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Teorema

El responsable
Fecha de Publicación: 27/01/2014
Tema: Educación

Cerré los ojos y traté de imaginar cómo sería Guatemala si sus pobladores tuviéramos un nivel más alto de educación académica y de cultura general. Si leyéramos más libros, por ejemplo. Vi un país distinto, gente con horizonte más amplio, más contenta y más reflexiva; vi mayor participación ciudadana y más exigente de mejores candidatos a ocupar los cargos de elección popular; vi menos alcoholismo, violencia, crimen…

 

Ya en un artículo reciente me había preguntado ¿De quién es la culpa? ¿La tendrán los alumnos por su indolencia y falta de aprovechamiento? ¿Los padres de familia que no dan el seguimiento adecuado en casa a las tareas escolares? ¿Será culpa de la Ministra de Educación? ¿O del Presidente? ¿De este presidente, del anterior o de todos los anteriores? ¿Es responsable esa inmensa mayoría de maestros incapaces? ¿Recae la culpa sobre los líderes sindicales de las agrupaciones magisteriales? ¿Lo es la amplísima burocracia del MINEDUC?

 

Una y otra vez busqué la respuesta en la coyuntura actual o en hechos recientes, sin lograr encontrar al responsable. En esas divagaciones me encontraba cuando recibí un correo ofreciendo la respuesta pero desde un enfoque histórico. Viene esta de un amigo que merece todo mi respeto por ser un historiador minucioso, sumamente metódico y responsable, escrupulosamente analítico. Reproduzco su carta en la plena certeza de que somos muchos los preocupados en ese tema. Me atrevo a decir que todos cuantos creemos que la educación es vital para el desarrollo, estamos preocupados por encontrar la respuesta. La de mi amigo, quien me pidió no publicar su nombre, es la siguiente:

 

Estimado Fernando:

Leí tus dos últimos artículos acerca de los problemas de la educación estatal en Guatemala con ocasión de los resultados de la medición de rendimientos de los estudiantes en su etapa final en el año 2012.

 

Estás en lo cierto al decir que, hoy, los maestros están en el centro del asunto educativo y no los estudiantes. Y te preguntas quién es el responsable.

A mí me parece que el responsable tiene nombre: Juan José Arévalo Bermejo.

 

Después de los sucesos de 1944 se endiosaron los protagonistas de la revuelta de junio,: los maestros y los universitarios; al extremo que a la nueva Universidad, desde entonces "autónoma", se le da una tajada del dinero de los contribuyentes, sin preguntar para qué será usado y se le involucra en una enorme cantidad de decisiones políticas del Estado. También tiene iniciativa de ley.

 

El pequeño grupo de maestros (unos 200 entre los miles de aquella época) que habían sido convencidos por los comunistas aún sin partido, formaron con la dirección de Vicente Lombardo Toledano una organización pre-sindical y luego pasaron a la política como maestros y no como ciudadanos. Así participaron, hasta el 25 de junio, en el empuje para acabar con el régimen liberal y substituirlo con uno socialista.

 

Después, en 1945, con el papel de actores políticos, casi como partido, a los maestros se les colocó en el centro del esfuerzo educativo socialista. Adiós a la responsabilidad como mentores y educadores efectivos. Adelante con su papel de filósofos y moldeadores desde el nivel parvulario, de la nueva juventud que tendría los valores socialistas de depender del Estado y defenderlo en su papel de rector de toda actividad en la Sociedad.

 

Y como, para considerar verdaderos los postulados socialistas, se requiere de cierta falta de preparación y de cierta ignorancia de los procesos críticos del pensamiento, es necesario adoctrinar y no educar; incluso a los "educadores". Y el efecto se repite y se agranda en cada generación, hasta que predomina la ignorancia y la incapacidad ¿Para qué ser capaces, si el Estado proveerá para todos por igual?  Estos maestros de ahora son los nietos y bisnietos de aquellos que empezaron a ser así. El filósofo se retiró gloriosamente con su socialismo espiritual, a su vez un refrito del pensamiento de Víctor Haya de la Torre, y nos dejó el desastre actual.

 

Para arreglarlo, hay que ir a sus raíces. Y darle el remedio de la competencia, liberando el cerco que impide crear colegios e institutos privados sin la tutela uniformadora del Estado. Para eso servirían los vouchers educativos. Así se decantaría el magisterio, quedando los mejores donde se les aprecie y se les premie. Y a ellos se encaminarían los padres para llevarles a sus hijos. Quedarían los peores maestros en las mejores instalaciones, hasta que la sequía de estudiantes les sacara de su actividad. Mejor sería pagarles para que se quedaran en casa, en vez de tener a su cargo a los párvulos, a los niños y a los adolescentes.

 

 

Creo que hay dos partes que considerar. La segunda son los estudiantes, que presentan un caso muy especial como hijos de la pobreza que son, y en un mundo de aprovechados y cínicos, que abunda en malos ejemplos. Más adelante te escribiré al respecto…

SOBRE EL AUTOR
J, Fernando García Molina
      José Fernando García Molina Guatemalteco, 67 años, casado, dos hijos, ingeniero, economista. Tiene una licenciatura en ingeniería eléct
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