ENSAYOS >
Título:     Tema:     Autor:    

Teorema

La izquierda busca un héroe
Fecha de Publicación: 21/11/2013
Tema: Historia

El 13 de noviembre de 1960 un grupo de militares se rebeló en contra de procedimientos internos dentro del ejército. Al cuarto día de acciones, el movimiento fracasó. Los insurrectos que consiguieron fugarse, unidos con una facción del PGT y otra del movimiento 12 de Abril, formaron la guerrilla. La bautizaron como Fuerzas Armadas Rebeldes ––FAR.

 

En 1963 los dirigentes de las FAR se encontraban en Cuba. Desde allí, la Unión Soviética les proveería armas, dinero y abastecimientos para conseguir establecer un Estado comunista en Guatemala. Diez años antes, Jacobo Árbenz Guzmán había fracasado en un intento semejante pero dentro del régimen de legalidad.

 

Entonces (en 1963), Árbenz vivía en calidad de asilado en Cuba, donde el gobierno cubano siempre lo trató mal. Castro nunca lo recibió, sólo María, su esposa, había conseguido que el Che Guevara la recibiera. Años después, ella consiguió la única entrevista que Árbenz pudo tener con Guevara. El resultado debió ser malo. Árbenz quería dar clases en Cuba, como ya lo había hecho en la Escuela Politécnica de Guatemala, pero el único trabajo que consiguió, para él y para su esposa, fue para cortar caña (ver Mi esposo el Presidente Árbenz de María Vilanoba. Adelante cuando solo se indica el número de página, la referencia es a ese libro).

 

La guerrilla siempre enfrentó un problema de legitimidad. Si bien, podían llegar al gran público con discursos emotivos y razonamientos de justicia social, carecían de representatividad. Los terroristas eran vistos como un grupo de individuos que mediante violencia extrema, causaban terror en la población, para desestabilizar al régimen de turno electo.

 

Siempre me pregunté: ¿Por qué la guerrilla no incorporó a Árbenz en su movimiento? Dando a Árbenz una posición destacada en sus filas, aunque solo fuera emblemática, habrían podido desarrollar el discurso de un movimiento que buscaba restablecer en sus derechos a un presidente obligado a renunciar por el imperialismo norteamericano. Incluso habrían podido formar un gobierno en el exilio y darle una razón más elevada a sus propósitos. Al menos en apariencia, habrían dejado de ser un grupo menesteroso que solo buscaba asaltar el poder.

 

Árbenz gozaba de prestigio en Guatemala. María Vilanoba describe la forma como los sacaron de Guatemala (Página 125): En la aduana del aeropuerto desnudaron a Jacobo y le tomaron fotos en calzoncillos para publicarlas en la prensa mundial, también trataron de hacer algo parecido con mi hija Leonora (12 años) y con mi persona e intentaban tomar fotos desde las altas ventanas del edificio, pero gracias a Dios, alguien impidió a tiempo esta escena tan sórdida. Posiblemente el repugnante espectáculo descrito, ayudó a generar un sentimiento de solidaridad hacia Árbenz su familia. Quienes vivimos en las décadas de los 50 y de los 60 recordamos, especialmente en el interior, las paredes pintarrajeadas con su nombre.

 

Pero la reunión entre la guerrilla y Árbenz nunca se dio. Ningún documento (al menos dentro de los que he examinado) registra que tal entrevista hubiera sucedido. Siempre me pregunté ¿Por qué? Y por qué los países que lo recibieron en su destierro lo trataron tan mal, como si fuera portador de un mal terrible y contagioso.

 

Se dijo que había sido así por presiones diplomáticas de Estados Unidos. Y eso pudo ser al inicio de su exilio, pero ¿y después? Además, pudo suceder en países como México y Uruguay que quizá lo habrían permitido. Pero ¿la Cuba de Castro, Suiza, Checoslovaquia, Francia y la misma Rusia? ¿Por qué en ninguno de esos países se le recibió con las consideraciones propias de un ex Presidente? Al fin de cuentas había sido un aliado de los rusos ¿Qué pasó en realidad?

