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Teorema

Los estudiantes
Fecha de Publicación: 29/01/2014
Tema: Educación

 

Únicamente 4 de cada cien graduandos en 2012 aprobaron holgadamente la prueba de Matemática (el MINEDUC, estirando mucho la pita dice que fueron 7). Sólo 12 de cada cien pudieron leer un texto corto sobre un tema no especializado y comprender bien lo que habían leído. Eso sucedió hace menos de dos años. Lo más probable es que los resultados del año pasado y los que habrá este año, no difieran mucho.

 

Me pregunto ¿qué sucederá dentro de diez años, cuando esos jóvenes sean adultos con edades próximas a los 30 años? De cada 100, posiblemente cuatro serán profesionales brillantes ¿Y los otros 96? Algunos, con mucho esfuerzo, habrán superado las deficiencias del ciclo Diversificado y hayan conseguido ser exitosos. Pero muchos de ellos, podrían estar haciendo huelgas y paros en las carreteras. Otros se habrán convertido en profesionales-estafadores. Habrá quienes se hayan vuelto políticos, lo más probable es que sean marrulleros… ¿Y el país?

 

En un artículo anterior razoné que había que exculpar a los mismos estudiantes por ser ellos el objeto del esfuerzo educativo. Posiblemente ese fue un juicio apresurado, ligero. Al fin y al cabo se trata de la forma como ellos van a vivir su recién iniciada vida con libre albedrío. Sobre los estudiantes recibí el enfoque antes ofrecido por mi distinguido amigo, historiador minucioso, sumamente metódico y responsable, escrupulosamente analítico, como lo describí antes. Dice lo siguiente:

 

La otra parte de la educación estatal en Guatemala, son los estudiantes. Lo digo, porque la educación, en esencia, no necesita edificio escolar ni burocracia que la dirija (o entorpezca).

 

Por supuesto que una educación continua durante los 13 años que comprende la enseñanza a párvulos, niños y adolescentes sí que requiere de aulas, útiles, libros y ayudas de todo tipo.

 

Pero, en esencia, la buena educación se trata de buenos maestros y buenos estudiantes.

 

Los maestros están mal formados y educados, y desde hace 70 años se cambiaron los papeles. Los maestros a la política y los políticos a las aulas. Estamos presos de una pedagogía para hijos de inmigrantes europeos, a lo argentino; y no tenemos la que debiéramos tener. 

 

A los pequeños, en la escuela primaria, se les pide un pensamiento crítico y se les hace escribir ensayos y expresar sus opiniones. A los adolescentes, por el contrario, se les hace estrechar el pensamiento y se les forma una opinión ya establecida. Todo al revés, ignorando las capacidades del ser que, intelectualmente, está en formación. Todo como parte de una escuela de formación de "cuadros", no de ciudadanos.

 

La Pedagogía y los maestros que necesitamos no existen acá. La Guatemala del siglo XXI sigue teniendo habitantes del siglo XII americano (NR: en toda América, en el siglo XII se vivía la Edad de la Piedra). A ellos hay que enseñarles cómo dar un salto de cientos de años en una sola vida. Como pasar de la edad de piedra a la de la electrónica.

 

Lo sabemos, los niños de la pobreza no necesitan ningún nuevo conocimiento para ser pobres como sus padres. A la temprana edad de 7 años en la que se les recibe en primer año de la educación primaria, ya saben todo lo necesario para ser pobres. Las niñas han sido recolectoras de leña, niñeras de sus hermanitos, cocineras en sus casas y, en general, han acompañado a sus madres en todos sus oficios, aprendiéndolos a hacer. Los niños han hecho lo mismo con sus padres y saben manejar el machete y el azadón, sembrar y cuidar la milpa y, en general, también han acompañado a sus padres en todos sus oficios, igualmente aprendiéndolos a hacer.

