimiento productivo en donde quiera operen. Sobre ellos descansa la firme garantía de nuestro progreso de hoy y del de nuestro mañana.

Pero, ¿qué condiciones les han sido previas?

Los incentivos apropiados, nada más. No ha contado entre ellos el sello de un apellido de abolengo, ni del capital de familia. Sólo la disciplina, y las privaciones que templaron su carácter durante su infancia y su adolescencia, la historia común de la gran mayoría de los hombres y mujeres de éxito en cualquier parte.

Por supuesto, que se les ha de ayudar con incentivos, pero no malcriar. El primer impulso a superarse les ha llegado de los adultos que les son más significativos, pero mediatamente también de las figuras públicas que han visto como señeras por ser honestas, tenaces, generosas,  corajudas y a un tiempo prudentes.

Por cierto, ¿cuántas de éstas nos dan a conocer nuestros medios masivos de comunicación?...

Porque todo joven creativo necesita de ejemplos que lo muevan. Sin ellos, divaga sin norte y desperdicia, uno tras otro, los talentos que les son innatos o que ya ha adquirido. De ellos aprenderá que la clave de los triunfos personales resta más bien con el desarrollo del hábito de exigirse más a sí mismo de lo que él pudiera exigir de los demás. Sólo de ese temple podrá hacer frente a las inevitables crisis del fracaso, de la desilusión, de los malentendidos, o de la traición inesperada, siempre para volver a ponerse de pie.

El carácter se forja así, en la responsabilidad sentida para sobrevivir por sí mismo, en el esfuerzo sostenido a largo plazo, no en cualquier impulso hacia el propio beneficio al corto.

Esto entraña que los criterios éticos habrán de dominar en él los meramente utilitarios. Es más, que sólo así se construye lo verdaderamente útil, y que sólo así se vive y muere en paz con la propia conciencia.

Ahí está lo que nos pasa: hemos descuidado la formación del carácter en nuestros jóvenes y cosechamos sus miserias cuando ya son adultos mayores.  

De tal forma podemos explicarnos el lamentable presente, pero también esperar el futuro que podrá sernos espléndido.