 

Un día antes de renunciar, Árbenz sostuvo una reunión con la Dirección del Partido Comunista, quienes le convencieron de no renunciar. Árbenz aceptó la propuesta y, según relata María, su esposa (Página 118), “…pidió a Fortuny (quien presidía el PGT) que le proveyera cuando menos 100 valientes de sus filas que pudieran acompañarlo para enfrentar a los invasores o al menos desarrollar una retirada militar honrosa. A esto, Fortuny respondió Jacobo, no tenemos 100 hombres. Y Árbenz le dijo ¿y la mitad? No tenemos gente para ello. Mi esposo preguntó a Fortuny por una lista de los integrantes de los Comités de Reforma Agraria que estaban entregando tierras a los campesinos y Fortuny respondió no tenemos esas listas”.

 

Árbenz debió entender lo que era obvio: le estaban pidiendo que se suicidara; posiblemente fue María quien lo disuadió de hacerlo, pero no tengo evidencia escrita al respecto. Los comunistas, convencidos de que debió suicidarse y morir como un héroe ya que los acontecimientos y la “causa” así lo demandaban, no solo le reclamaron no haberse suicidado, sino también lo estigmatizaron entre los gobiernos de países afines, señalándolo como cobarde y como traidor. Por mantener la vida tuvo que pagar un alto precio: vivirla sin honor.

 

Por su parte, Árbenz ya en el exilio, se sintió traicionado y dolido, especialmente por Fortuny. María escribe (página 129): Sin embargo, en aquella época fue para Jacobo un golpe muy duro enterarse de que el PGT lo atacaba y prácticamente lo señalaba como cobarde.

 

Más adelante (página 139) afirma: Un golpe que recibió Árbenz en la República Oriental del Uruguay fue leer un folleto que un miembro del Partido Guatemalteco del Trabajo había publicado en Brasil (obviamente se refiere a Fortuny). Allí declaraba que los discursos de la Presidencia de Jacobo los había elaborado él.

 

En Cuba Árbenz fue invitado a dar conferencias sobre lo ocurrido en Guatemala. Al concluir cada conferencia –afirma María (página 147)los asistentes vociferaban “¡Aquí no permitiríamos que suceda eso, Cuba no es Guatemala; aquí no somos cobardes!”. María expresa (página 130): en tres cuartas partes del planeta se nos trató como traidores y se nos impidió la permanencia y la posibilidad de ejercer algún trabajo honrado.

 

Acaso de allí deriva la insistencia de ambos, los marxistas y la familia de Árbenz, de negar enfáticamente que él y su gobierno hubieran sido comunistas. Unos por considerarlo cobarde y traidor, el otro por estar persuadido de que ellos lo habían abandonado, infamado su memoria y logrado que su exilio fuera aún más difícil de tolerar.

 

En la celebración del centenario de su nacimiento, todo cambió. En su artículo Jacobo Árbenz Guzmán: la memoria incómoda, Manolo E. Vela Castañeda, escribió el 30 de septiembre anterior: “La izquierda no pudo, durante mucho tiempo, perdonarle a Árbenz su renuncia. Esta valoración la empezaron los comunistas, quienes calificaron esa decisión como un serio error de graves consecuencias. Con la izquierda armada (la guerrilla) Árbenz mantuvo una relación distante; y –a lo largo de la guerra civil– estas fuerzas nunca reivindicaron su figura. Para las izquierdas el relato siempre fue “la Revolución de Octubre”, en términos generales.”

“La reconciliación de las izquierdas con Árbenz constituye un cambio relativamente nuevo, que se halla probablemente alrededor de 1995, cuando se da la repatriación de sus restos. En aquel momento, nosotros, que estábamos en organizaciones sociales, nos quedamos sorprendidos al ver cómo muchísima gente, de forma espontánea, al paso del féretro salía a las calles y gritaba: Es que él sí tuvo huevos… no como estos… Y entonces, entendimos que Árbenz era algo más que las autocríticas y los golpes de pecho de los revolucionarios en 1954.”

En otras palabras, parece ser que la búsqueda de un héroe por parte de la izquierda finalmente terminó. Lo encontraron, quizá un poco tarde, en Jacobo Árbenz Guzmán. El hombre que antes despreciaron, difamaron y hostigaron durante su exilio, al descubrir que después de muerto podía serles útil, recientemente lo han elevado a la categoría de héroe. El juicio ético sobre los procedimientos y la conclusión, lo dejo al lector. 

 

SOBRE EL AUTOR
J, Fernando García Molina
      José Fernando García Molina Guatemalteco, 67 años, casado, dos hijos, ingeniero, economista. Tiene una licenciatura en ingeniería eléct
OTROS TÍTULOS DEL MISMO AUTOR:

Ver todos