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Teorema

Pacto colectivo
Fecha de Publicación: 21/01/2014
Tema: Educación

 

Antecedente: En un artículo anterior me referí a Los resultados de la Evaluación de graduados 2012 por DIGEDUCA (http://www.opinionpi.com/detalle_articulo.php?id=255). Ese documento muestra la gravedad de la situación en Guatemala. Revela que solo 4 de cada cien estudiantes del último año de Diversificado, tienen el nivel conocimientos de matemática adecuados a su edad y preparación. Expone que sólo 12 de cada 100 pueden leer un texto corto sobre un tema no especializado y comprender bien lo que han leído. Esto sucede después de haber aprobado entre 11 y 14 años de estudio.

 

Buscando quien podría ser el responsable de tal situación razoné exculpando a los mismos estudiantes por ser ellos el objeto del esfuerzo educativo. Consideré que si los padres de familia pusieran mayor atención a la educación de sus hijos, ellos mejorarían. Pero tal mejora dependería del nivel académico del colegio o instituto donde estudian. También inferí que el problema es de una magnitud tan grande que excede el precario nivel de autoridad del Ministerio de Educación. Reconocí que no se trata solo de un problema ministerial sino de uno que tiene una dimensión nacional. También encontré injusto señalar al sector sindical ya que su trabajo no consiste en trabajar a favor de la enseñanza sino procurar el bienestar de los mentores.

 

Planteé como hipótesis, que parte de la responsabilidad por el fracaso del sistema educativo nacional fuera la baja importancia que la gente le concede a la formación académica de los niños y de los jóvenes. Cada familia en su propio nivel educacional, a lo sumo aspira a que sus descendientes suban una grada. El padre analfabeto quiere que el hijo aprenda a leer; el que tiene uno o dos años de Primaria quiere que el suyo la concluya, y así… La gente no suele ambicionar un salto que haga llegar al hijo del analfabeto a los niveles de doctorado. Eso parece impensable (y sin embargo, ha sucedido). Aún una licenciatura se encuentra demasiado lejos de constituir una meta real para aquellos padres que sabiendo leer rara vez lo hacen, y que constituyen inmensa mayoría.

 

También señalé que las “recomendaciones” han contribuido de manera notable a contaminar el procedimiento de contratación. Que constituyen otra causa de que 96 de cada 100 graduando carezcan de los conocimientos de matemática adecuados a su edad y preparación.

 

Aún peor que la contratación perversa, aseguré, que la forma de promoción salarial de los maestros tiene muchísimo que ver con tan malos resultados. Los pactos colectivos, han destruido el incentivo para que los maestros se superen. Han evitado que esa pueda ser una profesión ejemplar de manera extendida y no solo de manera esporádica como sucede actualmente.

 

Concluí afirmando que el “pacto colectivo” es el triunfo de los mediocres, del gran número, sobre esa minoría que reúne a los mejores. Pero que aun así, no se puede culpar a los malos maestros porque ellos forman parte de un conflicto de intereses en el cual su propio bienestar inmediato tendría que ser sacrificado en favor del bienestar de los niños del país. Un conflicto que exigiría altos dotes éticos para comprender su naturaleza y aceptar el sacrificio propio en favor de los demás.

 

Hace demasiada falta una evaluación anual de los maestros que dependa, al menos por mitad, de los resultados conseguidos por sus alumnos. La otra mitad tendría que provenir de justipreciar la preparación, los méritos y el esfuerzo en el desempeño, dentro de un modelo que indudablemente ya tiene el Ministerio. Esta evaluación de los maestros debería ser tan estricta como la que DIGEDUCA hace a los graduandos. Incluso, podría ser la misma, lo que ya reflejaría cierta tolerancia. Además, los resultados debieran ser tan públicos como los de los graduandos.

 

Creo que es imperativo y urgente cambiar el sistema educativo nacional. El cambio debiera ser integral y severo. Debe tener como directriz la superación de los estudiantes, que ese 4% se convierta en una cifra mayor que 80% y que absolutamente todos los graduandos puedan leer un texto y comprender lo que leyeron.

 

Será necesario denunciar el pacto colectivo que firmó el presidente Pérez Molina el año pasado, comprometiéndose a aumentar el sueldo a los maestros en 10% este año y en 12% el año siguiente, sin vincular tales aumentos ni con la preparación de los docentes, ni con su diligencia, ni con el buen cumplimiento de sus deberes ni con los resultados en la preparación de los estudiantes, ni, ni… ni. Ni con nada. No hay vinculación entre el aumento salarial prometido por el mandatario y el desempeño de los maestros. Lo único que obtuvo el gobierno fue la promesa de que no harían huelgas, concentraciones, marchas, ni otro tipo de alborotos populares. Y ni siquiera eso pudo el magisterio cumplir a cabalidad.

 

Nuevamente los maestros, ante una aludida insuficiencia de presupuesto, amenazan con ir a la huelga y paralizar al país. Plantean crear un caos a nivel nacional, en el cual estarían involucrados ellos mismos, los estudiantes y los padres de familia. Afirman tener la fuerza y liderazgo suficiente para ello. Exigen el aumento de 10% prometido por Pérez Molina y la contratación dentro de nómina para unos 28,000 mentores. Esconden sus verdaderas demandas con la de reparar de escuelas dañadas, refacción escolar, libros, pago por servicios atrasados (agua, teléfono y electricidad) en algunas escuelas, así como otros distractores que los hagan ver como personas altruistas, preocupadas por el bienestar de los niños !Mentirosos!

 

Esta podría ser una magnífica oportunidad para arreglar de una vez y para siempre el sistema educativo nacional. El costo sería alto, pero el beneficio sería aún mayor. Vendrían meses de zozobra, agitación pública, demandas, sindicaciones al gobierno, incluso podría perderse por completo el año escolar. No sería fácil, nada fácil, pero valdría la pena porque no se trata solamente del beneficio de tres millones de estudiantes sino del desarrollo futuro del país que causarán ellos y las nuevas generaciones por venir.

SOBRE EL AUTOR
J, Fernando García Molina
      José Fernando García Molina Guatemalteco, 67 años, casado, dos hijos, ingeniero, economista. Tiene una licenciatura en ingeniería eléct
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