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Mi Esquina Socrática

Lucha de poderes en Guatemala
Fecha de Publicación: 25/11/2013
Tema: Otros

Traducido por Stella Dorion 

I

A fines de 2011, la poderosa Fiscal General, Claudia Paz y Paz, presentó cargos penales por genocidio contra el líder político, General Efraín Ríos Montt. En mayo de este año, finalizó al final de un juicio tan largo como peculiar. Ríos Montt, a la edad de 86 años –quién había sido artífice de que Guatemala se salvara de la insurgencia izquierdista– fue condenado por genocidio y sentenciado a 80 años de prisión.

La izquierda nacional e internacional celebró el veredicto, mismo que prometía otorgarles un dramático incremento en el poder que mantienen tanto nacional como internacionalmente. Los medios de comunicación de los Estados Unidos realzaron con sus luces más poderosas el veredicto. Empero, ignoraron mencionar un hecho que para los guatemaltecos era conocido: Estados Unidos había cabildeado para que Ríos Montt fuera condenado.

Poco tiempo después del veredicto, la Corte de Constitucionalidad, la autoridad jurídica más alta de Guatemala, le dio un vuelco al juicio señalando las irregularidades procesales cometidas y declarando nulo el veredicto. Sin embargo, a mediados de octubre, la misma corte revivió el caso ordenando al juez de una corte de rango inferior, que diera soporte a los argumentos y razones jurídicas por las cuales se denegó al reo su solicitud para aplicar a una amnistía otorgada al finalizar el conflicto armado. Si la amnistía aplica, el juicio termina. Si la amnistía no aplica, el juicio se reanuda.

La mayor parte de la gente en Guatemala carece de los conocimientos jurídicos suficientes para dar seguimiento a la complicada batalla legal desarrollada. Sin embargo, si se explica correctamente el significado legal del término “genocidio”, casi todos están de acuerdo con que aquí tal crimen nunca sucedió, aunque si se acepta que como parte de la guerra hayan sucedido masacres en contra de población civil. La mayoría de guatemaltecos también percibe que el país está enredado en redes de corrupción y está al tanto de la aplastante incompetencia funcional del sistema. Aquellos que pueden poner las piezas en su lugar, se dan cuenta que ninguna decisión, aún decisiones estrictamente jurídicas, pueden estar basadas en ley, cuando hay intereses poderosos en juego.

La única ley que gobierna en Guatemala nunca fue promulgada directamente y permanece oculta a la inmensa mayoría de ciudadanos. Para ser descubierta se requiere de mucha voluntad, perseverancia, y conocer lo que hay en la mente de la fiscal. No se combaten los hechos criminales y delictivos sino solo aquellos calificados discrecionalmente, como "de alto impacto" por la fiscal. Los diplomáticos norteamericanos poseen toda la información requerida para descubrirla pero han elegido no hacerlo.

Los medios de comunicación de los Estado Unidos se han inclinado a favor de la insurgencia izquierdista guatemalteca –medios tan importantes como el New York Times, CBS y PBS– no se ocuparán este asunto. Aún medios más conservadores, como el Wall Street Journal –WSJ– dejaron ir una alusión muy amplia cuando empezaron a publicar artículos que reflejaban los puntos de vista de los ex guerrilleros.

En el artículo “Guatemala abre investigación sobre la desaparición de luchador ex-rebelde” por Nicholas Casey, del 5 de noviembre de 2011 se señala claramente que la ex-guerrilla buscaba extorsionar al general retirado Otto Pérez, cuando este estaba por ganar la elección para presidente de la república. “Si usted no nos da una cuota de poder en su administración” –podía claramente oírse a los izquierdistas diciéndole a Pérez–, “nosotros le haremos la vida miserable con este tipo de investigaciones”. La historia en el WSJ, claramente respaldaba a los instigadores de izquierda.

El WSJ, diario que presta más atención a Guatemala que la mayoría de medios estadounidenses de comunicación masiva, ha estado permanentemente, tomando partido a favor de la oligarquía del país. Así que su interés por el destino de un comandante guerrillero desaparecido fue un asunto significativo, que debe llamar a la reflexión  ¿Acaso debe interpretarse como un nuevo alineamiento de las fuerzas políticas?

Desde luego que lo es, la nueva alineación es èsta: ahora, el poder en Guatemala está siendo compartido por una coalición de la extrema derecha y la extrema izquierda. La ex-guerrilla, los marxistas alineados, cohabitan con los oligarcas para dirigir la actividad política nacional. Se ayudan mutuamente en múltiples e invisibles maneras. El New York Times ni siquiera hará alusión alguna al respecto; ni tampoco hablará por la amplia mayoría de la gente, desde las clases alta y media hasta el campesinado rural, cuyos intereses están siendo atacados cada día por la coalición de los extremos.

En este arreglo, los oligarcas tienen el Gobierno Central con Otto Pérez Molina. Por su parte la ex- guerrilla tiene el Ministerio Público con Claudia Paz y Paz a la cabeza. Los oligarcas continúan con sus rentables “negocios como siempre” sin interferencia de los marxistas, quienes ahora están a cargo de impartir la ley a su gusto. Esta división de poder explica la anomalía de un ex líder cuya lucha contra la izquierda insurgente, misma que fue una bendición  para los oligarcas, esté ahora siendo procesado bajo la ley de un presidente de la oligarquía.

La Fiscal General, Claudia Paz Y Paz trabajó muy duro para desarrollar el proceso en contra de Efraín Ríos Montt. Ella es una izquierdista dogmática con conexiones familiares en grupos insurgentes. Su carrera ha estado devotamente dedicada a ajustar cuentas con aquellos que evitaron la toma del país por parte de organizaciones marxistas. Tiene un doctorado en Derecho pero opera con asombrosa indiferencia hacia el protocolo legal. Su ministerio actualmente promueve las operaciones ilícitas de apropiación de tierras llevadas a cabo por grupos armados de izquierdistas en el interior - rural de Guatemala.

Si Paz y Paz fuera sometida a votación por la gente de su propio ministerio, sería desplazada por una avalancha. Pero, más allá de las fronteras de Guatemala, en los precintos de instituciones internacionales y de los medios de comunicación “progresistas” todo es sonrisas para la heroica justiciera y para la mujer de quién se dice ser la defensora de los intereses de los oprimidos. Y ella, así, recibe el entusiasta y abierto respaldo del Departamento de Estado de Obama, cuya política es ayudada por el silencio de la prensa.