ENSAYOS >
Título:     Tema:     Autor:    

Teorema

Corte del servicio
Fecha de Publicación: 06/10/2013
Tema: Energía

 

Conocí al propietario de una finca de 3 caballerías en la Costa Sur, en el Municipio de San José el Ídolo, Suchitepéquez. En la finca, cultivaba café, cacao y otros productos. Además tenía un pequeño hato de reses de engorde. Él y su familia vivían en la finca.


La propiedad la atravesaban dos ríos de bajo caudal, el río Chegüez y el río Palo Gordo, que más adelante se unían para desembocar en el Nahualate. El terreno, con una pendiente suave, de 3%, mantenía las aguas con muy poca corriente.


A mediados del siglo pasado, los programas de electricidad rural no existían. Así que la finca carecía de servicio eléctrico. El interés del finquero por contar con ese servicio se había despertado con el inicio de la televisión en Guatemala y acentuado cuando a fines de los años 60 una red de micro ondas llevó la TV a esos sectores.


La energía le serviría en la plantación, para riego, fumigación y para secar los granos. En el área de vivienda, para sacar agua del pozo, refrigeración, cambiar las linternas, los quinqués, candiles y velas de la ranchería, que tenía unas 20 casas, por bombillos.


Llevaba casi 15 años acariciando su proyecto. Requeriría una pequeña presa, la que inundaría una parte de su propiedad. Necesitaría una costosa línea de transmisión. Había leído mucho sobre el tema y visitado todas las instalaciones a su alcance para entender la magnitud del problema que estaría enfrentando. La dificultad más grande era el monto de la inversión.


Nunca pudo hacerlo. Lo alcanzó el tiempo. Ya envejecido, entendió que no valía la pena tanto esfuerzo para los pocos años que le quedaban. Pero siguió hablando de su hidroeléctrica, decía que hubiera podido generar entre 0.3 y 0.4 MW. Murió hace ya varios años con la frustración de no haberla podido hacer. Pienso que si se hubiera enterado de la oposición de los pobladores de Santa Cruz Barillas a que una haga todo ese trabajo que no pudo siquiera iniciar, simplemente no habría podido comprenderlo.


Él nunca quiso tener una planta generadora y saberse propietario. Su interés era simplemente contar con energía eléctrica y las ventajas que su uso conlleva. Pero a diferencia de quienes viven en una ciudad, que solo deben llenar una solicitud, él debía hacerlo todo o irse a vivir a una ciudad. Soñaba, por ejemplo, con presionar un botón y ver un partido de fútbol.


Seguramente pensaría, como pienso yo, que los pobladores de Santa Cruz Barillas ignora lo que significa carecer de esa comodidad. Tal vez no entienden que todas las comodidades que ofrece la vida moderna a través de la tecnología, dependen de la electricidad. Sin ella, uno se queda al margen de los beneficios de la vida actual. Solo le quedan los costos: muchedumbre, tráfico, peligrosidad, inseguridad, precios más altos, pobreza…


Algunos, porque la han tenido siempre, porque desde cuando nacieron solo se trató de presionar un botón para iluminarse o tener acceso a diversas formas de entretenimiento. Sin energía eléctrica no hay Internet ni donde cargar los teléfonos celulares. Hay que vivir con el horario del sol. Otros, cada vez menos, porque no la han tenido jamás y son incapaces de imaginar su significado.


Ah ¡Si supieran lo que significa vivir sin electricidad! ¿Mantendrían acaso esa postura intransigente que ha llegado a ser criminal? ¿No experimentarían el sueño de contar con energía eléctrica como lo soñó el hombre de mi relato, durante tantos años? Pero… ¿no deberían saberlo, experimentarlo en su vida diaria?


¿Qué sucedería si se suspendiera el servicio de energía eléctrica a los pobladores de Santa Cruz Barillas y a todas aquellas poblaciones que se oponen a la instalación de una planta de generación en su territorio? ¿Acaso no serían ellos mismos, ahora que la legislación lo permite, quienes buscaran al inversionista que hoy rechazan violentamente? Tal vez algunos de los opositores auténticos (no aquellos que los manipulan) se convertirían en empresarios del Sector Eléctrico.


¿Que están preocupados por daños al medio ambiente? ¿Por una planta de sólo 7 MW? ¿Acaso ignoran que la represa hidroeléctrica de Itaipú inunda un área de 1,400 Km2, para alimentar 20 turbinas de 700 MW cada una (14,000 MW en total)? ¿Nadie les ha contado que la presa de Las tres Gargantas, situada en el curso del río Yangtsé en China (la planta hidroeléctrica más grande del mundo) tiene capacidad para generar 22,500 MW, esto es, 3 mil veces más que la de Barillas?


Claro que el costo económico, social y medioambiental de Las tres gargantas fue muy grande, eso es innegable. Construirla tomó 19 años durante los cuales se invirtió cerca de $25 millardos. El costo del acero de construcción se elevó en todo el mundo por la demanda que creó esta construcción. La obra sumergió 19 ciudades y 322 pueblos siendo necesario realojar a cerca de dos millones de personas en nuevos barrios construidos en la ciudad de Chongqing.


Entierros ancestrales, tumbas aristocráticas y obras de las dinastías Ming y Qing, quedaron bajo el agua. El baiji o delfín chino, una especie que habitaba en el río Yangtzé que tenía décadas de estar en peligro de extinción, fue declarado oficialmente extinto. Nadie fue feliz ni por este ni por otros daños al ambiente causados con la construcción pero casi todos terminaron comprendiendo que construir Las tres Gargantas era necesario.


Creo que es irresponsable y sumamente egoísta e injusto que una población, cualquiera que sea, se oponga a que se construya una hidroeléctrica en su territorio. No puede decir simplemente: ¡Que la construyan en otro sitio! Porque eso equivale a decir que el costo de la contaminación debe ser trasladado a los habitantes del otro sitio y ellos solo toman el beneficio de la electricidad generada.


Creo que si una población se opone a la construcción de una hidroeléctrica en su territorio, sus habitantes deben incurrir en el costo de vivir sin la electricidad que provee el Sistema Nacional Interconectado. El servicio de energía debe cortarse a toda la población. Que se les vuelva a conectar el servicio hasta que la misma sociedad del lugar solicite que se reanude (o inicie) la construcción.

SOBRE EL AUTOR
J, Fernando García Molina
      José Fernando García Molina Guatemalteco, 67 años, casado, dos hijos, ingeniero, economista. Tiene una licenciatura en ingeniería eléct
OTROS TÍTULOS DEL MISMO AUTOR:

Ver todos