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Teorema

El Cónclave
Fecha de Publicación: 14/04/2013
Tema: Política

 

Los medios de prensa informaron ampliamente sobre El Cónclave que el pasado 13 de marzo culminó con la elección de Francisco I, como Papa 266º en la historia de la Iglesia Católica. Este artículo no pretende ser redundante con lo mucho ya dicho, ni aportar nada nuevo. En cambio, se propone comparar el sistema electoral que desde el año 1,274 utiliza el Vaticano para elegir Papa con el método de votación democrática que utilizamos en Guatemala desde hará unos 200 años para elegir Presidente.

Si se juzga con base en los resultados, me parece que no habría mayor discusión al afirmar que el procedimiento del Vaticano, con ausencia total de democracia y absolutamente ninguna participación popular, conduce a mejores resultados que los obtenidos mediante el sistema democrático. En los últimos 135 años, ellos han tenido 11 papas. En el mismo período, a partir de Justo Rufino Barrios, nosotros hemos tenido 45 gobiernos; 5 han sido de facto, 15 por nombramiento, 7 juntas militares y 18 por elección (3 se convirtieron en dictadura). No por infames, las estadísticas son lo más importante. Las ventajas del papado superan esa ya contundente historia de estabilidad.

Habrá algunos ejemplos en contrario, pero son lejanos. Uno de los más sombríos parece ser el de Sergio III (904-911) quien mandó a degollar a su antecesor, León V (903-903), a estrangular al antipapa Cristóbal (903-904) y nombró como sucesor a un hijo suyo recién nacido, que a los 20 años asumió como Juan XI (931-935). Los señalamientos a los papas de épocas remotas son principalmente de índole sexual, la pederastia, es uno de los más comunes. Tanto así que el período de la historia papal, entre 904 y 935 fue denominado Pornocracia. Entonces la Iglesia vivió su era más oscura, donde resalta la tristemente recordada Marozia, quien da lugar a la leyenda (¿?) de la papisa Juana; aquella época es aún más oscura que nuestra realidad más próxima y que la actual.

Pasaron más de tres siglos para que ellos hicieran un cambio radical en la forma de seleccionar Papa, instituyendo El Cónclave, sistema que, con algunos cambios, han venido utilizando hasta nuestros días. Lograron salir adelante y crecer hasta manejar una población de 1,200 millones de bautizados, dispersos sobre la faz de la tierra, gente paga sus tributos sin coerción fiscal. Nosotros, mediante procesos electorales democráticos, no hemos conseguido siquiera reunir aliento suficiente para cobijar la esperanza ¿O se siente usted confiado de que la elección de 2015 conduzca a un gobierno probo?

Para hacer una comparación útil, conviene comparar las figuras presidenciales con las correspondientes figuras papales. Desde 1978, a través de El Cónclave, ellos eligieron a Wojtyla, a Ratzinger y ahora a Bergoglio. Nosotros a Lucas, Cerezo, Serrano, De León (por designación), Arzú, Portillo, Berger, Colom y ahora a Pérez. Ver nuestro listado procura una sensación de vergüenza. La distancia que separa a unos y otros es tan grande como el tamaño de una molécula lo es al del Universo, quizá aún más grande. La comparación resulta oprobiosa, triste… entraña aceptarnos doblegados ante la ignorancia, describe un acto de rendición a la corrupción, de sumisión a la incapacidad.

Habría que evaluar la importancia del democrático acto ciudadano de votar, contra los pésimos resultados obtenidos. El voto ciudadano se otorga con irresponsabilidad, gran parte es producto de alguna forma de soborno, la mayoría vota bajo engaño. La lógica de los candidatos incluye mentir como medio para obtener el triunfo, y ese es el menor de los crímenes que están dispuestos a cometer. Además, la democracia se refiere casi con exclusividad al conteo de votos. En lo demás seguimos viviendo regímenes presidencialistas de corte más o menos dictatorial.

El Vaticano prohíbe a los cardenales hacer promoción personal buscando influir en los demás para obtener su voto. Eso sí, permite la mediación de un tercero a favor de determinada candidatura. El proceso está diseñado para durar 5 días, pero cuanto más pronto, mejor. Prevé medidas para evitar que se alargue.

La legislación guatemalteca establece unos 125 días para la promociónintensiva de candidaturas. Sin embargo, la campaña 2015, por parte de UNE, Todos, LIDER y CREO ya inició, definiéndo esta como una de más de mil días. Durante el proceso electoral, los candidatos harán todo lo que esté a su alcance (lícito o no), para conseguir el voto de los electores. Para empezar deben asegurar capacidad financiera suficiente para cubrir los gastos de campaña, una cifra considerablemente superior a 100 millones de quetzales. Hace 30 o 40 años, secuestraban gente acaudalada, ahora venden el país (otorgan privilegios a sus financistas, para utilizar un lenguaje políticamente correcto).

La última vez, 115 cardenales electores, que a su vez pudieron ser postulados (teóricamente hubo 115 candidatos), designaron Papa a Francisco I y hacerlo les tomó un día. La selección de Benedicto XVI la hicieron 117 cardenales y también fue de un día para otro. Por su parte, la elección de Juan Pablo II corrió a cargo de 111 cardenales y les tomó dos días.

¿Será que Guatemala no cuenta con personas que además de talento tengan una buena formación profesional, espiritual y humana? Creo que sí, definitivamente sí tenemos gente de esa altura, intelectuales brillantes, hombres probos, dirigentes comunitarios con visión estadista, pero ellos no figuran en las papeletas ¿Qué podríamos hacer nosotros para desarrollar un modelo semejante al Cónclave del Vaticano? Creo que habría que recurrir a nuestros ciudadanos notables  que viven aquí y están dispuestos a cambiar nuestro sistema político.

Desde luego, habría que reformar la Constitución ¿Qué no le parece? Bueno, entonces sigamos en las mismas, veamos cómo los políticos siguen destruyendo un país que nunca llegó a  constituirse como tal, observemos como terminan con el sueño de una patria para nuestros descendientes. Sigamos pensando que únicamente se trata de tener mejores candidatos, que sólo es cosa de hacer algunos ajustes a la democracia. 

SOBRE EL AUTOR
J, Fernando García Molina
      José Fernando García Molina Guatemalteco, 67 años, casado, dos hijos, ingeniero, economista. Tiene una licenciatura en ingeniería eléct
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