 

Esos padres no ven la necesidad de que sus hijos acudan a la escuela; salvo que los sobornos funcionen; como la merienda escolar, la bolsa solidaria, el bono seguro y cuanta medida busque hacer que los niños sean enviados a la escuela. Pero sólo enviados a la escuela, no enviados a estudiar...

 

Sólo pongamos dos ejemplos, de la carencia de una pedagogía adecuada:

Cómo podrían aprender a multiplicar y dividir si no conocen la abundancia. Recordemos que, históricamente, la suma y la resta abreviadas –que eso son la multiplicación y la división aritméticas – surgieron como una necesidad de contar las abundantes cosechas recogidas por los reyes. Y cómo la unidad de una cesta o un jarrón uniformes siempre contenía la misma cantidad de granos, y la posición de ellos en filas y columnas permitía hacer la multiplicación de esas unidades y saber cuánto grano estaba disponible.

 

La división era entonces la manera de repartir equitativamente ese inventario. Así, la parábola de la multiplicación de los panes y los peces que relata la Biblia no fue otra cosa que el poner juntos todos esos alimentos, para multiplicarlos (contarlos abreviadamente) y luego dividirlos (restarlos abreviadamente), de modo que todos tuvieran la misma ración de comida.

 

Pero observe usted a un cajero o cajera en un supermercado. Usted coloca, en la cinta móvil las latas o botellas con agua gaseosa que desea comprar. Y las ordena en filas y columnas, tres filas de cuatro unidades cada una. 3 x 4 = 12. Fácil ¿No? Al contrario, es sumamente difícil para él o ella, que han ido a la escuela estatal. Usted los ve tomar cada botella o lata y los ve contarlas, una a una, pasándolas por el lector de código de barras. Y Usted termina con una factura de dos metros de largo con todas las sumas por unidad de lo que compró. No hubo multiplicación. No saben hacerla.

 

¿Cómo enseñar a un pobre a multiplicar y a dividir? Ese es un desafío pedagógico que no se ha enfrentado desde hace 70 años. Y como ese, muchísimos más.

Y luego nos sorprendemos que casi todos los estudiantes aún no sepan hacerlo al graduarse en la secundaria...

 

¿Cómo enseñar a leer a un niño pobre? Si el material presentado no se relaciona con su vida y su experiencia. Si no le aporta ningún conocimiento útil. Si el contenido es abstracto. Otra cosa sería si se usara la escritura en una forma que sirviera inmediatamente. Pero eso es asunto de otra nota.

 

La comprensión y retención de lo leído es el otro caso notorio de las mediciones que hace el Ministerio de la Ineducación. A nuestros escasos 7 a 12 años, en la niñez, los humanos podemos aprender de memoria. Así se desarrolla la capacidad de retener lo leído. "Diciendo la lección".

 

Al empezar a desarrollar las capacidades racionales en la adolescencia, los humanos podemos entender muchas más cosas. Y los estudios secundarios son una apertura al Mundo, en todos sus aspectos; entendiéndolos en forma básica pero certera y racional. Nada de eso sucede en las escuelas.

 

Lo único que queda después de los 13 años de educación parvularia, primaria y secundaria, es algo que no sirve para trabajar ni para superar unas pruebas de admisión, muy elementales, para la educación universitaria estatal; que es el otro examen que completa las encuestas finales del Ministerio.

 

Queda, eso sí, la educación política que se recibió insistentemente durante esos años. Para eso sí que están los maestros.

 

Por ello es que los jóvenes de la Guatemala de hoy se oponen en un 64% ¡la mayoría absoluta! a la minería de metales. Como si viviéramos en la edad de piedra y nunca hubiesen tocado o usado un metal. O es que, sí, viven en la edad mental de la piedra y no han salido, ni la escuela estatal los sacó, de ella.

 

¿Cómo, de otra manera, nos explicamos ese rechazo?...

SOBRE EL AUTOR
J, Fernando García Molina
      José Fernando García Molina Guatemalteco, 67 años, casado, dos hijos, ingeniero, economista. Tiene una licenciatura en ingeniería eléct
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