ENSAYOS >
Título:     Tema:     Autor:    

Mi Esquina Socrática

Ruido populista
Fecha de Publicación: 20/11/2013
Tema: Otros

           Del vacío o, como dicen en los EE.UU. “out of the blue”, me cayó una pedrada. Virgilio Alvarez,  Presidente de la Filial guatemalteca de la Facultad Latinoamericana de Ciencias Sociales (FLACSO), a su turno extensión internacional del Partido Social Demócrata alemán, enderezó contra mi persona una diatriba, aparentemente muy angustiado por mi “amor” al capitán Byron Lima...   Hace dos semanas me previno sobre semejante desvarío de mi parte.

            Como vivimos en un mundo de incoherencias, me permito ante todo aclarar que el único hombre que he amado en mi vida fue mi padre.

            También quiero dejar claro que el “regaño” de don Virgilio me resulta, a mi vez,  el impertinente atrevimiento de un agitador, no de un hombre inteligente. Ni creo necesitar de su permiso para visitar cualquiera institución penitenciaria. 

Sobre el Pavoncito, donde se hallan internados casi un centenar de hombres, sólo se puede externar opinión después de haberlo visitado, no antes y desde lejos. Allí se hallan algunos expatrulleros de la Defensa Civil, todos ancianos,  y ningún guerrillero, ni joven ni viejo.  Evidentemente para mi denunciante es pecado mortal visitar a las víctimas de la angelical URNG y de la no menos beatífica Fiscal General, Claudia Paz y Paz.

            No estoy arrepentido sino todo lo contrario, lo pienso hacer de nuevo. Este nuevo inquisidor de la Santa Madre comunidad marxistoide, supongo, ya debe tener lista la pira para mi merecida cremación. Espero que de ella derive algún calorcito ahora que nos llegan las primeras ráfagas del otoño. Pero, impenitente, quiero facilitarle unos cuantos reproches   más.

            Acusar a tontas y a locas  me parece propio de una adolescencia tardía, lo que por asociación de ideas me recuerda aquel dicho del Presidente de la República francesa, Raymond Poincaré: “El joven que antes de los veinte años no sea agitado por alguna simpatía hacia ideas socialistas, no tiene corazón; y el hombre que más allá de los cuarenta todavía la siente, no tiene cabeza”.      

            Un par de ejemplos: don Virgilio afirma que “en la campaña mediática preparada para justificar el asalto se nos inundó con supuestas informaciones sobre lo ilegal que era el comité de disciplina y todo lo que allí se hacía.  Armando de la Torre y sus alumnos, camaradas y socios aplaudieron efusivos esa acción, pues era, decían, necesario limpiar el país de esas lacras.  Sin ser jueces emitieron su condena y algunos en la euforia hicieron público en este Siglo 21 el destape de sus mejores botellas de vino para celebrarlo.”

            En lo que a mí respecta TODO lo afirmado por Virgilio Alvarez en ese párrafo es falso y patentemente calumnioso.

            Después, añade sobre mi persona: “…da un vuelco a sus formas de entender las cárceles y los que desde dentro de ellas las controlan.  Para el filósofo (elPeriódico 24/10/13) ahora sí deben funcionar los comités de disciplina, dado que el poder lo ejercen, “milagrosamente”, detenidos como Byron Lima, a quien por cierto él y sus discípulos siempre han defendido, justificando no solo su comportamiento, sino el asesinato de Monseñor Gerardi.”

            De nuevo, afirmaciones gratuitas enteramente embusteras y totalmente indignas de un hombre que se pretende “intelectual” y que figura entre las principales personalidades de FLACSO.  Espero de él que públicamente presente alguna prueba de la verdad de cualquiera de sus asertos. De lo contrario, de ahora en adelante no me quedará otra opción que considerarlo un vulgar mentiroso.

            Confiesa: “No sé si su destino, el de la empresa en la que hace docencia, el de sus jefes y subordinados ha sido decidido por extranjeros (noruegos, holandeses o canadienses, “griegos”)…”

            Le aclaro: sí sé que he sido y lo que soy: un hombre LIBRE, que nada de lo por mí logrado debo a los contribuyentes guatemaltecos, mucho menos a los de cualquier otra nacionalidad, que hubiera sido forzados por el Estado a pagar mis estudios.  Tampoco he debido jamás un centavo a los obreros de cualquier país, sobre todo de cuyas organizaciones en el extranjero devenga mi sustento diario.

¿Podría usted afirmar lo mismo de su persona?...

Ironiza también condescendientemente hacia mi persona con la observación: “Claro, la nota no pierde la ternura, pues amorosa y paternalmente construye una imagen idílica del recluso Lima Oliva, a quien imagino estará promoviendo para algún cargo de alta importancia en la institución en que enseña, dadas las virtudes y capacidades que le reconoce.  Es también una evidente proclama antidemocrática, en la que nos amenaza con que “la hora llegará al pueblo verdadero (…) al que honra a Dios y a los ancianos (…) a los que no se involucran en campañas partidarias”.  Tal parece que desde su amplia formación filosófica y teológica aún tenemos que separar a los “temerosos de Dios” de los que no le temen, y muy al estilo talibán, sólo aquellos gozarán de la Guatemala que él imagina y construye.”

Los siento, don Virgilio, la antipatía y el rencor jamás han sido buenos consejeros para nadie, tampoco para usted, tampoco para mí.