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Lectura Recomendada

Guillermo Flores Avendaño: El préstamo personal de Ubico
Fecha de Publicación: 17/11/2013
Tema: Historia

Relacionado con el gobierno de Ubico, recientemente publiqué un artículo titulado Austeridad. En él, anotaba: … ha trascendido que en el primer mes de su gestión Ubico hizo un préstamo personal para cancelar los sueldos atrasados de los empleados públicos. Con la valiosa asistencia de algunos lectores, conseguí identificar un documento que registra y amplía esa información.


Se trata del libro Memorias, páginas 248 y 249, Tomo II, Primera Edición, de Guillermo Flores Avendaño. Flores Avendaño fue el 31º Presidente de Guatemala, entre el 27 de octubre de 1957 y el 2 de marzo de 1958. Ejerció el cargo como Presidente Interino, designado por la Asamblea Constituyente (entregó a Ydígoras Fuentes).

Uno podría pensar que Flores Avendaño fue un admirador de Ubico, pero basta con leer algunas partes de su libro para darse cuenta de que no fue así. En realidad parece que Flores no consiguió desprenderse de la visión romántica hacia el gobierno de Árbenz, su expulsión violenta y la degradación de que fuera objeto, que entonces se había afincado en la población.
Flores Avendaño escribe lo siguiente: Pero, ¿cómo el general Ubico logró mantenerse en el poder durante largos catorce años?... Naturalmente que para ejercer una dictadura tan completa y por tan largo tiempo, son necesarias condiciones personales que lo permitan, y Ubico las poseía en grado superlativo.

…Carlos Samayoa Chinchilla en su interesante libro “El dictador y Yo”, refiriéndose a Ubico, dice: “Corpulento sin llegar a la obesidad, frente abombada, cariaguileño, ojo penetrante y finos labios desdeñosos, su continente estaba lleno de prestancia física. Para su admirable organismo no existían la fatiga ni las distancias. Su etiología es digna de estudio; interiormente era varón complicado y de mucho recurso; mente clara y afirmativa; memoria topográfica de lugares y también de nombres y fisonomías –de esa que finge o da la impresión de interés personal por los subordinados--; espíritu falto de aptitud para las generalizaciones o aprecio del conjunto, cualidad que, según Taine “es signo de espíritu superior”; personalista, sagaz y desconfiado, estructura mental que corresponde justamente a la contextura física del autócrata”.

A pesar de todo, reflexionando acerca de lo que significó para el país el poder omnímodo del general Ubico, he creído que su ascenso a la presidencia de la república fue oportuno, necesario y, en varios aspectos, benéfico a los intereses nacionales.

Bastaría recordar la grave crisis fiscal creada con motivo de la baja del precio del café en el año 1929, cuya consecuencia más lamentable fue el atraso en los sueldos del magisterio y empleados públicos de bajos ingresos, en algunos casos de más de dos años. Ubico, al hacerse cargo de la presidencia, hizo sustancioso recorte en el presupuesto general de gastos de la nación.

Suprimiendo renglones innecesarios y reorganizando servicios administrativos con lo cual obtuvo importante economía; y al poco tiempo obtuvo de uno de los bancos privados el préstamo personal de casi un millón de quetzales destinado al pago de los sueldos atrasados, logrando así devolver al gobierno su perdido prestigio y vitalizar el ánimo decaído de los servidores del Estado.

Era lógico que el pueblo reconociera en él la mano firme, presta a poner en orden la casa, enderezando entuertos y castigando abusos. ¡Ah!, si el general Ubico, después de haber cumplido el período constitucional de seis años para el que fue electo, se hubiera retirado a la vida privada, la historia, haciéndole justicia, lo consagraría como el gran presidente de Guatemala; y quizá, pasado el tiempo, legal de alejamiento del poder, hubiera sido electo para un nuevo período.

Desafortunadamente no fue así, y su espectacular caída, después de ejercer durante 14 años cruel dictadura, probó que los pueblos aman la libertad como el don más preciado que Dios ha dado al hombre, y que, sin su permanente ejercicio, la vida se escapa, embotándose la facultad creadora del ser humano.

Hubo otro acto de Ubico que por sí solo obliga el reconocimiento, del pueblo: lo cito por espíritu de justicia. En 1938, mediante el decreto 995, dispuso la cancelación de las deudas de jornaleros, trabajadores en fincas y haciendas, como cuadrilleros o colonos.

La contratación de brazos para la agricultura empleando “habilitadores” con anticipos a cuenta de jornales, era un sistema que permitía la esclavitud del trabajador y de su familia, ya que los hijos heredaban las deudas de sus progenitores, quienes convencidos de su permanente insolvencia por lo bajo de los salarios, pedían sin medida a cuenta de trabajo. Ello dio lugar a abusos de los intermediarios y autoridades juridiccionales, dando paso al poder omnímodo que ejercía el patrón sobre el trabajador y su familia.

… a pesar de la declaratoria de independencia de España, los sistemas de la colonia se prolongaron en las repúblicas latinoamericanas, primordialmente en la contratación del trabajo agrícola y Guatemala no podía ser una excepción. La intervención del presidente Ubico liberó al país de esa vergüenza, complementándose la independencia.

Se ha querido minimizar la bondad de tal medida por el hecho de que Ubico estableció el llamado “Libreto de Trabajo” creando la obligación para el campesino de hacer 150 jornales al año, sirviendo el libreto para que en él se anotase por el patrono los jornales hechos por el obligado. Ello evitaba la vagancia del trabajador del campo, tan dado a la pereza.

 

Siempre he sido partidario del trabajo obligatorio, pero, para evitar abusos, que tenga como complemento la libre contratación; es decir el hombre debe trabajar en donde le convenga y acomode, pero debe trabajar. En todas nuestras constituciones políticas figura el precepto que dice: “la vagancia es punible” y existe una ley, emitida durante el gobierno del doctor Arévalo, que desarrolla el precepto. Creo que fue un error la supresión del “Libreto de Trabajo”.