ENSAYOS >
Título:     Tema:     Autor:    

Mi Esquina Socrática

¿Más de lo mismo?
Fecha de Publicación: 04/12/2013
Tema: Otros

Quizás, influido por el tiempo litúrgico de Adviento en el que nos hallamos, me siento algo analítico y esperanzado en las potencialidades del hombre. 

          Otro año termina, y Guatemala sobrevive de nuevo a otro gobierno fiscalmente irresponsable.  El dinamismo, sin embargo, de su pueblo desplegado en el sector privado la mantiene a flote, como ha sido de costumbre.

          Otra decepción, una vez más, se transparenta en el hecho de la campaña electoral anticipada que ya empieza a desfigurar, con fotos y lemas de candidatos, el hermoso paisaje urbano del país. Señal infalible de impaciente descontento ciudadano.

          Lo inquietante es que todavía no aparece por el horizonte partidista alguna opción de veras diferente. El pobre sistema social-democrático que nos legaron los constituyentes de 1985 parece que se mantendrá incólume por otros cuatro años más a partir del 2015. ¡Paciencia!

          Pero también creo en milagros, porque los he presenciado en otras latitudes. El milagro que deseo ahora para Guatemala es el de una candidatura anti-sistema o sea, la de alguien que no trabaje tanto para las próximas elecciones como para las próximas generaciones.

          Eso entrañaría otra rara avis en política criolla, es decir, alguien que se guía más por el largo plazo que por el corto.

          Puesto a divagar y a falta de realidades pétreas que comentar, quisiera que se asomara de repente por el horizonte electoral alguna persona de carácter, en primer lugar, y además inteligente, cultivado y sin ánimo de querer “salir de pobre” vía el erario nacional. Y que se presentara acompañado de un equipo de jóvenes maduros, disciplinados y con las destrezas apropiadas.

A todos ellos también los quisiera ver constituidos en mayoría abrumadora en el Congreso.

          No menos, quisiera un sector privado que no se muestre tan obsesionado por quienes les aseguren el disfrute de “privilegios”,  gratuitos o ganados a pulso, pero sí empeñados en que tengamos autoridades de trato igual para todos.

          Y que las campañas electorales locales salgan más a relucir que las nacionales. Y que se oiga más al sentido común de la gente que se afana por cubrir sus necesidades básicas de techo, comida, escuela y salud que a las ensoñaciones “románticas” de quienes ya de muy atrás las han visto cubiertas.

          Quisiera ver compitiendo equipos de hombres y mujeres de veras interesados en lograr para Guatemala una mejor Constitución política, o sea, de una auténtica división de poderes iguales entre sí. Y no tener que resignarme al espectáculo de tantos dinosaurios partidistas que se aferran a perpetuidad a sus cargos de elección popular.

          Sobre todo, me tranquilizaría ver magistrados, jueces y fiscales del todo independientes de los intereses sectarios y de sus personales favoritismos nepotistas, y una policía profesional a sus órdenes sin miedos y sin tachas que velen por igual por el respeto a la ley por todos, los de arriba y los de abajo.

          ¿Con qué más sueño?

          Sueño con una Guatemala cuyo costo de hacer gobierno signifique financieramente la mitad, o menos, del actual. Que atraiga inversiones generadoras de empleo por haberse suprimido el desalentador Impuesto Sobre la Renta, y que al contrabando, la más desleal de las competencias, se le haya reducido a cero porque se habrán eliminado del todo los impuestos a las importaciones.

          Querría ver una Guatemala con una educación pública más municipalizada que nacionalizada, y que cuente con fuerzas de seguridad bien adiestradas y equipadas, para que puedan frenar, siempre dentro de la ley, a los violentos, a los amigos de lo ajeno y a los que medran de esos infelices suicidas paulatinos que consumen drogas.

          Me encantaría también ver guatemaltecos risueños, sin malinchismo alguno ni complejos de inferioridad frente a extranjeros. También sin envidia -“tristeza por el bien ajeno”- hacia a quienes por su trabajo honrado les va mejor.

          Disfrutaría enormemente de la amistad de las familias que tratan de mantenerse unidas, cuyas cabezas se mantienen firmes y compasivas a un tiempo, y contemplarlas los domingos desfilar con programas de pasos y pedales, similares a los que organiza la Municipalidad en nuestra ciudad capital.

          Me reconfortaría mucho leer a diario, en un buen castellano, la prensa, servida por profesionales que sepan distinguir entre una información cabal y exacta y una opinión por otra parte mal argumentada.

          Aprendería mucho de campañas contestatarias sin odio, sin insultos y sin calumnias, y llevadas adelante con respeto hacia todos, y con tolerancia recíproca. No menos, un acatamiento más escrupuloso hacia las normas del Tribunal Supremo Electoral.

¿Será mucho esperar? Si tenemos en cuenta que ya vamos bien entrado el siglo XXI, ¿no debería sernos lo mínimo a exigir?

          Pero, tal vez, todo esto me lo sugiera el tiempo fresco de las ilusiones otoñales del Adviento.