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Teorema

Carta a Iván Velásquez
Fecha de Publicación: 02/10/2013
Tema: Justicia

 

Su señoría,

Espero que, a diferencia de sus antecesores, usted pueda hacerse digno acreedor de tan respetuoso título y trato correspondiente. Pero tengo dudas, las condiciones dentro de las cuales llega a Guatemala no le son favorables. Sus antecesores, los señores Castresana y Dall’Anese se encargaron de que usted no sea recibido con el respeto, simpatía y actitud favorable que su condición debiera merecer.


Me temo que ni siquiera podrá disfrutar de la tradicional cortesía y buen trato con que los guatemaltecos acostumbramos bien venir a nuestros visitantes. En el mejor de los casos usted será recibido, por ciudadanos independientes, con fría cortesía. Aunque nos esforcemos, no alcanzaremos a ocultar el recelo, la suspicacia y desconfianza que causa su llegada.


Es una situación que, aunque tiene que ver con usted, no es estrictamente personal, se refiere al cargo que viene a asumir en la CICIG, institución que causa desconfianza en un amplio sector de la población. Además, los más conspicuos periodistas locales han investigado con acuciosidad extrema cuanto han podido encontrar sobre usted, su carrera, su personalidad, ideología, creencias… Y nos han contado los resultados de esa investigación.


Por ellos sabemos, por ejemplo, que si usted juzga una disputa legal entre un guerrillero y un militar, su fallo tendrá cierta inclinación a favor del subversivo. Si la querella sucede entre un hombre identificado con la izquierda y otro con la derecha, que usted favorecerá al izquierdista. Si el litigio se da entre un hombre pobre y otro rico, usted tendrá sesgo a favor del pobre. En otras palabras, que su fallo carece de la ecuanimidad que su condición debería exigir.


Méndez Vides, un prestigioso periodista de opinión escribió recientemente que más que de Comisionado, usted tendría tareas de enterrador. Ojalá el periodista haya acertado. Porque si en vez de enterrarla, usted pretendiera revivir a la CICIG, será como ponerle otra cabeza a Frankestein y esperar que deje de ser un monstruo. Si así fuera, usted muy probablemente dejaría el cargo bajo condiciones semejantes a las de su antecesor.


Saldría en silencio, por la puerta de atrás, cargado de ignominia, jurando no regresar jamás. Llevaría en su maleta, junto a sus pertenencias, deshonor, descrédito, deshonra, mancha… Acaso pensaría que los generosos honorarios de la ONU no habían valido la pena. Que las comodidades que pudiera adquirir no serían mayores que el prestigio perdido. En suma, se iría de manera semejante a como lo hicieron sus antecesores, los señores Castresana y Dall’Anese.


Pero no todos le recibirán tan mal como esta carta anticipa. Están los funcionarios de la CICIG quienes tratarían de mantener sus posiciones y aún mejorarlas con el relevo. Ellos se convertirán inmediatamente en aduladores suyos. Algunos de manera sofisticada y elegante, otros –acaso los que más– serán torpes, burdos, ordinarios, directos.


También recibirá halagos y adulaciones de las ONG’s que operan alrededor del sector justicia, que son muchas y con numerosos años de operar en Guatemala. Tal vez se pregunte por qué, tantas personas, tantos recursos y tanto tiempo, han conseguido tan poco. Quizá se le ocurra pensar que el verdadero interés de ellos no es la superación de la justicia sino seguir viviendo de ella. Si así fuera, no solo habrá acertado sino también podrá ubicar perfectamente a esos interlocutores y otorgar la debida credibilidad a lo que le digan.


La fiscalía seguirá siendo su aliado natural, buscará convencerlo de que todo está bien, dirá que Dall’Anese, condiscípulo de la señora fiscal, fue un hombre correcto, un funcionario cabal… No creo que haya nadie tan bellaco como para llamarle Paladín de la justicia o algo así, pero sí encubrirán sus prácticas de soborno a testigos, de creación de testimonios y montaje de evidencia falsa.


Más de una vez oirá decir que desde que comenzó a trabajar esa Comisión, la impunidad en Guatemala se redujo de 93 % a 70 %, como lo afirmó hace solo 6 semanas el señor Dall"Anese en rueda de prensa. En otras palabras, que gracias a la CICIG, la impunidad se redujo 24.7% en Guatemala. No lo crea. Desconfíe también de una serie de frases vacías (sin evidencia que las sustente) que escuchará, pronunciadas por su antecesor, como las siguientes:

La CICIG continuará consolidando sus significativos progresos en apoyo de las instituciones judiciales guatemaltecas y el fortalecimiento del estado de derecho.

La CICIG es un cuerpo independiente" que ha desarrollado "un papel importante en la lucha contra la corrupción y la impunidad en Guatemala.

¿Verdad que suenan huecas?


Es harto conocido que la gente más sencilla está dispuesta a todo por ir a trabajar a los EEUU. Se endeudan ellos y sus familias, venden lo que puedan tener, se exponen a la muerte en México, se trepan un muro, atraviesan un desierto… todo para llegar a California ¿Cómo no va a aceptar uno de ellos testificar lo que le pidan que testifique, a cambio de la promesa de enviarlo a Estados Unidos con un trabajo y otra identidad? ¿Hay mayor indignidad que utilizar de esa manera la necesidad y los sueños de las personas?


El mes pasado, la prensa, principalmente la prensa escrita dio un giro de 180 grados, al pasar de una postura de denuncia y exigir justicia, a otra que habla de las virtudes de la CICIG. Uno diría que los linotipos están ahora bien aceitados, que no crujen más. Hay que hacer una justa excepción con el periodismo de opinión, que mantiene incólume su posición y su objetividad. Supongo que usted podrá averiguar cuánto costó a la CICIG tal viraje.


Las Naciones Unidas y la Comunidad Internacional financian a la CICIG. Nuestros funcionarios se sienten obligados a adularlo, las ONG’s del sector se desvivirán por estrechar su mano. Los periodistas de opinión, los funcionarios del Organismo Judicial y de la Corte de Constitucionalidad, encontrarán incómoda su presencia. ¿Se puede decir que todo lo malo es cierto y lo bueno falso? ¿Cómo distinguir entre uno y otro?


Le sugiero leer los comentarios a los artículos de opinión cuando el tema tenía que ver con la CICIG. Supongo que podrá considerarlos como una expresión social espontánea. Sería muy difícil dudar de la autenticidad de tales comentarios. Vea las entrevistas en la radio y los telenoticieros, escuche los programas radiales de teléfono abierto. Es la opinión de la gente, del pueblo, de aquellos con quienes usted parece identificarse mejor.

 


Esa será una buena referencia, acaso la mejor.

SOBRE EL AUTOR
J, Fernando García Molina
      José Fernando García Molina Guatemalteco, 67 años, casado, dos hijos, ingeniero, economista. Tiene una licenciatura en ingeniería eléct
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