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Mi Esquina Socrática

“!El Emperador está desnudo!”
Fecha de Publicación: 09/01/2014
Tema: Política

Según Hans Christian Andersen, “hace muchos años  vivía un emperador que era comedido en todo excepto en una cosa: se preocupaba mucho por su vestuario. Un día escuchó a dos charlatanes decir que podían fabricar la tela más suave y delicada que pudiera imaginarse. Esta prenda, añadían, tenía el especial atributo de permanecer invisible sólo para cualquier estúpido, o para cualquier incapaz en su cargo. Por supuesto, los pícaros fingían que trabajaban en tal ropa, pero guardaban para sí los ricos materiales que solicitaban para ese fin.

Algo nervioso acerca de si él mismo sería capaz de ver la prenda, el emperador envió a dos de sus hombres de confianza a verlo. Por supuesto que ninguno de los dos quiso admitir que era incapaz de ver la prenda, y se deshicieron en alabanzas a la misma. Toda la ciudad también oyó del fabuloso traje, y cada cual quedó a la espera de comprobar cuán estúpido era… su vecino.

Llegado el Emperador, los sastres estafadores hicieron como si le ayudaran a ponerse la prenda inexistente, y el emperador salió así a un desfile solemne, para no admitir que era demasiado inepto o estúpido como para poder verla.

Toda la gente del pueblo alabó entusiastamente el traje, temerosos de que sus vecinos se dieran cuenta de que no podían verlo. Pero un inocente niño entre la multitud exclamó:

«¡Pero si el Emperador va desnudo!»

El rumor se propagó,  primero en voz baja, después a gritos, sin que cayeran todos en la cuenta de que descubrían, al mismo tiempo, la propia desnudez de sus míseras consciencias.

De tan aleccionadora fábula me acordé al instante de leer, por primera vez, la disposición de una señora juez en contra de José Rubén Zamora. Según ella, constituye un caso de intento de feminicidio criticar a quien ocupe el cargo de Vicepresidente de la República… si acaece ser  mujer. ¡Aviados estamos!

Semejante estupidez acaba de ocurrir en este régimen de caos total, legal y constitucional, en el que nos hallamos hundidos desde el desastroso cuatrenio de Alvaro Colóm, seguido por los dos años, no menos descaradamente cínicos y despilfarradores, de ejercicio de Otto Pérez Molina, de su Vicepresidente, Roxana Baldetti, y de la mayoría de diputados del Congreso actual.

La decencia jurídica ya nada vale en Guatemala. Ni siquiera en el Poder Judicial, cuyos magistrados con demasiada frecuencia  hacen de cómplices del gobierno de turno.

Ahora resulta que para que un funcionario público pueda tornarse en un  asaltante de caminos legal, sólo basta un atributo que le exima de culpa: su sexo, en este caso, el femenino. Pronto será incluido positivamente en tan honrosa categoría cualquier homosexual…, hasta que terminemos por requerir de él ser un simio hermafrodita para que merezca figurar, de nuevo positivamente,  en la  categoría de los inimputables.

¿Cómo hemos podido resbalarnos hacia tanta barbarie?

Al corto plazo, con los “acuerdos” de una paz “firme y duradera” de otro gobierno. Aquel pacto entre los encargados constitucionalmente de cumplir y hacer cumplir la ley y la mafia violenta organizada en pandilla política que le adversaba, a costa, muchísimas veces, de vidas ajenas a la confrontación, selló el fin de toda ética pública, y de toda moral, entre nuestros “adalides” políticos. Por eso, a estas alturas, el caso contra José Rubén Zamora no debería sorprender a nadie con dos dedos de frente y un resto de principios éticos.

A más largo plazo, también el positivismo jurídico de rigor en nuestras universidades por siglo y medio, sobre todo en la Universidad de San Carlos, ha servido de abono para  nuestra debacle de conducta colectiva. En su cauda, ha surgido, además, el “Estado Benefactor” (de algunos sectores “privilegiados”, de otros injustamente protegidos en el mercado competitivo, de beneficiados con “seguridades” debilitantes del carácter, con bolsas, comedores, vacaciones en la playa, o empleos inútiles…) y que han tenido como denominador común erosionar hasta su desaparición completa el sentido de la responsabilidad  individual.

Pero al cortísimo plazo, tal alianza nada santa entre las cúpulas del sector privado organizado y de la subversión violenta, de aquel diciembre de 1996, que apaciguaban a esta última para la mutua tolerancia de los privilegios de los otros y a los otros de las impunidades de ellos, nos ha rebajado a tan ignominioso nivel de “civilización”. 

Los valores de la ética y la moral han dejado de servirnos de guía. Sólo los intereses pecuniarios cuentan, la evidencia más elocuente de la decadencia de todo un pueblo. Y esto, extendible, a unos más, a otros menos, por todo este Occidente histórico que por siglos se pretendió “cristiano”.

La ley de Dios desvanecida, ha abierto la puerta a la justicia del más inescrupuloso.

Y todo esto, lamentablemente, siempre comenzado y completado por individuos, que osan  autocalificarse de inteligentes y dignos.

¿Cuál ha sido hasta ahora tu aporte?...