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Teorema

¿Quo vadis Justicia?
Fecha de Publicación: 30/10/2013
Tema: Justicia

Ayer, martes 29, la CC falló en contra del recurso de apelación presentado por los acusadores de Ríos Montt. Conforme este acto jurídico, la Sala Primera de Apelaciones deberá recibir el expediente anterior. En este se establece que se violó el derecho de defensa de Efraín Ríos Montt al no haber fundamentado adecuadamente la resolución de no aplicar la amnistía a los delitos ocurridos durante el conflicto armado, según el Decreto ley 8–86.


De ser amnistiado, Ríos Montt quedará libre del proceso que contra él sigue la fiscalía y un sinnúmero de querellantes adhesivos. Unos pocos, de manera oficial. Otros, lo que más, de manera encubierta, incluyendo varias ONG’s y algunas representaciones diplomáticas.


Después de que la semana pasada la CC emitiera la resolución apelada por los acusadores, la polarización social que conocimos en abril pasado se ha vuelto a repetir. Me pregunto: ¿Por qué el caso Ríos Montt causa tal nivel de emociones en la gente de izquierda? ¿Son incapaces de olvidar que el ahora envejecido general fue quien los derrotó en el campo de batalla? ¿Será que aún les duele? ¿Cómo es que personas inteligentes, como lo son la mayoría de ellos, estén dispuestos a sacrificar lo poco que queda del raquítico Estado de Derecho en Guatemala y siguen forzando una sentencia condenatoria?


Quiero disculparme con el lector de estas líneas por aclarar mi postura personal en este asunto pero pienso que hacerlo es lo más honrado: Analizo la actuación pública de Ríos Montt en dos períodos principales. El primero, cuando asume la jefatura del Estado en 1982 y es obligado a renunciar 16 meses y medio después.


En ese corto tiempo, al mando del Ejército Nacional, actuando dentro de la ley, evitó que la guerrilla tomara el poder y sometiera a nuestro país a un régimen que posiblemente habría seguido los pasos del de Daniel Ortega en Nicaragua. Además, al evitar que cayera Guatemala, también se evitó que sucediera lo mismo en El Salvador y quizá en Honduras.


Aquel fue un golpe mortal para el sector más violento de la izquierda. Adicionalmente, el golpe de Estado en contra del régimen de Romeo Lucas nos libró de sus altísimos niveles de corrupción, mismos que amenazaban extenderse a través de Aníbal Guevara. CELGUSA, DAG, el Canal Seco, que ya entonces se planteaba y otros muchos robos con disfraz de proyectos brindan testimonio inobjetable de lo anterior.


Me congratulo por esa época de Ríos Montt y guardo agradecimiento hacia él por lo que entonces hizo. Empero, reconozco que muchas personas, incluso aquellas con quienes comparto ideas, visiones y preocupaciones por el futuro de nuestro país, llegaron a detestarlo. Los medios se le tiraron encima y la opinión pública se volteó en contra suya. Mejía Víctores, cuyo liderazgo y habilidades administrativas siempre fueron modestas, terminó con un perfil más alto que el de Ríos Montt.


El segundo período se inicia en el año 2000 y tiene 4 años de duración. Durante los primeros tres años y pico, Ríos Montt es Presidente del Congreso de la República. En el cuarto es candidato presidencial. Hizo una mala presidencia del legislativo, un hijo suyo fue ascendido prematuramente y sin mayor mérito a general y termina de millonario. Además, junto con otros 7 militares, se le involucra en la sustracción de Q 471 millones.


Ya en la etapa de candidato, Ríos resulta involucrado en el así llamado “Jueves Negro” a fines de julio de 2003. En la votación queda en tercer lugar, con 19% de sufragios. No guardo ningún aprecio hacia él durante esta etapa y siempre condené las acciones del gobierno de Portillo y del FRG. Es como si una mano hubiera borrado lo que hizo la otra.


En enero de 2012 Ríos Montt se presentó voluntariamente a los tribunales para responder por cualquier persecución penal en su contra. Entonces, recién había concluido su gestión como diputado en el Congreso, gestión pobre, intrascendente y absolutamente marginal que le generaba poca simpatía popular. Si había alguna consideración hacia él, esta se debía a su avanzada edad (más de 85 años entonces, 87 ahora).


Este año (abril de 2013), Ríos Montt vuelve a estar en el centro de la vida política del país cuando es sometido a juicio bajo los cargos de Genocidio y Crímenes de lesa Humanidad. Según la acusación de la fiscalía, los crímenes imputados habrían sido cometidos en contra de la población Ixil, durante los 16 meses que fue Jefe de Estado (1982 y 1983). El Tribunal lo declaró culpable y sentenció a 80 años de prisión inconmutables. La condena fue revocada por la CC ante evidentes irregularidades en el proceso (ver: http://www.opinionpi.com/detalle_articulo.php?id=50).


Sobre el juicio y fallo condenatorio que contra él se dio el 10 de mayo pasado, tengo dos comentarios. En primer lugar rechazo a fondo la condena por genocidio. El genocidio es un crimen de Estado. Una condena así se extiende a todos y cada uno de los guatemaltecos, a nuestros hijos y nietos y los descendientes de estos durante quien sabe cuántas generaciones. A la fecha solo los estados de Etiopía, Ruanda y Bosnia y Herzegovina han recibido una sentencia así.


No se necesita ser un experto en historia para conocer algo sobre los extremos a que se llegó en esos países. Lo acontecido en Guatemala siempre nunca tuvo esa dimensión (la película Hotel Rwanda presenta una escalofriante reseña de lo sucedido en aquel país). Estoy absolutamente convencido de que no merecemos tal estigmatización. Además, nunca estuvimos representados en ese juicio ni tuvimos oportunidad alguna para defendernos. Que Guatemala, el país que muchos amamos, sea condenada por un crimen de esa dimensión, es algo que nadie debería estar dispuestos a aceptar, menos aún con la frivolidad que gran parte de militantes de izquierda lo hicieron y festejaron.


En sus declaraciones triunfales, después de dar a conocer su veredicto, la juez Barrios dijo que el presidente de la república debía, en su condición de representante de la nación, pedir perdón al pueblo Ixil por los crímenes cometidos. No dijo que fuera Ríos Montt sino Pérez Molina a quien correspondía pedir perdón. También habló del resarcimiento económico que con fondos públicos (provenientes de todos los contribuyentes) debía darse a las víctimas Ixiles.


Mi segundo comentario es hacia la falta de un juicio justo, a la carencia de un juez imparcial. Porque la juez Barrios en ningún momento lo fue. El día anterior al veredicto, Ríos Montt pronuncio un magnífico discurso donde quedó expuso sus atributos de dignidad humana, mismos que carecen de parangón en los políticos actuales. Ni en YouTube ni en otro sitio de la red existe copia de ese discurso ¿Por qué? Cuando con mucho, esa apología superó ampliamente cualquier arenga previa en ese tribunal. La juez limitó el tiempo de su exposición a 51 minutos. Le prohibió hacer uso de notas, conminándolo a que solo dijera lo que recordaba de memoria. De memoria, en algo tan trascendente para él… y con ¡87 años encima!


En la parte central de su alocución dijo: Me declaro inocente, nunca he tenido la intención, el propósito de destruir a ninguna etnia nacional. Mi situación de Jefe de Estado fue específicamente retomar el rumbo de la nación, Guatemala estaba en el fracaso y la guerrilla en las puertas del Palacio


Yo creo que lo que dice esa declaración de inocencia es verdad. Pero lo que yo crea poco importa. Lo importante es la Justicia (así, con mayúscula). Que si va a ser amnistiado lo sea pronto. Y si no, que su juicio se inicie a la mayor brevedad posible, bajo la conducción de un juez justo. Y que, si se insiste en el cargo de genocidio, que el Estado sea dignamente representado. Pero debe ser pronto. No hay prisa, pero sí urgencia. Es que junto al militar, la Justicia estará siendo juzgada.

SOBRE EL AUTOR
J, Fernando García Molina
      José Fernando García Molina Guatemalteco, 73 años, casado, dos hijos, ingeniero, economista. Tiene una licenciatura en ingeniería el&eacu
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